domingo, febrero 5, 2023
InicioOpiniónLibertad de Expresión. La lección de Rowan Atkinson

Libertad de Expresión. La lección de Rowan Atkinson

Rowan Atkinson (Mr. Bean) es un genio capaz de demostrar algo que parecería imposible: su calidad como persona supera a su enorme talento

“El problema claro con la proscripción del insulto es que demasiadas cosas pueden interpretarse como tal”

Traigo aquí la traducción del discurso dado por Rowan Atkinson originalmente filmado en 2012 como parte de la campaña Reform Section 5. Este apartado de la Ley de Orden Público británica que establece que queda al criterio de los agentes de policía determinar lo que es una conducta ofensiva:

“Conducta ofensiva” significa aquella conducta que el agente de policía sospecha razonablemente que constituye un delito bajo esta sección

Según dictamina esta ley “una persona culpable de un delito en virtud de esta sección está sujeta en sentencia sumaria a una multa que no exceda el nivel 3 en la escala estándar”.

En conclusión, si un agente cree que fuiste ofensivo, por lo que sea, te pueden cascar 1.000 libras de multa.

Aquí el discurso traducido (y el vídeo entremedias del mismo):

“Mi punto de partida cuando se trata de la consideración de cualquier tema relacionado con la libertad de expresión es mi apasionada convicción de que lo segundo más preciado en la vida es el derecho a expresarse libremente.

El bien más preciado creo que es poder llevarte comida a la boca y el tercero más preciado es un techo sobre tu cabeza.

Pero en el puesto número 2 para mí está la libre expresión, justo debajo de la necesidad de sustentar la vida misma. Eso es porque yo he disfrutado de la libertad de expresión en este país durante toda mi vida profesional y espero seguir haciéndolo.

Personalmente es muy poco probable que me arresten por las leyes que existen para contener la libertad de expresión. Ello es debido a la posición indudablemente privilegiada que se otorga a aquellos con un alto perfil público.

Mis preocupaciones son menos sobre mí y más acerca de los más vulnerables por su bajo perfil. Como el hombre arrestado en Oxford por llamar gay a un caballo de la policía. O el adolescente arrestado por llamar culto a la Iglesia de la Cienciología

O el dueño del café arrestado por mostrar pasajes de la biblia en una pantalla de televisión.

Cuando me enteré de algunos de estos ridículos delitos y cargos, recordé que yo había estado representando eso mismo antes en un contexto ficticio.

Hace algunos años en un programa llamado Not the Nine O’Clock News (No son las noticias de las 9), hice un sketch en el que Griff Rhys-Jones interpretaba al Agente Savage, un oficial de policía manifiestamente racista a quien yo, como su comandante de comisaría, le daba una reprimenda por arrestar a un hombre negro por toda una serie de cargos ridículos, falsos y absurdos. Los cargos por los que el agente Savage arrestó al Sr. Winston Kodogo de 55 Mercer Road fueron estos:

‘Caminar sobre las grietas del pavimento’.

‘Caminar con una camisa llamativa en un área urbanizada durante las horas de oscuridad’, y uno de mis favoritos,  ‘Caminar por todos lados’.

También fue arrestado por ‘Orinar en un lugar público apropiado’ y ‘Mirarme de manera divertida’.

Quién hubiera pensado que terminaríamos con una ley que permitiría que la vida imitara al arte con tanta exactitud.

He leído en alguna parte a un defensor del statu quo que afirmaba que el hecho de que el caso del caballo gay se abandonara después de que el hombre arrestado se negara a pagar la multa y que el caso de Cienciología también se abandonara en algún punto durante el proceso judicial, fue la prueba de que la ley funcionaba bien, ignorando el hecho de que la única razón de que ambos casos se abandonaran fue la publicidad que habían atraído.

La Policía intuyó que el ridículo estaba a la vuelta de la esquina y retiró sus acciones. Pero ¿qué pasa con los miles de otros casos que no gozaron del oxígeno de la publicidad? Aquellos que no fueron lo suficientemente ridículos como para atraer la atención de los medios.

Incluso por aquellas acciones que fueron retiradas, las personas fueron arrestadas, interrogadas, llevadas a los tribunales y luego liberadas. Eso no es una ley que funcione correctamente: eso es censura y de la más intimidante.

Estas arbitrariedades, como dice Lord Dear, garantizan un “efecto escalofriante” en la libre expresión y la libre protesta.

La Comisión Mixta de Derechos Humanos del Parlamento resumió, como sabrán, muy bien todo este asunto diciendo: “Si bien arrestar a un manifestante por usar un discurso amenazante o abusivo puede, dependiendo de las circunstancias, ser una respuesta proporcionada, no pensamos que el lenguaje o el comportamiento que constituye meramente insultos pueda nunca ser criminalizado de esta manera”.

El problema claro con la proscripción del insulto es que demasiadas cosas pueden interpretarse como tal. La crítica se interpreta fácilmente como un insulto por parte de cierta gente.

El ridículo se interpreta fácilmente como un insulto. El sarcasmo, la comparación desfavorable, o simplemente indicar una alternativa al punto de vista de la ortodoxia puede interpretarse como un insulto.

Y dado que tantas cosas pueden ser interpretadas como un insulto, no es de extrañar que tantas cosas hayan sido vistas como tales, como los ejemplos de los que hablé antes.

Aunque la ley en discusión ha estado vigente más de 25 años, es indicativa de una cultura que se ha apoderado de los programas de los sucesivos gobiernos que, con la razonable y bienintencionada ambición de contener elementos odiosos en la sociedad, ha creado una sociedad de una naturaleza extraordinariamente autoritaria y controladora.

Es lo que podríamos llamar La Nueva Intolerancia, un nuevo pero intenso deseo de amordazar las incómodas voces de la disidencia.

‘No soy intolerante’, dicen muchas personas;  gente que se dicen de mentalidad liberal, altamente educadas y de voz suave: “Solo soy intolerante con la intolerancia”.

Y la gente tiende a asentir sabiamente y decir ‘Oh, sabias palabras, sabias palabras’ y, sin embargo, si piensas más de cinco segundos en esta supuestamente irrebatible declaración, te das cuenta de que todo lo que se está defendiendo es el reemplazo de un tipo de intolerancia por otro. Lo cual para mí no representa ningún tipo de progreso en absoluto.

Los prejuicios, las injusticias o los resentimientos subyacentes no se abordan arrestando a las personas: se abordan cuando los asuntos se ventilan, se argumentan y se tratan, preferentemente fuera del proceso judicial.

Para mí, la mejor manera de aumentar la resistencia de la sociedad al discurso insultante u ofensivo es permitir mucho más del mismo. Como ocurre con las enfermedades infantiles, puedes resistir mejor a los gérmenes a los que has estado expuesto.

Necesitamos construir nuestra inmunidad para ofendernos, para que podamos tratar los problemas que la crítica justificada perfectamente puede suscitar. Nuestra prioridad debe ser tratar con el mensaje, no con el mensajero.

Como dijo el presidente Obama en un discurso ante las Naciones Unidas hace apenas un mes:

“Esfuerzos loables para restringir el discurso puede convertirse en una herramienta para silenciar a los críticos u oprimir a las minorías. El arma más poderosa contra el discurso del odio no es la represión, es más discurso’.

Y esa es la esencia de mi tesis, más discurso. Si queremos una sociedad robusta, necesitamos un diálogo más robusto y eso debe incluir el derecho a insultar o a ofender. Y como como dice Lord Dear, la libertad de ser inofensivo no es libertad en absoluto.

La derogación de esta palabra (insulto) en esta cláusula será solo un pequeño paso, pero espero que sea un paso crítico en lo que debería ser un proyecto a más largo plazo para hacer una pausa y rebobinar lentamente esta creciente cultura de la censura.

Es una pequeña escaramuza en la batalla, en mi opinión, para hacer frente a lo que Sir Salman Rushdie se refiere como la “industria del ultraje”- en la que unos autoproclamados árbitros defensores del bien público, alientan la indignación que es a su vez avivada por los medios y como resultado hace que la policía se sienta bajo una terrible presión urgida a reaccionar.  

Un periódico llama a Scotland Yard: ‘Alguien ha dicho algo ligeramente insultante en Twitter sobre alguien a quien consideramos un tesoro nacional. ¿Qué vas a hacer al respecto?’ Y la policía entra en pánico y se aferra al salvavida más inapropiado de todos; la Sección 5 de la Ley de Orden Público, esa cosa que permite arrestar a cualquiera por decir cualquier cosa que pueda ser interpretada por cualquier otra persona como un insulto.

Ya se sabe, no parecen necesitar una víctima real, solo necesitan juzgar que alguien podría haber sido ofendido si hubiera oído o leído lo que alguien ha dicho. El grado de liberticidio más ridículo.

Las tormentas que rodean los comentarios en Twitter y Facebook han planteado algunas cuestiones fascinantes sobre la libertad de expresión sobre las que no hemo llegado aún a un acuerdo. En primer lugar, todos tenemos que responsabilizarnos de lo que decimos, que es una buena lección para aprender. Pero, en segundo lugar, hemos aprendido lo terriblemente irritable e intolerante que ha sido la sociedad ante incluso el más leve comentario adverso.

La ley no debería ser cómplice de esta nueva intolerancia. La libertad de expresión sufrirá si la ley nos impide hacer frente a sus consecuencias. Les ofrezco mi apoyo incondicional a la Campaña para la Reforma de la Sección 5. Muchas gracias.

Síguenos en nuestro Canal de Telegram

La mejor manera de enterarte de las iniciativas que desde Freenoticias vamos a ir impulsando. Conferencias, debates, nuevos colaboradores, convocatorias. Esto solo ha empezado y este medio libertario va a por todas.

Homo Correctensis. El primer libro de Freenoticias

Un libro que desintegra, fulmina y aplasta todos los iconos y los dogmas de la fe correctensis, empleando cosas absolutamente fachas como el sarcasmo, el humor y los datos. No hay misericordia ni respeto en las páginas de Homo Correctensis, sino un análisis brutalmente directo y sin concesiones, repleto de argumentos, información contrastada y un humor desinfectante.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies