sábado, junio 25, 2022
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La culpa es tuya perrito “bueno”

Cuando “nos dieron permiso” en junio para pasear sin bozal por la calle, tu seguiste demostrando tu virtud pandémica con uno o dos pañales tapando tu cara y pensando que quien no lo hacía era un irresponsable peligroso.

Tú, perrito bueno, te alegraste de que ese sindiós de insolidaridad terminara el día de nochebuena, de la mano de un decretazo, la marca de la casa del Sáncheznatato. Era una locura que algunos pudieran ir mostrando sus inhumanos y egoístas rostros por la calle cuando la gente moría en masa. Había que hacer algo o todos pereceríamos.

El espanto que te causa cruzarte conmigo por la calle, un tipo caminando a cara descubierta desprovisto de la tela que atestigua la moralidad covidiótica, es correspondido por mi parte con una mezcla de sentimientos que van desde la ternura al desprecio (más hacia este último siendo sincero).

Al bandolero de la Moncloa no le pasó desapercibido el hecho de que cerca de un 70% de la plebe se mostrara favorable al pañal facial forzoso. Debió pensar que es fascinante comprobar cómo la buena gente de España a la que lleva mintiendo 3 años, cocida a impuestos y fusilada con el IPC y los precios de la energía, había comprado la gilipollez de que llevar un trapo en los morros por la calle, sirve para algo que no sea para escenificar un ejercicio de sometimiento.

Antes de siquiera comenzar su tele-conciliábulo navideño con las Madres Superioras de las taifas ibéricas, para decidir a pachas con sus putas locales qué hacer para frenar al monstruo de Omicron, Sánchez usó el comodín de la mascarilla y les dejó hablar de sus cosas mientras le ensillaban su corcel “falcon” para acudir a un nuevo mitin de La (SU) PSOE.

Yo-mimé-conmigo Sánchez anunció la reinstauración del niqab sanitario y se puso a hacer solitarios poniendo cara de póker mientras las zorritas autonómicas hablaban de sus cosas de putas. “El Gobierno tomará sus decisiones tras escuchar a las autonomías”, comentó la ministra de Hacienda, María Jesús Montero y Sánchez no le hizo ni puto caso, en su línea vamos.

Mientras el bandolero se ausentaba mentalmente de la reunión una vez defecada su decisión, fue el turno de las zorritas, a razón de cinco minutos por Madre Superiora. El tonto con anchoas, el recoge nueces, Juana Ayuso de Arco, Mañueco diabólico, Bonilla qué merendilla, Albertiño Núñez Feijódete, y supongo que el siempre ausente Aragonés, lanzaron sus peroratas exigiendo entre muchas y muchísimas más restricciones y luego todos de vuelta a regentar sus burdeles.

A tomar por culo todos, pero sobre todo los borregos pastueños que creen que solo haciendo cosas –incluso cosas estúpidas e inútiles– que supongan penitencia podremos vivir seguros. Poneos treinta y siete dosis, tres mascarillas y un cilicio en los cojones, o en el coño, y dejadnos vivir en paz.

Da lo mismo que la mascarilla en exteriores sirva para una mierda, y en interiores tampoco tengo nada claro que sea muy útil, porque la gente quiere mortificación independientemente de la lógica que pueda –o no– haber detrás de auto-putearse. El otro día tomando un café escuchaba a una señora que acababa de llegar de Grecia y contaba lo educados que son todos los griegos que no se quitan el trapito de los morros ni un segundo. La mujer hablaba a grito pelado contándole al camarero, que estaba solo y a su bola, la respetuosa actitud de los griegos. No me contuve y entré a pagar sin mascarilla y le dije a la señora que ser gilipollas y sumiso no es sinónimo de ser educado y que si a ella le gusta tanto la mascarilla que no se la quite jamás pero que no confunda civismo con ser un borrego sin capacidad de raciocinio. El camarero sonrío pícaro y la señora se quedó petrificada y supongo que cuando pudo procesar lo que le solté se cagaría en el señor maleducado que le llevó la contraría y la dejó tiritando.

Es por imbéciles como esta señora que van haciendo alarde de su virtud y que identifican obediencia ciega y ausente de crítica con educación y civismo, por lo que hijos de puta como el chulo piscinas de la Moncloa nos dan por culo a todos.

Los que van eufóricos contando que ya se han puesto la tercera dosis o que tienen cita para que les pinchen de nuevo. Esos mismos que hace unos meses decían “ya estoy inmunizado” y que hoy aún sabiendo que eso era mentira van y se vuelven a pinchar porque lo dice Paz Padilla o cualquier tele-idiota de los que abundan y sueltan idiocias en cadena. Esos cretinos con altavoz a los que nadie acusa de desinformar, mientras que eminencias médicas son censuradas en Twitter o Facebook por decir verdades incómodas. Científicos diciendo verdades merecedoras de censura mientras chonis ilustradas sueltan chorradas en abierto y a todo trapo ¡Qué más da! Lo importante es creer en la Santa Vacuna y sus poderes mágicos y taumatúrgicos porque los poderes prácticos y científicos son cada vez más escasos y en cambio sus inconvenientes crecen como la espuma.

Lo importante es el sentimiento de tribu, lo dicen las hechiceras, lo dicen los ancianos de la tribu y si todos bailamos la danza de la inyección perpetua saldremos de esta… algún día… unidos en la desgracia… más fuertes. Pero todos tienen que bailar la danza que si no no funciona, lo han dicho los del consejo de brujos.

Los mismos tipos que aprobaron en EE.UU. la vacuna de Pfizer para los niños, en la misma reunión en la que le dan el visto bueno van y sueltan que “nunca sabremos cómo de segura es esta vacuna a menos que empecemos a administrarla”. Lo dicen unos señores que por lo general pasan de la FDA, donde se aprueban medicamentos, a trabajar para las farmacéuticas que fabrican esos medicamentos. Es que están diciendo que vamos adelante con el experimento y a ver qué pasa, y a pesar de semejante alarde de incertidumbre por parte de los “científicos” del “consenso”, la gente va y vacuna a los niños. Según una encuesta de Sociométrica para El Español el 77% de los españoles está dispuesto a inocularse el número de dosis que las autoridades recomienden. Pues anuncio que les pueden regalar mis dosis a quien quiera apretarse un pelotazo doble (búscalo porque no regalo enlaces a Perro Ojete)

A tomar por culo todos, pero sobre todo los borregos pastueños que creen que solo haciendo cosas –incluso cosas estúpidas e inútiles– que supongan penitencia podremos vivir seguros. Poneos treinta y siete dosis, tres mascarillas y un cilicio en los cojones, o en el coño, y dejadnos vivir en paz.

No voy a chillar ante el centro de salud cuando se acaben los tests, no voy a hacer cola en las farmacias para buscar isopos que meterme por la napia, uno menos para la fila de perritos buenos. No voy a perder mi tiempo respirando por la calle a través de un pañal facial porque tú lo hagas. Ponte dos para compensar mis pecados si quieres.

Sed libres, perritos buenos, de mostrar al mundo vuestra ascética castidad pandémica y vuestro celo vacunero, ambos frutos de vuestra infundada pero reconfortante fe en “las autoridades” y en Paz Padilla y en Susanna Griso. Ametrallaos con dosis de unas vacunas mágicas tan deliciosamente inútiles. A mi por favor dejadme en paz, yo no voy a seguir vuestro camino pero tampoco me voy a ir a ninguna parte. Seguiré aquí, os seguiré queriendo, apreciando y llamándoos perritos buenos.

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