La Iglesia de la Calentología. El libro que cambiará tu idea sobre el cambio climático

Si establecemos un paradigma fundamentado en premisas falsas hallaremos problemas inexistentes para los que aplicaremos soluciones inútiles, costosas, innecesarias y perjudiciales.

En el párrafo anterior se condensa mi opinión sobre la histeria carbónica que impregna todos los ámbitos de nuestra sociedad. En este libro voy a diseccionar y a echar por tierra el paradigma de la emergencia climática, las premisas que lo sustentan, las soluciones que proponen (para un problema mal planteado), y a demostrar de una forma coherente, a la vez que sarcástica, por qué dicho paradigma está más próximo a la magia chamánica o al dogma religioso que al rigor científico. 

La Iglesia de la Calentología es el nombre que doy a todo cuanto orbita alrededor de esa atosigante emergencia climática de la que nuestros amos no se cansan de hablar.

El pavoroso concepto de emergencia climática, lo que antes se llamaba calentamiento global y aún antes cambio climático –se ve que estos términos no daban suficiente miedo–, está acuñado con el propósito de aterrorizar a la población e infundir desesperanza. Una población acojonada conforma una sociedad embotada, pusilánime, obediente y con la capacidad de raciocinio muy mermada. Nada hay más excitante para cualquier aspirante a tirano que una sociedad predispuesta a la obediencia a través del temor.

Las sociedades atenazadas por el miedo inducido a algo, sea ese algo un virus o el Pueblo hebreo, son presas fáciles de hechiceros, salva-patrias o charlatanes egoístas. Esas sociedades están más dispuestas a hacer cosas absurdas o brutales, casi siempre ilógicas, como inocularse pócimas experimentales (“Plandemia”) o gasear judíos (Holocausto). Creo que se me entiende bien.

El paradigma, enunciado en forma de dogma, de la Iglesia de la Calentología reza así:

– El cambio climático, devenido en emergencia climática, es debido mayoritariamente a la acción de la Humanidad y por lo tanto todos somos culpables (más aún si no obedecemos a la “ciencia”) en una medida u otra de abocar al planeta a un apocalipsis –

La principal premisa que cimenta este paradigma es:

– El CO2 antropogénico (emitido como consecuencia de la actividad humana) es la principal palanca que mueve el mecanismo por el cual la Tierra se está calentando, lo cual es malo.   –

Como cualquier religión o secta dirigida por una curia sacerdotal, el culto calentológico establece pecados o faltas contra la fe verdadera. Para la Iglesia de la Calentología, cuyo principal demonio es el CO2, los pecados son de índole carbónico. Estos pecados carbonatados se adosan al alma de los humanos impíos en forma de un saldo contable llamado “huella carbónica”. Cuanto mayor es ese saldo más debemos esforzarnos por “compensar” nuestros pecados llevando a cabo rituales de sostenibilidad expiatoria como comprar un coche de cero emisiones, adquirir derechos de emisión o comer menos carne, de esa que sale de las vacas pecaminosas que se tiran pedos metánicos con obstinación.

Valga todo lo anterior para dejar esbozado el modelo de negocio de la Iglesia de la Calentología. Ahora toca ir examinando y desarmando este culto Calentológico. Despiezaremos el dogma-paradigma, los problemas en forma de profecías, las premisas y las soluciones, o recetas que nos son prescritas en forma de penitencia ritual por el Santo Oficio Calentólogo.

A lo largo de este libro también ubicaremos al culto calentológico dentro de una superestructura –el Estado corporatista-fascista–, de la que otras iglesias dogmáticas (*) son también parte y herramientas, enfocada en el sometimiento del individuo mediante la sustracción de derechos y amparándose en un supuesto “bien común”.

Como cualquier religión o secta dirigida por una curia sacerdotal, el culto calentológico establece pecados o faltas contra la fe verdadera. Para la Iglesia de la Calentología, cuyo principal demonio es el CO2, los pecados son de índole carbónico. Estos pecados carbonatados se adosan al alma de los humanos impíos en forma de un saldo contable llamado “huella carbónica”

Vamos pues a ello.

(*) La Iglesia de la Calentología es uno de los principales cultos, mas no es el único. Sectas como La Iglesia del Santo Arcoíris de los Infinitos Géneros y otras “adoraciones” que iremos viendo, son también instrumentos de control y de saqueo de libertades y derechos en aras del “bien común”.  

Para adentrarnos en las profundidades avernales de la devoción calentóloga sin perdernos, es preciso estar al tanto de la jerga que el clero y la grey de este culto emplean.

Pondré un ejemplo. Antes decía que uno de los rituales más celebrados para limpiar la huella carbónica es la adquisición de un vehículo “cero emisiones”. El término cero emisiones es una de esas expresiones tan falsas como frecuentemente empleadas por la IdC (así denominaré al culto de la Iglesia de la Calentología para abreviar de aquí en adelante). Decir que un vehículo es cero emisiones tiene el mismo sentido y propósito que llamar inodoro al cagadero o salud reproductiva a abortar. Se trata de que el término suene bien por más falso que este sea.

Nada es cero emisiones, simplemente eso no existe. Podríamos empezar a estar de acuerdo si habláramos de vehículos de “cero emisiones a partir de que lo compras en el concesionario y hasta que tienes que comprarte otra pila de litio”. La cantidad de emisiones de CO2, y de muchas más cosas, que se producen durante la extracción del litio para las baterías eléctricas, hace que hasta el Prius más modesto llegue al concesionario con el equivalente en emisiones de CO2 a conducir 2 o 3 años un coche con motor de combustión. El Tesla más “sostenible” sin salir del garaje ya ha “emitido” CO2 como un Mustang de 12 cilindros derrapando un año por la carretera.

Eso en cuanto a CO2; si añadimos el coste medioambiental y el impacto devastador en la salud humana originados por los procesos de extracción de las tierras raras que se emplean en los motores eléctricos, lo de “cero emisiones” suena a broma macabra.

¿Quieres seguir leyendo?