viernes, enero 28, 2022
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Rafael Nadal (lo siento) te equivocas al ponerte del lado de los dictadores

Los australianos respiran aliviados porque Djokovic, sano y sin síntomas, no les podrá contagiar una enfermedad que no tiene, mientras ellos, todos vacunados, disfrutan enfermándose entre ellos.

Un deportista de élite que está sano, Djokovic, no puede entrar en un país, Australia, por haber decidido no inyectarse una substancia que no necesita contra una enfermedad que encima ya ha pasado. Creo que Djokovic debería hacerle una peineta a las autoridades australianas y mandarlas a la mierda que es donde merecen ser enviados los dictadores cabronazos.

Ya sé que la norma de Australia para poder entrar en su covidtadura es pincharse la misma substancia inútil y peligrosa que obligan salvajemente a sus súbditos a inyectarse. También sé que si hacen una excepción con el número uno del tenis mundial, dejándole entrar sin haber sido inoculado, muchos australianos que han sido sometidos, por gusto u obligación, a participar en el juego de la jeringuilla, se sentirán discriminados. Muchos australianos pensarán que si todos se sacrifican, en el sentido más amplio de la palabra, también los deportistas multimillonarios deberían someterse al mismo estándar irracional. Todos jodidos, todos sumisos y todos felices de compartir el mismo destino, jugando en la misma lotería.

Si un personaje de fama mundial es capaz de hacer valer el argumento de que no es necesario inyectarse cosas que funcionan mal para combatir esta pandemia planificada, la gente que ha sido obligada a hacerlo se va a sentir fatal y van a querer ver rodar cabezas, incluso literalmente. Eso hay que evitarlo, y en esas están.

El consenso progremonguer mundial ha decidido que unas novísimas substancias que emplean una tecnología nunca antes empleada y que no han seguido el procedimiento habitual para su aprobación, son La Solución. Los gobiernos de países como Australia han sentenciado que unos brebajes de uso experimental, cuya utilidad para la prevención del contagio y la enfermedad está cada vez más desacreditada, capaces de producir más efectos adversos en un año que todas las demás vacunas sumadas en décadas, deben ser inoculados obligatoriamente a todos. Quien objete a estas decisiones tomadas por la “autoridad” será jodido como ya ha anunciado el mismísimo presidente de Francia. Si quien discrepa es una eminencia científica será expulsado de Twitter o de donde haga falta, incluso si esa eminencia científica es el propio inventor de estas nuevas vacunas.

Supongamos que a pesar del orwelliano control ejercido por las ciberdictaduras y de las descomunales “inversiones” que la industria farmacéutica realiza para engrasar las voluntades y granjearse la “amistad” de de políticos, comunicadores-terroristas y doctores, se abriera camino como un hecho inapelable que la estrategia de inyecciones masivas e indiscriminadas de substancias bastante ineficaces, es no solo un error sino un potencial hecho delictivo. El caos. Ese escenario aterra a muchos. Una gran cantidad de bustos parlantes paniaguados ya han quemado sus naves apostando todo su escaso prestigio y credibilidad al relato vacunero oficialista. Para todos estos ya es tarde para rectificar porque no se trata de un asunto baladí sino de que han presionado a la población a hacer algo que puede terminar siendo irreparable; y encima muchos lo han hecho proponiendo la amenaza y la coacción para imponer su bien retribuida –y normalmente poco docta– opinión ¿Cómo van a pedir disculpas los mismos que llaman negacionistas, bebelejías y antivacunas a los que no se pliegan a sus consignas?

Es lógico que los australianos que han visto como sus políticos se llevan ciscando más de un año en sus libertades con la excusa de un virus que apenas ha causado muertes en Australia, se escandalicen si se hace una excepción con Djokovic (o con quien sea). Obligar a vacunarse a la gente para poder hacer una vida normal y encima con una substancia ineficaz es, y será siempre, una salvajada y los gobernantes que aplican tales normas son unos hijos de perra (lo siento Nacho, se me escapó). La reacción de la gente de pedir aplicar el mismo rasero liberticida con Djokovic que con los vasallos aussies es tan lógica y humana como irracional. Pero tengo una noticia en exclusiva: un Estado puede estar equivocado y cagarla con leyes absurdas e inútiles. Otra noticia: un Estado puede no solo estar equivocado, sino incluso aprobar leyes y normas aún a sabiendas de que son inútiles, muy poco eficaces o incluso perjudiciales para sus ciudadanos. Exigir aplicar de forma universal un sinsentido por el mero hecho de que ese sinsentido se les aplica a muchos es simplemente un despropósito.

El que las leyes australianas obliguen a hacer cosas indecentemente absurdas a su población no significa que estas leyes sean merecedoras de ningún respeto. Yo animo a todos los australianos a desobedecer tales leyes y aplaudo a los que se rebelen contra esa tiranía, desde dentro del Presidio o desde fuera.

Si por cualquier motivo las autoridades australianas decidieran que solo los hombres con un solo testículo pueden vivir en su isla porque así se evita el calentamiento global (el nivel de lógica y correlación es bastante similar al del asunto de las vacunas), por más que se tratara de una norma oficial y por más que la casi totalidad de los hombres australianos hayan sufrido una orquiectomía, estaríamos ante una ley liberticida que atenta contra la integridad física de la gente.

Volviendo al asunto Djokovic y antes de pasar consulta a Nadal, yo entiendo que incluso muchos de los que intuyen que Djokovic tiene razón en no vacunarse, querrán que él también pase por el aro para satisfacer un íntimo y retorcido deseo de compartir su desgracia. Nada mejor para conjurar los temores, ocultar las dudas sobre la vacuna y forzar a todos al sometimiento, que recurrir a esa afirmación chamánica de que esta vacuna mágica solo funciona si todos se la administran. La vacuna es la solución, o lo será cuando se alcance un número mágico de dosis que nadie ya se atreve a predecir, póntela, súbete a nuestra noria.

Preguntado por su opinión al respecto de la situación de Novak Djokovic Rafael Nadal ha manifestado varias cosas interesantes. Nadal comenzó diciendo algo bastante sensato:

«Lo que ha pasado no es bueno para nadie, pero no tengo todos los detalles para tener una opinión clara sobre el asunto de Djokovic»

Pero terminó metiendo la pata:

«Si él quisiera estaría jugando en Australia sin problemas. Él ha tomado su decisión. Todo el mundo es libre de tomar sus decisiones, pero entonces hay consecuencias, ¿no? El mundo ya ha sufrido bastante. Hay que vacunarse»

¿Todo el mundo es libre de tomar sus decisiones Rafa? Si tomar una decisión personal comporta consecuencias negativas la decisión no es libre. Yo puedo decidir ponerme una camisa blanca o una azul, nada me condiciona en un sentido u otro salvo mi libre elección. Si llevar camisa blanca se multara con 100 euros ya no sería verdaderamente libre de elegir y me sentaría como el culo que un sumiso que acepta no ponerse camisas blancas me hablara de libertad y luego me dijera que llevar camisas blancas acarrea consecuencias.

Siempre me alegraré de tus triunfos Rafa, eres una gran persona con un gran revés, y también eres una nenaza asquerosamente cobarde. Yo me quedo con los valientes.

Cuando Nadal dice que el mundo ya ha sufrido bastante y que por tanto hay que vacunarse está dibujando una correlación inexistente entre un aumento de la vacunación y una disminución del sufrimiento. No Rafa, las vacunas no aminoran el sufrimiento del mundo porque además de funcionar mal se han convertido en una imposición irracional y en un motivo de división y de discriminación. Inocularse cosas no puede ser una imposición. Obligar a la gente a inocularse cosas que además no funcionan correctamente y llevan aparejados efectos secundarios muy superiores a las vacunas que sí funcionan es crear sufrimiento.

Rafael Nadal se dedicó a hacer un ejercicio de cinismo repugnante justificando que muchos australianos estén frustrados con la actitud de Djokovic nada más y nada menos que por el hecho de que sus gobernantes se hayan cebado en represaliarles de forma tiránica.

«Al final del día sólo puedo decir que estamos pasando por momentos difíciles, muchas familias sufriendo durante los dos últimos años y es normal que la gente en Australia esté frustrada por este caso, porque han tenido muchas restricciones, muchas australianos que no han podido volver a casa o moverse de sus ciudades»

¿Qué demonios tiene que ver lo que Djokovic decida o no inyectarse con que el gobierno de Australia se haya cubierto de mierda aplastando las libertades de sus ciudadanos de manera desproporcionada y barbárica? Es como echar la culpa de la escasa dieta de los reclusos de un gulag a un señor que se come un filete.

Finalmente termina diciendo que si te vacunas no tienes problemas, que él es muy buena persona y que la gente que (él cree) sabe “dice que tenemos que vacunarnos”.

«Solo puedo decir que creo que la gente que sabe de medicina dice que tenemos que vacunarnos, y necesitamos hacerlo. Yo lo he hecho dos veces, y si lo haces no tienes problemas para jugar aquí. Del resto, no opino, porque me falta información»

Rafa Nadal podría haber dicho que lo que las autoridades australianas han hecho con sus ciudadanos es una salvajada, que lo es. Podría haber dicho que inyectarse algo debería ser una opción libre y que para él la mejor opción es la de vacunarse porque así cree que se inmuniza o lo que sea que crea. Eso es lo que diría un valiente, pero al parecer Nadal tan solo es un excepcional deportista comprometido con sus negocios y con la corrección política. Siempre me alegraré de tus triunfos Rafa, eres una gran persona con un gran revés, y también eres una nenaza asquerosamente cobarde. Yo me quedo con los valientes.

Accionistas principales de Nike (la empresa que viste a Nadal):

Accionistas principales de Pfizer:

Accionistas principales de Moderna:

Accionistas principales de KIA Motors (publicitado por Nadal):

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