sábado, octubre 1, 2022
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El pueblo austríaco empieza a doblar el brazo a sus tiranos, pero hay que partírselo

El comité de sabios creado en Austria para decidir sobre la obligatoriedad de la vacuna puede hacer solo una cosa correcta: reconocer que no les corresponde a ellos decidir sobre lo que cada cual se inyecte y admitir que independientemente de sus opiniones profesionales, sean estas a favor o en contra de que la gente se vacune con estas pócimas manifiestamente inútiles --quedándome corto--, es cada cuál quien debe decidir y no un comité o un hatajo de hijoputas con escaño.

El gobierno austriaco planea poner fin a la mayoría de las restricciones a partir del 5 de marzo, aunque seguirán manteniendo la vacunación forzosa.

El asunto de mantener la obligación de estar vacunado a partir del 15 de marzo so pena de multas y cárcel, lo dejan, como veremos más adelante, a cargo de una comisión de cuatro expertos. Poner las libertades de los ciudadanos en las manos de un comité (o de lo que sea) es una aberración. Supongamos que un día se pone en manos de un comité de “expertos” la necesidad o no de eutanasiar a una tercera parte de la población siguiendo los criterios “científicos” de los comisionados de turno. Tal cual suena.

Progresan adecuadamente los jodidos déspotas alpinos, hay miedo, pero todo lo que no sea ponerlos de rodillas pidiendo perdón antes de sentarles a la fuerza en el banquillo no será suficiente. Son un enemigo al que hay que rendir incondicionalmente.

El canciller Karl Nehammer anunció este miércoles la decisión enfatizando que la pandemia aún no ha terminado y que no se descarta volver a imponer más controles tiránicos.

Nehammer atribuyó estas medidas a la estabilización de las nuevas infecciones y no al hecho de que a muchos austríacos les seduce cada día más la idea de verle colgando de una soga y que su popularidad está en niveles mínimos.

Evolución de las encuestas en Austria. En azul claro las expectativas electorales del partido gobernante (ÖVP) y en azul marino las del partido anti vacunación forzosa (FPÖ). Fuente Wikipedia (basada en datos de encuestas demoscópicas publicadas)

El actual canciller austríaco, gilipollas a tiempo completo, ha bautizado esta propinilla que da a sus súbditos con el cursi apodo de “el despertar de la primavera”. Ser tan hortera debería ser contado como un agravante cuando juzguen a este tirano pastelero.

En un primer paso a partir de este sábado, ya no será necesario acreditar vacunación o recuperación reciente para asistir a eventos, ir a restaurantes, bares o peluquerías y otras actividades varias. La prueba de una prueba negativa será suficiente para esas cosas.

Los requisitos de entrada al país y la mayoría de las otras restricciones se eliminarán por completo, con la reapertura de los clubes nocturnos y el final de la restricción “cenicienta” que obligaba a bares y restaurantes a cerrar a las 12 de la noche.

Nehammer dijo que se mantendrá el requisito de usar máscaras protectoras FFP2 “donde sea absolutamente necesario para proteger a los grupos vulnerables”, incluyendo en el transporte público, las tiendas esenciales y las farmacias. Se seguirá exigiendo prueba de al menos una prueba negativa para el personal y los visitantes en hospitales y residencias de ancianos.

Se flexibilizarán los requisitos para ingresar a Austria. En la actualidad, los viajeros deben presentar un comprobante de vacunación o recuperación reciente, además de una vacuna de refuerzo o una prueba negativa. A partir del 5 de marzo será suficiente la constancia de vacunación o recuperación, o un test negativo.

El ministro de Salud, Wolfgang Mueckstein, en calidad de perrito guardián de la dictadura sanitaria se encargó de dejar claro que las perspectivas a largo plazo siguen sin estar claras y que seguirán apoyando la ley dictatorial que obliga a todos los austriacos mayores de 18 años a vacunarse o ser multados repetidas veces o encarcelados. Por cierto que Mueckstein pertenece al partico ecologista-ecolojeta de Los Verdes que gobiernan en coalición con el ÖVP (primo del PP español que de momento comanda Pablo Cascado).

“No puedo prometer que no necesitaremos medidas más estrictas en los próximos meses; el virus nos lo ha enseñado a menudo” y añadió que “debemos usar el verano para vacunar para que no nos sorprenda una nueva variante en el otoño”

Para terminar rematando que “el mandato general de la vacuna covid, que nosotros como gobierno, por supuesto, apoyamos, nos dará esta salvaguardia”.

El gobierno austríaco y todos los políticos con distinto nivel de mando lo que deben empezar a asumir son dos cosas fundamentales e innegociables para millones de personas:

La primera es que no se trata de que nos lleven con la correa corta o larga, que nos vayan dando permiso ahora sí y mañana ya veremos. Se trata de que la correa deberían embutírsela en sus culos antes de siquiera pensar en ponérnosla. Justificar que se pisoteen o se dejen de pisotear las libertades fundamentales de la gente en función de la evolución de una pLandemia que tan dura se la pone a todos los globalistas no es de recibo. La gente tiene derecho a elegir si se pinchan, qué se pinchan o cuando se pinchan; el Estado tiene la obligación de informar y facilitar los medios, y punto. Ir sin mascarilla o no vacunarse son opciones como también lo son el ir con mascarilla y vacunarse con fruición, y la posibilidad de elegir entre estas opciones pertenece al ámbito del individuo y de absolutamente nadie mas. No es negociable. La libertad de elegir en lo que atañe al espacio personal del individuo no le incumbe al estado ni a las viejas del visillo vocacionales, y tampoco le atañe a estos la labor de celar la libertad de movimientos de nadie en función de lo que se pinchen o no.

Por muy competente que sea esta señora y el resto de los comisarios, comisionados o comisionistas de este cuarteto, no tienen autoridad moral alguna para decidir sobre nadie.

La segunda cosa innegociable para muchos es que esto no debe acabar así sin más. Debe haber justicia y todos estos endiosados cretinos deben ser sentados en un banquillo para rendir cuentas.

El pasado enero el parlamento austríaco aprobó con los votos a favor de los populares, socialistas, verdes y liberales y con el equivalente de VOX (FPÖ) en contra una ley por la que a partir del 15 de marzo se podrá multar y hasta encarcelar a cualquier austríaco mayor de edad que no se quiera vacunar. El líder del FPÖ, Herbert Kickl, pronunció un discurso valiente en el que advertía entre otras cosas de que se iba a dar la paradoja de que para luchar contra un virus manufacturado en China, Austria iba a adoptar el sistema chino de crédito social. En Freenoticias subtitulamos el discurso completo en español y es una pieza que merece la pena ser escuchada.

A falta de menos de un mes para que la ley entre en vigor las malas encuestas para los socios verde-populares están muy presentes en las podridas mentes de los políticos, y eso ha hecho que el gobierno austríaco se tiente la ropa y empiecen a ver la posibilidad de plegar velas. A las manifestaciones de rechazo continuas contra esta ley criminal se suman las advertencias desde la comunidad científica poniendo en duda esta estrategia demencial.

Cuando para resolver problemas, incluso inexistentes, los políticos crean problemas aún mayores, una salida habitual es crear una comisión para entoligarles el marrón a otros y así justificar un cambio de rumbo o para tener una coartada para seguir cagándola. Así pues se ha creado una nueva comisión de expertos que asesorará sobre la vacunación obligatoria para garantizar que cualquier acción futura relacionada con la ley esté respaldada por una base científica. Como si la ciencia fuera monolítica al respecto de cada asunto o como si la ciencia tuviera algún tipo de prelación sobre la soberanía del individuo sobre sí mismo.

La comisión trabajará con el GECKO (Gesamtstaatliche Covid-Krisencoordination o Coordinación Nacional de Crisis Covid), el equipo nacional de crisis de Austria y estará integrada por los médicos Eva Schernhammer y Herwig Kollaritsch, el abogado médico Karl Stöger y la jurista Christiane Wendehorst. Esta comisión emitirá su primer informe el próximo 8 de marzo, una semana antes de que la policía empiece a cazar a los no vacunados por las calles de Salzburgo o Viena.

Esperemos que esta comisión considere la vacunación como el atropello desorejado que es, serían muy buenas noticias. Lo que no es jamás admisible es dejar al albur de 4 personas la decisión sobre si se deben aplastar los derechos de la gente o no. Me parece un despropósito por principio.

Eva Schernhammer por ejemplo, es una epidemióloga que ha trabajado varios años asesorando al NIH estadounidense de Fauci –uno de los padrinos en el bautizo del bichito covid– y a la Comisión Europea que preside Ursula Von der Leyen –casada con un directivo de una empresa farmacéutica especializada en vacunas génicas, íntima del CEO de Pfizer y responsable de la firma del contrato más opaco y por mayor importe de la historia de las vacunas–. Por muy competente que sea esta señora y el resto de los comisarios, comisionados o comisionistas de este cuarteto, no tienen autoridad moral alguna para decidir sobre nadie.

Todo lo que no sea reconocer que la vacunación obligatoria es un crimen y un atentado contra la libertad de las personas es quedarse muy corto. Este comité de sabios puede hacer solo una cosa correcta: reconocer que no les corresponde a ellos decidir sobre lo que cada cual se inyecte y admitir que independientemente de sus opiniones profesionales, sean estas a favor o en contra de que la gente se vacune con estas pócimas manifiestamente inútiles –quedándome corto–, es cada cuál quien debe decidir y no un comité o un hatajo de hijoputas con escaño.

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