viernes, diciembre 2, 2022
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Calzoncillos, Paul Pelosi, un martillo, medios conspiranoicos y el razonamiento deductivo

Seguramente saldremos de dudas cuando el juicio se celebre y podamos enterarnos de lo que ahora se oculta, pero para entonces el tema estará informativamente casi amortizado y el rédito político ya ha sido canjeado en la elecciones

A Paul Pelosi, el marido de la segunda persona en la línea de sucesión de la Presidencia de EE.UU. le ataca de madrugada un inmigrante ilegal, drogadicto y nudista, en su residencia de San Francisco. Es un ataque político, no se admiten más preguntas.

Según el relato oficial, el santificado por los guardianes de la ortodoxia progremonguer, un canadiense de 42 años, David de Pappe (o Depappe o de Pappe que de varias formas lo he visto escrito), se las arregló para colarse, de madrugada (quizá en calzoncillos), en el domicilio de Nancy Pelosi, la Speaker of the House (presidente del Congreso). De Pappe se enzarzó en una discusión con el marido de Nancy en la que el primero le preguntaba al segundo ¿dónde está Nancy? El cónyuge de la Speaker se las apañó para llamar a la policía desde un cuarto de baño y tres agentes acudieron en 8 minutos.

Según POLITICO (un destacado medio progre) Paul Pelosi le dijo a su atacante que necesitaba ir al baño y David de Pappe accedió amablemente (puestos a ser atacados en casa ¿quién no querría tener un criminal tan considerado?). Pelosi afortunadamente tenía su teléfono cargando en el baño (el lugar habitual para tener el móvil enchufado a las 2 y media de la madrugada).

Según la CNN un agente del FBI en una declaración jurada atestiguó que cuando Paul estaba en el baño llamando a la policía“Pelosi dijo palabras en el sentido de que hay un hombre en la casa y que el hombre va a esperar a la esposa de Pelosi. Pelosi transmitió además que no sabe quién es el hombre. El hombre dijo que su nombre es David”.

Según ese agente del FBI confidente de la CNN, Paul Pelosi desconocía al asaltante, pero según una de las pocas evidencias disponibles, la llamada desde emergencias (911) a la policía, el operador comunica a la policía de San Francisco que Paul Pelosi “… dice que hay un hombre en la casa y que va a esperar a su esposa. Dijo que no sabe quién es el hombre pero que se llama David y que es un amigo. Sonaba algo confundido. .” Aquí dejo el audio:

Por una parte, según cuenta la CNN, un agente del FBI, cuyo nombre se desconoce, dice en una declaración jurada que Paul Pelosi no conocía a su asaltante pero que este, amable que es, le dijo (a Paul) que se llamaba David; y por otra parte el operador del servicio de emergencias que habló con el señor Pelosi le comunica a la policía de San Francisco que no conoce al hombre pero que se llama David y que es un amigo.

Repasemos lo que tenemos de momento como relato oficial. Un hombre de 42 años, David de Pappe, canadiense y sin permiso de residencia se cuela en la vivienda de la tercera máxima autoridad de los EE.UU. de madrugada –no suena alarma alguna–, en el lujoso barrio sanfranciscano de Pacific Heights. El sujeto sorprende a Paul Pelosi y le dice que va a esperar a su mujer (presidente del Congreso); Paul Pelosi le dice al asaltante que necesita ir al baño, a lo cual su agresor accede; una vez en el baño, aprovechando la feliz coincidencia de tener allí su teléfono móvil cargándose, el señor Pelosi llama a emergencias; el operador de emergencias (911) da aviso a la policía que llega a la mansión Pelosi en 8 minutos.

La transcripción y el audio de la llamada de Paul Pelosi al 911 no la tenemos. La respuesta a la pregunta de cómo coño puede un desquiciado colarse por una ventana en el domicilio de la 3ª máxima autoridad de la superpotencia mundial no la tenemos. Las grabaciones de las cámaras de vídeovigilancia de la casa de los Pelosi no han sido hechas públicas, aunque sabemos que existen porque las cámaras de la casa de los Pelosi son parte de las 1.800 cámaras que monitoriza la Policía del Capitolio. Según el Wahington Post aunque las cámaras pillaron a este 007 drogadicto –David de Pappe– entrando por una ventana con un martillo, nadie estaba mirando las pantallas.

Si eres policía y acudes de madrugada a la casa donde sabes que vive un hombre anciano que está siendo atacado y le encuentras a este en pijama corto forcejeando con un tipo de 42 años vestido de calle, no preguntas ¿qué está pasando aquí? sino que reduces al tipo más joven. Pero si eres ese mismo Policía y te encuentras que ambos están en ropa interior sujetando un martillo al alimón delante de ti, entonces sí que preguntas qué coño está pasando porque no te esperas un asaltante en ropa interior.

También es cuanto menos chocante que el matrimonio Pelosi no tuviera un sistema de alarma (ahí va un “lead” para un comercial atento de Securitas Direct) o si lo tiene, que no funcionara cuando un gordito rompe el cristal de la puerta trasera a martillazos. Aunque supuestamente la única Pelosi con derecho a escolta de la Policía del Capitolio es la propia Nancy, es notable destacar que según los vecinos de los Pelosi de la calle Tony Broadway (en el barrio de Pacific Heights), están acostumbrados a ver pasar mastodónticos SUV negros alrededor de la mansión de ladrillo rojo de la presidente del Congreso las 24 horas del día, los 7 días de la semana, y a observar una fuerte respuesta policial ante cualquier disturbio. Incluso dive que es habitual que sus ordenadores personales sufran problemas por las medidas de seguridad para proteger a la Número Tres de la nación.

Según declaró al Daily Mail una antigua vecina de los Pelosi, Marjorie Campbell, cuando leyó que su antiguo vecino tuvo que llamar él mismo al 911 mientras negociaba con un loco que empuñaba un martillo, estaba profundamente perpleja. “Había vehículos negros fuera de esa casa, particularmente en Normandie Terrace, todo el tiempo. No había diferencia entre que ella estuviera allí o no. Siempre había varios coches”.

De Pappe entró en la casa de los Pelosi de madrugada sin que sonara ninguna alarma, con la Policía del Capitolio a 5 mil kilómetros comiendo donuts y sin prestar atención a las cámaras de seguridad. Ese es el relato oficial y si dudas del mismo eres un conspiranoico. No verás la grabación (que existe) de cómo entra de Pappe, ni tampoco la transcripción de la llamada del propio Paul a Emergencias 911 (que la hay) pero debes creer lo que se te dice.

Nota: Esto es solo el principio, te aseguro que acabarás conspiranoico perdido cuando termine de despachar este curioso lance ocurrido a pocos días de unas importantes elecciones en EE.UU:

De Pappe preguntó a Paul Pelosi dónde está su mujer, Paul le pide ir al baño, David le dice que adelante y Paul llama a emergencias.

El relato oficialista detalla que llegó la policía a los 8 minutos de la llamada y que cuando la puerta “se abrió” (detalle importante que veremos más adelante) los policías asistieron a una escena donde los dos hombres sujetaban el mismo martillo.

Según cuenta la emisora de la NBC de San Francisco (Bay Area) el Departamento de Justicia en un documento legal entregado al juzgado dice que los policías abrieron la puerta, mientras que la Fiscalía de Distrito de San Francisco dice –también en un documento entregado al juzgado–que Paul Pelosi abrió la puerta a los oficiales y detalla que lo hizo con su mano izquierda.

Aquí el enlace al documento de la Fiscalía de distrito y aquí una capturas del mismo:

El documento del Departamento de Justicia en lugar de relatar que Paul Pelosi abrió la puerta solo dice “cuando la puerta se abrió”. En la imagen de más abajo ambos atestados (el del Departamento de Estado arriba y el de la Fiscalía de Distrito abajo). Si te quieres entretener leyendo el documento del Departamento de Justicia en esta línea tienes el enlace

He subido el vídeo de la NBC a nuestro canal de Rumble para asegurarme de que YouTube no lo hace desaparecer:

Otro dato curioso es que en el atestado de la Fiscalía, mucho más detallado, se cuenta que mientras ambos sujetaban el martillo Pelosi abrió la puerta a la policía, con la mano izquierda, a pesar de que De Pappe le dijo que no lo hiciera. Pelosi (82 años) es capaz de llegar hasta la puerta agarrando un martillo (con la mano derecha) que también sujeta De Pappe (42 años) y abrir a los agentes. Raro cuanto menos.

La escena es la siguiente: Ambos hombres están de pie frente a los policías; David (42) sujeta la parte baja del mango del martillo con una mano y la mano derecha de Paul (82) con su otra mano y Paul sujeta la parte superior del mango del martillo con la mano derecha (la que le agarra David) tras abrir la puerta con la mano izquierda. Los maderos se quedan tan flipados ante esta escena que en lugar de actuar echándose encima del atacante (David), fácilmente reconocible por su edad, preguntan “¿qué está pasando aquí?”

Paul Pelosi en lugar de irse directo hacia los policías, a los que en el atestado se dice que él mimo les abre la puerta se queda asido al martillo. Raro también.

Y cuando De Pappe empieza a forcejear para que Pelosi suelte el martillo, los policías en lugar de intervenir vuelven a preguntar “¿qué está pasando aquí?”. Raro al cuadrado porque los policías saben donde están y que el tipo de 82 años es la víctima y el atacante es el agresor. Solo se me ocurre que haya alguna otra circunstancia, no incluida en el atestado, que hiciera que los agentes anduvieran alucinados en lugar de actuar tajante y contundentemente para defender al anciano atacado… Por ejemplo se me ocurre que ambos estuvieran en ropa interior. El atestado de la Fiscalía detalla que Paul Pelosi vestía pijama y bóxers, nada extraño estando en su casa y siendo de madrugada, pero el mismo atestado no dice nada acerca de la ropa que vestía David De Pappe.

Si eres policía y acudes de madrugada a la casa donde sabes que vive un hombre anciano que está siendo atacado y le encuentras a este en pijama corto forcejeando con un tipo de 42 años vestido de calle, no preguntas ¿qué está pasando aquí? sino que reduces al tipo más joven. Pero si eres ese mismo Policía y te encuentras que ambos están en ropa interior sujetando un martillo al alimón delante de ti, entonces sí que preguntas qué coño sucede.

Repito: un policía que acude a socorrer a un anciano preguntaría qué está pasando, en lugar de actuar de inmediato, solo si hay algo que no le encaja. Se me ocurre que encontrar al asaltante en ropa interior o ver a dos adultos puestos hasta las cejas que acuden a abrirte la puerta mientras sujetan un martillo, pueden ser “algo” que a tres policías de San Francisco no les encajaría con un aviso de asalto en un domicilio. En ausencia de la evidencia (que sabemos que existe y se oculta) sigamos empleando cosas tan odiosas y conspirativas como la lógica y el razonamiento deductivo.

Según algunos medios, como FOX, la policía se encontró a De Pappe en calzoncillos pero los medios verificadores –very chupadores– lo niegan y dicen que iba en pantalón corto. Yo no estaba allí pero sí puedo deciros que la temperatura en la zona en la madrugada del 28 de Octubre era de 59º Farenheit (15º Celsius). También afirmo que sería muy fácil desmentir el asunto de los calzoncillos y el de quién abrió la puerta con solo mostrar la filmación de la cámaras corporales —bodycams— de los agentes.

Los agentes mirando la escena preguntando insistentemente qué pasa, hasta que De Pappe se zafa de Pelosi y le golpea bestialmente con el martillo en la cabeza. Solo entonces reducen al atacante. Esta actuación solo tiene dos diagnósticos: negligencia policial o una o varias variables que desconocemos.

Recapitulemos.

1.- De Pappe, un inmigrante ilegal aficionado a las drogas, entra de madrugada con un martillo y cierta ropa en el domicilio de la Número Tres de EE.UU. sin que suene alarma alguna y sin que la policía del Capitolio preste atención a las cámaras; no se han hecho públicas las imágenes captadas.

2.- De Pappe se encuentra con Paul Pelosi y le interroga acerca de dónde está su señora Nancy; Paul Pelosi le pide permiso para ir al baño y de Pappe se lo da; Mr. Pelosi tiene la fortuna de tener el teléfono cargando en el baño y llama al 911 y dice que un desconocido… que es un amigo, y que se llama David, está en la casa.

3.- Llega la policía y según el Departamento de Justicia ” se abre” la puerta y según la Fiscalía de Distrito la abre el propio Paul, pero no lo sabemos con certeza porque las grabaciones de las cámaras de los agentes no se han querido mostrar; tampoco sabemos la ropa que llevaba puesta de Pappe (shorts, boxers, slip, medias con liguero) por el mismo motivo.

4.- Mientras los policías en lugar de actuar insisten en preguntar qué está pasando, Paul Pelosi sigue aferrado al martillo que también sujeta David De Pappe. Solo cuando este último le asesta un golpe brutal al señor Pelosi, que le deja sangrando e inconsciente, es cuando la policía decide actuar.

Para los guardianes de lo que toca pensar cualquiera que dude de esta absolutamente incoherente y rocambolesca historia-cuento oficial es un conspiracionista y un negacionista. Existe la evidencia para aclarar absolutamente todo (las imágenes de las cámaras exteriores de la residencia que la Policía del Capitolio monitoriza, el audio de la llamada de Paul Pelosi a Emergencias y las imágenes de las cámaras de los policías que acudieron a la casa de los Pelosi). A la vez que se niega al público el acceso a la evidencia, es decir se conspira para ocultar, se considera obligatorio creerse un cuento infumable para que no te llamen conspiracionista. Va a ser que me da lo mismo.

Repito: un policía que acude a socorrer a un anciano preguntaría qué está pasando, en lugar de actuar de inmediato, solo si hay algo que no le encaja. Se me ocurre que encontrar al asaltante en ropa interior o ver a dos adultos puestos hasta las cejas que acuden a abrirte la puerta mientras sujetan un martillo, pueden ser “algo” que a tres policías de San Francisco no les encajaría con un aviso de asalto en un domicilio. En ausencia de una evidencia (que sabemos que existe y se oculta) sigamos empleando cosas tan odiosas y conspirativas como la lógica y el razonamiento deductivo.

En lugar de mostrar voluntariamente todo lo que disiparía cualquier duda sobre un suceso tan peculiar, lo que hace la progresía –de la cual Nancy Pelosi es Suma Hechicera— es tildar de conspiracionista y de propagador del discurso del odio a cualquiera que ponga en duda una crónica que rivaliza en fantasía con los avistamientos de Big Foot o El Yeti. Cualquier persona con entrañas lamenta que al anciano Paul le pegara David con un martillo; cualquier persona con capacidad de razonar no puede tragarse la crónica novelesca oficial de este suceso; y cualquier persona con criterio recela cuando a la vez que se difunde una historia novelada se oculta todo aquello que permitiría conocer lo que realmente sucedió esa noche. Si tienes corazón, capacidad de razonar y criterio te compadeces de Paul, no te crees el cuento oficial y desconfías de los motivos por lo que se oculta la evidencia, todo a la vez. Me resulta graciosísimo el empleo del término negacionista. Supongo que se es negacionista también cuando se niega la veracidad de algo manifiestamente falso, por tanto sería malo no serlo, si bien en mi caso antes de ser negacionista siempre paso por la fase de dudacionista,… incluso muchísimas veces me quedo estancado en esta última.

El hecho de que este Expediente X de vodevil tuviera lugar a falta de 11días para unas elecciones fundamentales (las de mitad de legislatura, donde estaba en juego el control del Congreso y el Senado) podría tener que ver con el afán por ocultar pruebas, o retrasar que salgan a la luz.

El Partido Demócrata, desde Barak Nobel de la Paz guerrero Obama hasta Hillary sacerdotisa Clinton pasando por TutanBiden tuvieron 11días para acusar a Donald Trump, a quién si no, y a sus seguidores, todos extremistas y terroristas domésticos que pagan impuestos, de ser los culpables de que haya imbéciles como de Pappe. Los medios de comunicación, los gigantes de internet y toda la miasma habitual, tan podridos de dinero como cansinos, fueron la cajas de resonancia que amplificaron el mensaje en un último esfuerzo por apurar un senador aquí, un fiscal allí y un congresista acullá. Había que parar a los malos votando a los buenos y evitar que los primeros inspiraran a pirados a matar gente. El partido capitaneado por un anciano con un declive cognitivo que solo se acelera, llegaba a estas elecciones arrasado y de Pappe les vino como picha al culo que dirían en Chueca.

El Partido Demócrata acumulaba desastre tras otro: una retirada infame de Afganistán, los precios de los combustibles y la inflación disparados, récords de avalanchas de inmigrantes. Encima cada vez más gente estaba (y está) hasta los mismísimos cojones/ovarios del coñazo del lenguaje inclusivo y la supuesta necesidad de que haya baños trans o queer o que las drag queens cuenten sus cosas a los niños de educación infantil. Y como colofón en la tarjeta de visita de esta plaga, los votantes podían (y pueden) ver como un chorro de miles de millones de dólares y armamento no cesa de fluir para apoyar a un señor con camiseta caqui que dirige un país donde la familia Biden ha mojado más que pan.

En los últimos días de campaña, creedme que lo sé muy bien, el discurso único consistía en repetir “la democracia está en peligro” y la “democracia está en la papeleta” (Democracy is on the ballot) que no es sino la repetición del clásico “o nosotros o el caos”. La democracia, por cierto, no está en la papeleta, la democracia es poder meter la papeleta en una urna, que se cuenten luego bien las papeletas, a ser posible contando con garantías de que no se empleen unas máquinas de código cerrado y que fallan justo donde más interesa.

Volvamos a DePape, el hombre. De él se sabe que es Canadiense, que tiene el permiso de residencia caducado hace años, que tiene hijos, escarceos con las drogas, que militó en o simpatizó con una secta nudista, parece que tuvo alguna denuncia por abuso de menores, que vivía en un garaje los últimos dos años y que pasó de ser seguidor de Obama a creer que Nancy Pelosi es traficante de niños. Francamente de cara a determinar lo hechos me da lo mismo lo que este sujeto piense o sea porque todavía nadie va a la cárcel por los tener motivos sino por cometer hechos. Pero lo que sí me interesa del perfil de de Pappe es el patrón que muestra: va de un extremo a otro, es carne de secta y es por tanto, y demostradamente, fácil de manipular.

Según cuentan los altavoces del régimen, de Pappe a pesar de vivir en un garaje tenía dos dominios de internet en los que publicaba cosas terribles que le retrataban como un conpiracionista desatado y a punto de liarla parda por culpa de gente tóxica como Trump, cómo no. Uno de esos dominios a los que el muy progre LA Times hace referencia era frenlyfrens.com/blog y en los archivos del popular proyecto Wayback Machine solo consta que hay publicaciones en ese blog a partir del 28 de octubre que es, curiosamente el mismo día que de Pappe (o DePappe que lo he visto escrito de ambas maneras) decidió ir con su martillo, cual desquiciado Thor, a ver a Nancy Pelosi.

Aquí dejo el enlace para los más cafeteros: https://web.archive.org/web/20220701000000*/http://frenlyfrens.com/blog

Entrando a ver las capturas de pantalla que aparecen el día 28 de octubre encontramos hadas y elfos mezclados con posts sobre un vídeo censurado por Google por ser excesivamente verdadoso (too much truthiness)

Aparecen fechas de febrero, de mayo mezcladas con cosas recientemente publicadas o publicadas hace 2 o 3 días pero lo evidente es que no hay constancia de nada anterior al 28 de octubre.

Mi amigo Google tan solo tiene indexadas 17 entradas de la web fantasiosa y de fantasía de de Pappe mientras que hay 1.260 páginas de Freenoticias indexadas. Sin ser un titán, ni de lejos, publicando cosas, mi web es infinitamente más grande que la del pobre pirado canadiense. Sin atreverme a sentenciarlo con rotundidad sí que me inclino muchísimo a pensar que el blog del asaltante de Villa Pelosi huele a fake, a artificial y a pista falsa.

Seguramente saldremos de dudas cuando el juicio se celebre y podamos enterarnos de lo que ahora se oculta, pero para entonces el tema estará informativamente casi amortizado y el rédito político ya ha sido canjeado en la elecciones. Mañana será otro día con el afán que toque y con la trolas buenistas que se necesiten parir.

Termino diciendo que lo mejor para acabar con la teorías alternativas (con o sin el apellido “de la conspiración”) es aplicar la transparencia. Si las imágenes de las que dispone la policía del Capitolio y la de San Francisco fueran publicadas al igual que el audio de la llamada a Emergencias 911 de Paul Pelosi, no cabría hablar de romances homo-sado-eróticos o de lucha libre en ropa interior con martillo. Yo no me abono a ninguna teoría de esas aunque, a la vista del celo por no mostrar la evidencia, las considero tan plausibles o más que la leyenda oficial.

Y unas breves reflexiones de propina dedicadas a los que abundan en hablar de eso llamado discurso del odio. Habitualmente tales discursos son solo los discursos que algunos odian que se tengan. También habitualmente, son esos mismos individuos quienes aspiran a detentar el monopolio de la verdad obligando al personal a comprar su verdad, o si no…

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