lunes, noviembre 29, 2021
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Si no quieres un mundo gris y uniforme, es hora de pasar al ataque

En un mundo gris, para poder trabajar en una empresa de esas inclusivas deberás considerarte feminista, estar vacunado las veces que sean precisas, mostrarte preocupado por el cambio climático y el maléfico CO2, sentirte avergonzado por ser blanco y convencerte de que el tipo de marketing de 2 metros y con barba que lleva vestidos rosas y dos coletas se llama Pilar y es tan mujer como la que más

Los mismos que se pasan el día hablando de diversidad son los que más afán tienen en silenciar a los que no piensan como ellos.

Los mismos que se llenan la boca predicando la inclusividad son quienes quieren excluir a toda costa de la sociedad a aquellos que no se prestan a pasar por su aro, el aro multicolor que lucen en la solapa los neo-dictadores como Sánchez.

Los mismos que recetan resiliencia, la nueva forma de referirse a la resignación o de decirte que te jodas, son esos que viviendo a todo trapo tienen la caradura de recomendarte que viajes menos, que tengas menos –o mejor nada–, que no “contamines”, y encima lo rematan con la pitorreante profecía de que así serás feliz.

“Si se quita la libertad de expresión, entonces, mudos y silenciosos, seremos conducidos como ovejas al matadero (George Washington)”.

Antes de entrar en materia me voy a permitir algunas disquisiciones filosófico morales que sirvan para iluminar lo que después sigue.

Hay una regla que no falla a la hora de identificar a los capullos charlatanes que se ríen de ti y buscan tu sometimiento. Cuando alguien pone el foco constantemente en el grupo, la sociedad, el colectivo, la gente, el partido, el país o incluso el mundo, desconfía. Ninguna de esas cosas realmente existen por sí solas porque todas ellas están hechas de la misma materia prima fundamental: el individuo. Ninguna de esas abstracciones es sujeto de derechos y obligaciones. Los colectivos o los grupos no van a la cárcel, no suben en el ascensor, no aman ni odian, no tienen familia y no nacen ni mueren; estas cosas corresponden a cada individuo.

Desconfía cuando alguien clama por los derechos de tal o cual grupo, o cuando alguien pide, o peor aún exige, sacrificios por el bien del rebaño que sea. Cuando se anteponen unos supuestos intereses o derechos de un grupo por encima de los intereses y derechos individuales de sus miembros y del resto de individuos ajenos a ese grupo, puedes estar seguro de que ese grupo es tóxico. Quienes se dicen miembros de esos grupos son ovejas grises que balan con feliz ignorancia mientras son manipuladas en el confort de su establo… antes de ser sacrificadas. Otra cosa son los perros pastores que apacentan a ese ganado, y algo aún más distinto los ganaderos que se enriquecen explotando la lana, la leche y la carne de sus corderitos.

Cuando los individuos libres deciden organizarse entre ellos para velar por sus derechos y libertades y para preservar los valores, creencias y tradiciones que sustentan esos derechos hablamos de una sociedad de pares. El núcleo de cualquier sociedad es la familia y no un colectivo, una clase social o un gremio. Porque en la familia, a diferencia de otros grupos mayores, los vínculos entre los individuos que la componen están forjados en el amor, el legado intergeneracional y la protección, no en el interés económico o político. La familia es, o debe ser, una extensión del individuo, un laboratorio donde aprender a ser persona, en el que adquirir los valores y la capacidad de razonar y de pensar. Una madre o un padre siempre van conducirse de manera más desinteresada con sus hijos de lo que lo haría el secretario general de un sindicato con sus afiliados. A unos padres les interesa el individuo materializado en la figura de la hija o el hijo, al secretario general del sindicato, por muy empático que sea, le interesan otras cosas.

Si además eres cristiano, y es mi caso, el foco en el individuo adquiere un nivel trascendente de amor al prójimo que está además avalado por la creencia de que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios ¿Verdad Bergoglio? Pero no es necesario ser cristiano para darse cuenta de que una sociedad organizada alrededor del respeto por la libertad y los derechos de las personas es una sociedad más justa y próspera que una controlada por un poder que, diciendo actuar en beneficio de ciertos grupos –seres fantasmales–, se dedica a servirse a sí mismo y a sus cortesanos en perjuicio de la dignidad de todos.

Una sociedad que no reconoce a la familia como la célula básica que conforma su tejido nunca será una sociedad de individuos libres, será otra cosa, y siempre algo peor.

No hay que ser un genio para advertir que le preocupas infinitamente más como persona a tu madre o a tu hijo de lo que le preocuparás jamás a una que se dice ministra de Igualdad o al dirigente de la asociación LGBTI de tus amores.

Los valores que te inculca quien te quiere y quien incluso daría la vida por ti pueden ser mejores o peores pero de lo que no hay duda es de que son mucho más desinteresados y más orientados a tu beneficio como individuo y no como socio número 34.127 del partido o del colectivo que sea. Cuando entre esos valores que se dan de mamar en la familia se incluye cultivar el pensamiento crítico y el estar abierto a comparar distintos puntos de vista y enfoques para forjar un criterio propio, entonces la familia se convierte en el enemigo público número uno de cualquier grupo de tintes autoritarios.

Alguien educado en el empleo de la razón, en el pensamiento crítico y en dar el máximo valor a la libertad individual es un hueso mucho más duro de roer para quienes están interesados en extender sus explotaciones ganaderas con borregos fácilmente embaucables.

Una sociedad de pares, de individuos con los mismos derechos, libertades y obligaciones debe tener como principio y fin últimos preservar y proteger esos mismos derechos y libertades estableciendo un mínimo de obligaciones en forma de unas normas que llamamos leyes. Pero esas normas deben reconocer que antes de su existencia –y después– las libertades y derechos de cada individuo YA EXISTÍAN. Las obligaciones, leyes y normas, deben tener como guía y fin último la defensa y la preservación de esos derechos y libertades innatos, previos y superiores a ellas, y no erigirse en el mecanismo que otorga o deniega esos derechos y libertades.

Una sociedad que se organiza para defender esos derechos y libertades de sus individuos y que entiende que las familias, y no los colectivos, son los ladrillos de su sociedad es la única sociedad por la que merece la pena luchar o hasta dar la vida. Porque no nos engañemos, en cuanto juntas a más de 10 personas en una comunidad y empiezas a crear normas, el deslizamiento hacia una sociedad totalitaria es irresistible. Empiezas poniendo semáforos y límites de velocidad, lo cual es lógico porque debes preservar la vida; luego exiges que se pague por tener un vehículo, lo cuál tiene sentido porque hay que tener carreteras en buen estado; después impones que quien tenga un determinado tipo de vehículo pague más que quien lo tenga de otro tipo, y ya la cosa se vuelve más gris. Sobre todo cuando el tipo de vehículo que no paga es el mismo que vende y fabrica alguien que apoya a tu partido financiando tu campaña.

Aunque los políticos son generalmente personas mediocres, también cuentan con habilidades muy destacables entre las que sobresalen la de crear o inventar nuevos problemas y la de sacarse excusas, de lo más variopinto, de la manga. Si a los políticos no les controlas es inevitable que se corrompan y de paso traten de corromper. Si para cobrar una nueva tasa o para prohibir algo necesitan una excusa no albergues ninguna duda de que estarán a la altura. En el momento que te diga el político de turno que lo de la tasa extra para determinados coches –por seguir con el ejemplo anterior– es por el medioambiente –o lo que sea– toca auditarle de arriba a abajo. Si no le paras los pies y no le sometes a escrutinio, pronto comprobarás que el ansia de mangonear de un político es como un gas, tiende siempre a expandirse.

Se trata de que en el menú de la diversidad, la de sus santísimos cojones, se pueda elegir entre ser muy progremonguer, super progremonguer o progremonguer nivel dios. Todas las opiniones o formas de ver las cosas que no estén en el menú son cosas fachas, fascistas y super turbo nazis; y además son ofensivas y discurso del odio…

Hasta comprobar que su interés por esa tasa es genuino y redunda en el bien de los individuos que le han votado para que les sirva, esa tasa no se aprueba. Y si se demuestra que el interés de ese político por esa tasa responde a intereses bastardos se le echa a la puta calle, pasando por la cárcel, y que pase el siguiente. Por eso a mí me gusta más llamar a los políticos y funcionarios servidores civiles. Quienquiera que te atienda en una ventanilla de la administración debe hacerlo como si se reuniera con su jefe, entre otras cosas porque es así, y no como al pesado que pasa por allí justo un minuto antes de su media hora para el café. Cuando se sirve a un grupo, y me la suda que ese grupo sea la asociación de fabricantes de pilas o el colectivo alfabético, se está haciendo siempre en contra de otros.

Que los coches no deban circular a más de 40 kilómetros hora en zonas por donde hay abundancia de peatones lo entendemos todos y no se necesitan demasiadas explicaciones, pero que exista una necesidad apremiante por cambiar los semáforos para que el muñequito lleve falda no sea que alguien se ofenda, o que sea imperioso que las operaciones de cambio de sexo las paguemos a escote y no así el dentista, precisan bastante más aclaraciones. Lo que no sea para todos es en menoscabo de muchos, y lo que sea sacar dinero del bolsillo del individuo para hacer las cosas mal y a un coste varias veces superior al del mercado, se llama robar y es un delito. Está claro que alguien con parálisis necesita una silla de ruedas es tan de cajón como que debe tener prioridad una persona anciana a la hora de hacer cola. Una sociedad basada en la familia puede aceptar las cosas lógicas y sensatas como ayudar a quien no puede valerse o proteger al más expuesto. Una familia se gasta más en el miembro que más problemas tiene, pero eso no significa que le tenga que dar todos sus caprichos o que deba darle más derechos a las hijas que a los hijos o a quien sea homosexual que a quien no lo es.

Un estado, y en general cualquier ente investido de cierta autoridad, tiende siempre a expandir su poder y a empezar a ver a sus jefes, a la gente, primero como un incordio y luego como a sus vasallos. No hay mejor excusa para realizar esta inversión de papeles que ejercer el poder en nombre de entes abstractos en lugar de las personas y del interés y las libertades de estas. El proletariado, el pueblo, las mujeres, los colectivos, los indígenas, los blancos, los negros,… el nombre da lo mismo porque es solo una coartada, un escudo tras el que esconderse y justificar cualquier atropello. Hago tal y cual por la clase trabajadora, o por la raza aria, o por las mujeres o por su puta madre, y a ver quien es el guapo que le pregunta a esos entes abstractos si están de acuerdo.

Porque hay algo mágico en los seres humanos que se llama individualidad, que hace que uno que sea indio mazateco no opine igual sobre un sinfín de temas que el otro indio mazateco que vive a la vuelta de la esquina. Ser mujer no presupone que compartas los mismos gustos, creencias o aspiraciones que otra mujer sentada enfrente. Haber nacido negro no hace que vengas al mundo con un kit ideológico de serie adosado a tu cantidad de melanina. Que seas hombre y te atraigan sexualmente los hombres no entraña que tus ideas sobre política fiscal sean las mismas que las del hombre homosexual con el que vives o te tomas un café. Por increíble que parezca yo que soy hombre y heterosexual prefiero pasar la tarde charlando con un maricón como Isaac Parejo que con el muy hetero Pablo Iglesias. Isaac es una marica mala porque se resiste a encajar en el papel que se le asigna por la autoridad y se atreve a ser abiertamente homosexual y encima, el muy marica, a pensar por su cuenta. Una tarde charlando con Isaac es seguramente más amena que diez minutos con Pablo, quien lo mismo acaba compartiendo sus fantasías misóginas sádico-periodísticas y me cuenta lo que soñaba con hacerle a Mariló Montero.

Pero es innegable que escudarse en colectivos para cometer atropellos está muy bien pensado, porque jamás podrás ir a preguntar a esos colectivos cuál es su “unánime” opinión sobre las cosas que hacen en su nombre.

La única posibilidad de plantar cara a toda esta pandilla basura liberticida es ir creando ecosistemas de libre-pensadores en todos los niveles: internet, empresas, asociaciones abiertas.

El bien común ni es bien ni es común si para lograrlo hay que apisonar los derechos y las libertades del individuo. Las sociedades que más ponen el foco en la dignidad de la persona, de eso trata defender sus derechos y libertades, y no tanto en inventarse derechos de autor para los grupos que ellos controlan o inventan, son las que más prosperidad alcanzan y suelen ser aquellas donde la gente está más a gusto. Para el poder es mucho más sencillo controlar a cien o doscientos “líderes” de colectivos a los que hasta puedes formar o colocar a tu antojo, que esforzarte en lograr mejorar la vida de las personas, una por una. De la primera manera tienes a unos centeneras de cabezas parlantes que repetirán como papagayos las consignas del poder, salpimentadas de salsa LGBTI o feminista o de obreros de la siderurgia según el caso, para dar un sabor distinto al mismo plato.

Y con esta introducción entraré en lo del “mundo gris”. Un mundo gris es un mundo en el que la gente acaba jubilando su sentido crítico y en el que el consenso, en lugar de ser el resultado de un debate dentro de un mercado libre de ideas donde estas compiten –y “mueren” las peores–, es producto de lo que el poder y sus putillas satélites acuerden según les vaya conviniendo. El consenso consiste en saberte el “catecismo” progremonguer y repetirlo de carrerilla, todo lo que no esté en ese catecismo es “pecado” y odio.

Son inclusivos porque te incluyen en una secta, la suya, no porque den la bienvenida a los que portan ideas que ellos aborrecen o temen.

Una sociedad con espina dorsal, vigorosa y enraizada en la familia produce ciudadanos capaces de desafiar estos consensos de cartulina empleando la capacidad de crítica y el análisis. Esos ciudadanos somos un coñazo para las élites porque no solo no compramos su mercancía estropeada sino que señalamos las inconsistencias de los consensos artificiales y hasta nos reímos de sus dogmas aplicando un poderoso desinfectante llamado humor.

Unas de las frases hechas que mas repulsivas encuentro son esas del tenor de “es que en la Unión Europea casi todos los países han hecho tal o cual” o “lo ha dicho la ONU” o “es que está avalado por la OMS”. Si el mejor o el principal argumento que se puede ofrecer para hacer algo es el principio de imitación mal vamos.

Cuando se trata de temas que me afectan a mí y a la gente que me rodea ¿A mí qué coño me importa que sea la ONU, la Federación Española de Fútbol o el Sindicato de Manteros quien diga tal o cual cosa? Lo que me importa no es quién diga algo sino el valor de eso que dice. Eso es porque soy re-facha, ya lo sé. Me da igual que alguien de la Universidad de Michigan diga que el Universo tiene forma de toro o helicoidal porque de momento eso no me afecta; lo que me tocaría las pelotas es que esa misma Universidad diga –y es solo un supuesto– que debemos eutanasiar a la gente a partir de los 75 años, porque eso sí me afecta a mí y a los que quiero. Es por esa manía mía de prestar más atención al contenido del mensaje que al emisor del mismo por lo que, por ejemplo, me ratifico en llamar cabronazo al actual Papa.

En los temas que me afectan como individuo no concedo autoridad moral a nadie, y si tuviera que hacerlo, antes iría mi tía la del pueblo que organizaciones mafiosas como la ONU. Prefiero poner mi destino en las manos de mi peluquero, que me ha demostrado su pericia y buen hacer, que en las de António Guterres por más que sea secretario general de la cosa esa que se llama ONU.

En un mundo gris, para poder trabajar en una empresa de esas inclusivas –deberán serlo todas forzosamente a la larga– deberás considerarte feminista, estar vacunado las veces que sean precisas, mostrarte preocupado por el cambio climático y el maléfico CO2, sentirte avergonzado por ser blanco y convencerte de que el tipo de marketing de 2 metros y con barba que lleva vestidos rosas y dos coletas se llama Pilar y es tan mujer como la que más. Y lo peor de todo, es que encima leerás y oirás por todos lados lo mucho que tu empresa respeta la diversidad y lo inclusivos que son… los muy jodidos.

Se te dirá algo parecido a esa frase de abuela de que “una cosa es libertad y otra libertinaje” y que una cosa es celebrar la diversidad y otra es el discurso del odio. Porque el objetivo es precisamente expulsar del debate “legal” todo lo que suponga un desafío para el relato progremonguer.

Una sociedad con espina dorsal, vigorosa y enraizada en la familia produce ciudadanos capaces de desafiar estos consensos de cartulina, empleando la capacidad de crítica y el análisis. Esos ciudadanos somos un coñazo para las élites porque no solo no compramos su mercancía estropeada sino que señalamos las inconsistencias de los consensos artificiales y hasta nos reímos de sus dogmas aplicando un poderoso desinfectante llamado humor

Porque si no compras el paquete completo del consenso feminista o si dudas de la feminidad de Pilar y de su barba, tus pareceres no estarán cubiertos por la celebrada inclusividad sino que serán discursos ofensivos y del odio. Se trata de que en el menú de la diversidad, la de sus santísimos cojones, se pueda elegir entre ser muy progremonguer, super progremonguer o progremonguer nivel dios. Todas las opiniones o formas de ver las cosas que no estén en el menú son cosas fachas, fascistas y super turbo nazis; y además son ofensivas, discurso de odio, y nadie que diga eso merece trabajar en una empresa tan buena y en donde se celebra la diversidad. Los comisarios de recursos humanos, que ahora llaman departamento de “Gente” –los muy cursis–, te repetirán las palabras de la profetisa Greta –Jeta coleta– Thunberg: How you dare? (¿Cómo te atreves?) mientras firmas el finiquito y te haces cargo de los costes de atención psiquiátrica de la pobre Pilar de 125 kilos.

Esto está ya pasando en las empresas por todo el mundo occidental, y son las empresas más comprometidas con sus empleados, las que pintan sus logos de arcoiris un mes al año, las que tienen baños para trans, las que más se afanan en dar por culo a quienes tienen una opinión que se salga del consenso. Estas empresas nunca se cansan de ofrecer (y a veces obligar a asistir si quieres ascender) cursos de feminismo, de inclusividad y de respeto a la diversidad. En estos cursillos y seminarios el debate no existe, los asistentes pueden elegir entre aplaudir como focas o estar callados pensando en meterle el cursillo por el trasero a alguien mientras asienten con la cabeza.

Los empleados más entusiastas, más vacunados y más inclusivos son los que ascenderán más veloces en este ecosistema progremonguer-corporativo, sobre todo si acumulan méritos adicionales tales como el color de su piel, sus tendencias sexuales, o contar con una autopercepción de género estrafalaria.

Todo esto que cuento es algo habitual en las empresas y en las administraciones públicas en EE.UU. donde viven inmersos en una ola woke (equivalente anglosajón a progremonguer) y donde manifestar opiniones que están fuera del “consenso” supone ser sancionado o despedido; donde no estar vacunado supone perder tu trabajo y donde los méritos del esfuerzo y la valía se están sustituyendo por el color de la piel o las tendencias sexuales.

Para personificar esta nueva meritocracia tenemos a la primera hembra almirante de cuatro estrellas, Rachel Levine. Digo lo de hembra porque los mismos que se dedicaban a dar la torra con que el sexo y el género son dos cosas distintas, ahora ya se han olvidado de esa tontería y se abonan a otra aún mayor. Numerosos medios de comunicación se refieren a Levine como la primera hembra (female) y no la primera mujer (woman) con ese cargo.

Sea como fuera esta pediatra imitadora de los Morancos, que jamás ha vestido el uniforme de la US Navy y que no ha servido a su país como militar ni un solo día, es ahora almirante de cuatro estrellas además de la número dos del equivalente estadounidense al Ministerio de Sanidad en España.

Su mérito principal es ser trans, eso solo le ha valido para que se cree un nuevo puesto en el almirantazgo, para que la hembra que nació con rabo y pelotas y jamás pisó un cuartel personifique el nuevo “American Way”.

Dr. Rachel Levine in uniform
Rachel Levine con su uniforme de almirante
Rachel Levine
Rachel Levine con el pelo suelto.

En un mundo gris como al que vamos de cabeza, los que sostenemos ideas que hasta hace cinco años eran aceptadas como obvias, tenemos cada vez menos posibilidades de alzar nuestras voces. Los que hemos desarrollado un bendito espíritu crítico estamos expuestos a ser despedidos, señalados como fascistas y, si dejamos seguir avanzando a los verdaderos fascistas, pronto tampoco podremos comprar, vender, viajar o quizá existir (quien quiera ver por donde van a ir los tiros que busque en duckduckgo o en Tor “China Social Credit”).

Los individuos que hemos crecido disfrutando de una libertad que hoy los jóvenes ni pueden imaginarse, que sostenemos que es la persona y sus libertades y derechos, no el rebaño ni los sentimientos inventados, quien merece protección, tenemos cada vez menos opciones. Cuando las empresas, la Administración, las cibertiranías y los medios de comunicación nos embuten su puto “consenso” artificial podemos guardarnos nuestras ideas en nuestra conciencia y darles la razón como a los locos para que nos dejen vivir en paz y ganarnos la vida; podemos hacer partícipes de nuestras opiniones a nuestro círculo más cercano y emplear las redes sociales para que se visualice que el consenso que nos obligan a aceptar es tiranía disfrazada de repugnantes eufemismos; y podemos ir creando nuestro propio ecosistema libertario.

La opción de guardarte tus opiniones para tu conciencia y aparentar que aceptas todos los dogmas actuales y los que vayan pariendo estos cabrones puede causar úlceras y no lleva a ninguna parte. La opción de solo compartir con tu círculo más íntimo tus cuitas es la que más libre-pensantes adoptan y crea un ecosistema del tipo resistencia francesa a la ocupación nazi o al estilo de los primeros cristianos; está mejor que la primera opción, pero debemos recordar que a muchos antinazis les terminaron pillando y que los leones del circo romano se papearon a muchos cristianos. La opción de compartir tus ideas en el ciber-ecosistema progremonguer es más valiente pero debemos tener en cuenta dos cosas: la primera es que es solo cuestión de tiempo que seas expulsado de Twitter, Facebook y demás piadosas tiranías, y la segunda es que en las redes sociales estarás cada vez más identificado y tus opiniones vertidas en ellas tendrán cada vez más consecuencias en tu mundo profesional y laboral.

La única posibilidad de plantar cara a toda esta pandilla basura liberticida es ir creando ecosistemas de libre-pensadores en todos los niveles: internet, empresas, asociaciones abiertas. Cuando la red social Parler fue fusilada por un pelotón compuesto por Google, Amazon, Apple, Twitter y Facebook se pudo ver claramente hasta donde están dispuestos a apretar estos inclusivos hijos de cien mil millones de putas para evitar que existan alternativas a sus gulags. La aplicación de Parler no pudo ser descargada desde Google y Apple, Amazon les denegó su servicio de alojamiento por el que Parler pagaba 300 mil dólares al mes y se hizo llegar el mensaje a todas las empresas de software de que trabajar con Parler significaba desafiar a la mafia oligopolista que impera en internet. Y Parler murió, pero no en vano.

Otra empresa, GAB, aprendiendo de los errores de Parler, se dedicó a tener sus propios servidores y su propio software y salió adelante (Puedes seguirnos en Gab aquí: Freenoticias en Gab), Rumble y otras plataformas de vídeo fueron recogiendo a los miles de expulsados por YouTube y de su putita Vimeo (Puedes descargarte la app de Rumble aquí, y seguir nuestro canal de Rumble de Freenoticias aquí). Nuevos modelos de redes sociales como Locals , recientemente adquirida por Rumble, se están abriendo paso y Telegram florece (veremos hasta cuando se lo permiten) y muchos la empleamos para los temas serios dejando WhatsApp para las cosas nimias.

Tenemos que estar atentos a todas las iniciativas que están saliendo al mercado en internet para dar voz a los apestados que estamos excluidos del consenso y la diversidad grises, e ir tomando posiciones en este nuevo ecosistema. Redes sociales, vídeo, plataformas de pago, buscadores, empresas de alojamiento (hosting). De momento puede que creas que no lo necesitas pero llegará el día en que te tapen la boca y entonces deberás empezar desde cero. No busques en Google estas cosas, emplea Duckduckgo.com o bájate Tor.

Y cuando la censura de las ideas alcance a las empresas, que lo acabará haciendo, además de salir a la calle, tocará crear nuevas empresas en donde se encierren en una mazmorra al delegado de sostenibilidad y a la de diversidad al menos 4 horas al día para poder contar chistes verdes y volver a ser adultos libres al menos a media jornada.

Freenoticias es mi aportación a esta revolución que está fermentando. Es mi proyecto porque fui yo quien con un presupuesto de 100 euros me puse a escribir artículos y a zurrar progremonguers subido en mi bulldozer online, bien pertrechado de ganas y de datos. Pero no quiero que Freenoticias sea mío sino de todos los que quieran desahogarse y que quieran con su nombre y apellidos o desde el anonimato de un nick, escribir sobre cómo ven ellos las cosas. Yo puedo publicar tan solo un número limitado de artículos (no me dedico profesionalmente a esto) y me gustaría que a través de esta web miles de personas pudieran publicar sus ideas. Estoy abierto a dar cabida a todas las ideologías, solo exijo dos cosas: cero amenazas y a ser posible razonar las cosas que se dicen y mejor aún si se aportan enlaces y referencias. Cuando digo lo de cero amenazas lo que quiero decir es que los insultos bien tirados y argumentados los considero adjetivos calificativos; la sátira, el sarcasmo, la ironía y la ridiculización son perfectamente aceptables en Freenoticias, tanto como el uso de la lógica o la deducción; lo que no acepto es que desde esta web se viertan amenazas. Amenazar es delito y no es libertad de expresión sino una promesa de ejercer la violencia.

Quien quiera aportar algo, ya sean artículos o ideas, puede ponerse en contacto a través de Twitter, de Gab , por correo electrónico contacto@freenoticias.com o dejando un comentario en este artículo.

Freenoticias está al servicio de quien quiera contar algo. Algunos ejemplos de posibles “autores”:

.- Los que piensen que la sociedad debe ser el sumatorio de individuos libres e iguales y que la Ley es una convención que acordamos las personas para defender nuestros derechos, nuestras libertades y nuestra forma de vida (civilización).

.- Los que crean que son esos derechos y libertades individuales los que son sagrados y no las leyes.

.- Los que sostengan que no merecen ningún respeto los estados que se olvidan de que sus jefes somos los ciudadanos y no los grupos de poder al servicio de intereses extraños

.- Los que quieran contar lo que quieran sobre lo que les dé la gana y de la forma que les apetezca (deportes, religión, política, arte, cultura, promocionar su bar de tapas, toros, naturaleza, belleza, moda, etc.)

Este artículo está dedicado a un libertario triple L (Live, Love and Liberty) apodado Shelby con el que he tenido interesantes intercambios de ideas y a quien también puedes seguir en Gab Cuando escribo lo hago pensando en gente como él y espero que pronto se anime también a escribir en Freenoticias.

No tengas miedo, levántate y lucha.

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4 Comentarios

  1. Espectacular.
    Los cimientos, los decentes, ahí es a donde debe dirigirse la batalla de las ideas.
    Derechos individuales, igualdad jurídica y fraternidad voluntaria.

  2. „Y cuando la censura de las ideas alcance a las empresas, que lo acabará haciendo” ES QUE YA LO HIZO HACE UNOS AÑOS CON EL TEMA DE LAS „SOFT SKILLS”!!!!! Seguramente te preguntarás qué es eso… Las „Soft Skills” vienen a ser tal cual tus cualidades psicológicas entendidas como producto mercantilizable en el entorno laboral. Justo inciden mucho en la proactividad, la resiliencia entendida como „la nueva forma de referirse a la resignación o de decirte que te jodas” como muy bien dices, el trabajo en equipo entendido como „no te esfuerces concienzudamente en tu tarea, autointerrúmpete constantemente pa poder hablar de nosequé ideas de negocio como si te brotaran 24/7 del cerebro (por cierto, a lo que llaman errónea e interesadamente “creatividad”, y peor aún, si por naturaleza no posees este rasgo, vete preparando pa que te tachen de ásperger, te enchufen un ≥33% de discapacidad non causa pro causa por ello, y con ello ya toda palabra fe tu parte sea sistemáticamente anulada, tergiversada, o cuanto menos cuestionada o tachada de dudosa, como si fuera la de un mentiroso, porque como de nuevo non causa pro causa, interpretas, interpretas, interpretas, interpretas, e interpretas, y se sobreentiende que mal cuando te dicen las cosas; y acto seguido, ve acabando en un puesto de trabajo reservao pa ese 1% de discapacitaos, metido hipócritamente, y to’l rato que te estén innegando que tienes cosas a trabajar (psicológicamente), y que cada vez que les preguntes cuáles, NUNCA te sean claros, por mucho que les insistas, incluso te dirán que ya te lán repetido mil veces), etc…

    Todo esto, muy especialmente en la práctica de toda esa mayoría de jóvenes egresaos de la Universidad que ya llevamos años en paro (dos en mi caso), causa ca pesar de las varias veces que nos han entrevistao, y TODO ha ido aparentemente perfecto en muchas de ellas, NUNCA nos contraten, y se saquen excusas como „no nos acaba de encajar tu perfil” o „nos encaja, pero acabamos de encontrar a otra persona que se ajusta a lo que buscamos”, ya después de haber asistido a varios seminarios tipo Barcelona Activa o similares, y ca pesar de haber resuelto todas tus dudas, acabes igualmente con muchas más de las que tenías al principio, y en este caso todas ellas sobrevenidas precisamente por las „Soft Skills”, nos empieza a desesperar, sobre todo si vivimos bajo un yugo de un maltrato psicológico vitalicio del tipo doméstico. Pa mi sorpresa, todo ese tinglao, al fin y al cabo es otro bodrio agendadosmiltrentístico más, y desde que así lo supe antenoche, sé que con eso nos pretenden tener perpetuamente en paro, enchufando una especie de apartheid laboral del tipo psíquico, como si existiera tal cosa como modos correctos (e incorrectos, por contraposición) de ser (personalidad)…!!! Como ya por naturaleza desencajemos en alguno de los rasgos exigidos, y “corregirlo” nos suponga tenernos que someter a una suerte de terapia de conversión de la personalidad, PAM!!!, somos áspergers. Y es aquí a su vez cómo se les cae la careta a los gilipollas cínicos que en los 90s tacharon de áspergers a muchos millones de niños en el mundo (yo entre ellos, nací en 1995) cuyos padres se preocuparon exageradamente porque no nos comportábamos como esperaran que lo hiciéramos, porque la misma aspergeridad ha sido la tergiversación iatrogénica de todo este cajón de sastre, aparte con el cuál desde entonces se está frivolizando muy rastreramente con el tema del autismo, algo que sí que existe y además sí que es grave en cualquiera de sus grados!!!

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