lunes, noviembre 29, 2021
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Ataque a una mujer en Vitoria. No Irene, no es por ser hombres, es por ser musulmanes

No existe un libro de cabecera del machismo que predique y enseñe a abusar de las mujeres, en cambio si lo hay para los musulmanes, se llama el Corán.

La ninistra de igual da que no condenó la violación de una mujer simpatizante de VOX en Reus a manos de tres musulmanes, califica de “agresión machista” un acto violento plenamente justificado por el islam y en nombre de este. La ninistra obvia el sustrato ideológico de la agresión porque no se ajusta al relato que a ella le mola, y sigue golpeando a sus fantasmas. En este caso sí le atacaron por ser mujer nini-stra, más concretamente por ser una mala mujer según ellos, que no se tapaba como ordenó su profeta.

Los hombres están al cargo de las mujeres en virtud de la preferencia que Allah ha dado a unos sobre otros y en virtud de lo que (en ellas) gastan de sus riquezas. Las habrá que sean rectas, obedientes y que guarden, cuando no las vean, aquello que Allah manda guardar. Pero aquéllas cuya rebeldía temáis, amonestadlas, no os acostéis con ellas, pegadles; pero si os obedecen, no busquéis ningún medio contra ellas. Allah es siempre Excelso, Grande. (Corán An Nísa –las mujeres– 4:34)

Nótese el detalle de que no hace siquiera falta que la mujer sea “rebelde”, basta con que un hombre “tema” que lo sea, para sacudirla. Se llama ataque preventivo, por si acaso, o golpear a una mujer a cuenta de futuras rebeldías.

Los que dicen que eso del velo, de cubrirse la cara y/o el pelo, es un tema cultural y no religioso y que es optativo te engañan. Cubrirse la cara es un mandato de Allah, el dios de la misoginia.

Aquellos de vosotros que tengáis dudas de esto que os cuento por favor abrid vuestros coranes por la sura 24, versículo 31 y leed conmigo:

“Y di a las creyentes que bajen la mirada y guarden sus partes privadas, y que no muestren sus atractivos a excepción de los que sean externos; y que se dejen caer el tocado sobre el escote y no muestren sus atractivos excepto a sus maridos, padres, padres de sus maridos, hijos, hijos de sus maridos, hermanos, hijos de sus hermanos, hijos de sus hermanas, sus mujeres, las esclavas que posean, los hombres subordinados carentes de instinto sexual o los niños a los que aún no se les haya desvelado la desnudez de la mujer. Y que al andar no pisen golpeando los pies para que no se reconozcan adornos que lleven escondidos. Y volveos a Allah todos, oh creyentes, para que podáis tener éxito” (Corán An Núr –la luz– 24:31)

Muy bien, ahora vamos todos a la sura 33, versículo 59:

¡Profeta! Di a tus esposas e hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran desde arriba con sus vestidos. Esto es lo más adecuado para que se las reconozca y no se las ofenda. Allah es Perdonador, Compasivo”. (Corán, Al Ahzab –los coligados– 33:59)

En este pasaje coránico Allah le dice a Mahoma que tapándose bien tapaditas las mujeres consiguen que los hombres no las ofendan. Viene a ser la versión islámica de “es que se visten como putas y luego pasa lo que pasa” o como diría Manolo Escobar: “no me gusta que en los toros te pongas la minifalda”.

Allah aprieta pero no ahoga, porque las mujeres tienen “derecho” a ir a cara descubierta y mostrar su pelo entre sus familiares varones (cuñados excluidos) o estando solo entre mujeres.

No hay inconveniente para ellas en cuanto a sus padres, hijos, hermanos, hijos de sus hermanos y de sus hermanas, las mujeres que sean de las suyas y las esclavas que posean. Y que teman a Allah, es cierto que Allah es Testigo de todas las cosas”. (Corán, Al Ahzab –los coligados– 33:55)

Desde una perspectiva islámica esta mujer de Vitoria no cumplía con las instrucciones dadas por Allah y unos buenos musulmanes le aplicaron generosamente –no le cobraron nada por sus “enseñanzas”– un correctivo.

Porque el dios de la misoginia –y de otras cosas peores– dice claramente que prefiere a los hombres (Los hombres están al cargo de las mujeres en virtud de la preferencia que Allah ha dado a unos sobre otros) y aplica su sexismo con matemática precisión: “El hombre tendrá el equivalente a la parte de dos mujeres” (Corán 4:11)

Para que le quede claro a Irene, por si aún no lo capta, el desprecio islámico por la mujer llega hasta el punto de que Allah exige que te limpies (te purifiques) si tocas a una, lo mismo que si has cagado, como si fueran un patógeno:

¡Vosotros que creéis! Cuando vayáis a hacer el salat, lavaos la cara y las manos llegando hasta los codos y pasaos las manos por la cabeza y (la mano) por los pies hasta los tobillos. Y si estáis impuros, purificaos. Y si estáis enfermos o no encontráis agua, estando de viaje o viniendo alguno de vosotros de hacer sus necesidades o habiendo tenido relación con las mujeres, procuraos entonces tierra buena y pasáosla por la cara y las manos. Allah no quiere poneros ninguna dificultad, sólo quiere que os purifiquéis y completar Su bendición sobre vosotros, para que podáis ser agradecidos” (Corán 5:6)

Es por ese miedo atávico al islam, el verdadero enemigo de la dignidad de la mujer, por lo que las petardas estomagantes como la ninistra de la vacuidad infinita, se dedican a perseguir a fantasmas blanditos e inexistentes que actúan como personajes de películas de Alfredo Landa y así tener algo que justifique su excesivamente remunerado y estéril no-trabajo.

En el caso de la mujer de Vitoria, esta tuvo “suerte” de parecer musulmana a ojos de sus agresores-educadores. A las mujeres musulmanas se les tiene un punto más de respeto porque se supone que son propiedad de un hermano (sea este marido, padre o hermano) y es una afrenta para su dueño musulmán (su mahram) que su protegida sea violada. Cuando se trata de una no musulmana a su condición ya de por sí patética de ser una mujer se le agrega el “agravante” de encima ser una infiel. Es decir una mujer no musulmana está en el último peldaño de la cadena trófica islámica.

Para los que no se crean esto último que por favor cojan la Sunnah de Abu Dawud 2155 (también podéis encontrarlo en el libro 12 de Dawud, el hadiz 110 o en su traducción al inglés en el libro 11, hadiz 2150). Leamos todos juntos:

Abu Sa’id Al Khudri dijo: “El Apóstol de Allah envió una expedición militar a Awtas con motivo de la batalla de Hunain. Se encontraron con su enemigo y lucharon con ellos. Los derrotaron y se los llevaron cautivos. Algunos de los Compañeros del Apóstol de Allah eran reacios a tener relaciones con las cautivas debido a sus maridos paganos. Entonces, Allah el exaltado envió el versículo del Corán: “Y todas las mujeres casadas (están prohibidas) a ti, excepto las (cautivas) que posee tu mano derecha”. Es decir, les son lícitos cuando finalizan su período de espera.

Si alguno quiere saber si Abu Dawud es una fuente de prestigio en la jurisprudencia islámica que por favor se acerque a su mezquita más cercana y lo consulte con su imán de referencia; luego que por favor comparta lo averiguado en nuestra sección de comentarios.

Una mujer infiel, a ojos de la jurisprudencia islámica, es como un caramelo sin dueño que a cualquier musulmán le es lícito saborear, más si encima son un caramelo sin el envoltorio islámico adecuado. Así de duro, así como suena.

El supremacismo y la misoginia islámicas son demasiado duros y crudos para que niñatas como Irene Montero puedan, o se atrevan siquiera a, masticar o hincarle el diente al verdadero y mayor problema que tienen las mujeres en todo el mundo.

Es por ese miedo atávico al islam, el verdadero enemigo de la dignidad de la mujer, por lo que las petardas estomagantes como la ninistra de la vacuidad infinita, se dedican a perseguir a fantasmas blanditos e inexistentes que actúan como personajes de películas de Alfredo Landa, y así tener algo que justifique su excesivamente remunerado e improductivo no-trabajo

Catálogo islámico, temporada 670-2021, de ropa para no ser violada.

Acierta Santiago Abascal al apuntar el hecho de que esta mujer fue agredida en Vitoria por un grupo de varones musulmanes que justificaron su acción en el hecho de que la “descarada” no iba convenientemente envuelta. Abascal debería ir un paso más allá y denunciar que no se trataba de un ataque machista sino de un acto violento en nombre del islam, como tantos que se producen “aisladamente” cada 0,05 segundos en todo el mundo.

No se trata de violencia machista porque no existe un libro de referencia del machismo que detalle tan exquisita y detalladamente cómo, cuánto, cuándo y por qué, arrearle a una mujer, abusar de ella o coleccionar hasta cuatro esposas y un número ilimitado de concubinas. No existe. Lo que sí existe es un manual muy popular, llamado Corán, que afortunadamente para todos, muchos musulmanes prefieren ignorar en todo o en parte, pero otros muchos –desgraciadamente– no.

Deseo con toda mi alma que las mujeres en España y en todo el mundo puedan pasear solas a cualquier hora por donde les venga en gana; condeno y rechazo que se ejerza cualquier tipo de violencia contra cualquier mujer (llevarte la contraria no es violencia Irene), pero no me engaño, tengo ojos y orejas y un cerebro entre estas últimas entrenado para captar a un hipócrita desde muy lejos.

Aquí te dejo el audio de la tía de la mujer agredida en Vitoria:

Tan totalitaria como la fe comunista que profesa Irene Montero es la fe islámica, aunque esta última opera tanto en el plano material como en el trascendente. Un musulmán bueno –entiéndase bueno bajo los estándares de su civilización– al morir espera ir a la Yanna, donde vivirá eternamente rodeado de vírgenes reciclables y bebiendo vino –ahí si se puede–; un marxista bueno al morir no espera nada sino un off eterno, un no ser. La media luna y la estrella roja comparten enseñanzas y ambas abogan por la sumisión y el gregarismo; pero a la hora de hacer locuras y matar o morir por “la causa”, la promesa comunista (el value proposition que diría un marketiniano cursi, valga la redundancia) es menos sexy que el planazo fiestero islámico. Por eso el islam le acabará siempre comiendo la merienda al comunismo. En China se esfuerzan en someter al islam compitiendo en atrocidad con ellos, y hacen mal, y en Occidente directamente se ha catalogado a los campeones del mundo de la misoginia como una intocable (aunque inexistente) religión de la paz. Los comunistas chinos a lo bestia, los nuestros se han empeñado en que la serpiente cobra que se desliza frente a ellos es una lombriz pacífica, una minoría que nos enriquece. Lo pagarán caro porque esa cobra no quiere ser su amiga y además les aborrece más que a nada.

El islam se aprovechará de resentidos como Irene para que les hagan el trabajo apartando el foco de la opinión pública sobre lo que se nos viene encima (ellos) y colaborando en la creación de inventos como la islamofobia para convertir, a ojos de las ovejas, a los depredadores en presas. Que no esperen agradecimiento.

Dice Irene que “seguiremos trabajando para garantizar que la calle y la noche también sean nuestras”. Además de un error en esa frase, también encuentro que el objetivo que dice querer lograr no se va a obtener si de Irene y su consejo de brujas marxistas depende. El error es que para seguir trabajando en pos de algo, es condición necesaria haber trabajado antes en ello, hay verbos más adecuados como posturear, marear (la perdiz), atorrar, etc. Y digo que el objetivo que Irene dice querer conseguir no se podrá alcanzar si lo fiamos todos a su pericia y a la de su equipo (trufado de convictos) de parásitos a sueldo, por la sencilla razón de que para superar un problema es imprescindible definir cuál es ese problema. Para freír un huevo, Irene, hay que cascarlo, no hay otra. Pero no se puede esperar de alguien que cobra por no hacer nada, salvo dar por culo, que encima sea valiente.

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