lunes, noviembre 29, 2021
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El Papa que detestaba la libertad

El Papa que susurra, y sonríe, a los dictadores comunistas no tolera que unos cubanos muestren sus banderas en la Plaza de San Pedro.

Ocurió este pasado domingo. Los cubanos que pacíficamente portaban banderas de su país y pancartas pidiendo libertad para los ciudadanos de Cuba fueron expulsados de la Plaza de San Pedro. El epicentro de la Iglesia Católica Un hombre arrodillado en la Plaza de San Pedro, en silencio y en la actitud más pacífica que se puede estar. Llega el servicio de seguridad vaticano, le retira la bandera y le invitan a marcharse.

¿La excusa? Que en El Vaticano no están permitidas las manifestaciones de índole política.

Es decir que el estado a cuya cabeza está un señor, el Papa, que pidió en Marruecos que no se evangelice a los musulmanes o que ha dicho que los comunistas piensan como los cristianos, prohíbe las manifestaciones políticas y además considera ilegal estar arrodillado rezando. El Papa se adhiere el principio comunista más universal: “Haz lo que yo digo y no lo que yo hago”

Un Papa que se hace caca ante el islam y que cuando viaja a Cuba es incapaz de reunirse con los representantes de la oposición. Un Papa que aboga por la inmigración masiva hacia Europa acogiéndose de forma repugnantemente hipócrita y selectiva al principio cristiano de la caridad, pero que cuando viaja a Cuba, que sufre una dictadura de más de 60 años, es incapaz de pasar unos minutos con los que sufren.

Un Papa caritativo cuando se trata de poner a Europa a los pies de los caballos y un frío camarada comunista que ignora a la machacada oposición al régimen infernal y criminal de esos con los que Francisco I se come los morros.

No me gusta este tipo. No me gusta el Papa que exige caridad para con la inmigración musulmana que nos invade y que a la vez prohíbe taxativamente evangelizarles. Me repugna el Papa que pasa por alto que la caridad se debe ejercer también con los “nativos” europeos –por mucho que no le gustemos a Su Santidad peronista– y con los que llegan de forma regulada y ganas de trabajar, de integrarse y de respetar. Aborrezco al Papa que justifica la matanza de Charlie Hebdó. Me avergüenza el Papa que se convierte en agente comercial de Johnson & Johnson en un vídeo y que dice que inyectarse algo tan poco eficaz como estas vacunas “es un acto de amor”

Un cristiano valiente golpea siempre hacia arriba y no hacia abajo, el Papa en cambio se ha posicionado claramente a favor de los intereses globalistas y ha logrado la proeza de que un comunista resentido y anticlerical hasta las trancas como Pablo Iglesias diga que está de acuerdo con el Papa en todo y que está a muerte con él. Usted señor Bergoglio detesta la libertad y los que comparten ese odio le adoran a usted cual Becerro de Oro. Fariseo, cabrón.

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