sábado, octubre 16, 2021
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De Malasaña a Torre-Pacheco. De embustes amplificados a atentados terroristas silenciados

Cuando un ministro del Interior da pábulo a un suceso sabiendo que la Policía sospecha que es un invento, y a continuación desaparece de la escena cuando un terrorista confeso mata a dos personas, podemos estar seguros de que para ese ministro la seguridad ciudadana está muy detrás de su agenda política.

Fernando Grande Marlaska no parece entender que la importancia o la gravedad de un delito no viene dada por el uso político que puedas hacer del mismo.

Cuando un ministro del Interior da pábulo a un suceso sabiendo que la Policía sospecha que es un invento, y a continuación desaparece de la escena cuando un terrorista confeso mata a dos personas, podemos estar seguros de que para ese ministro la seguridad ciudadana está muy detrás de su agenda política.

A Marlaska no pareció importarle que la Policía a sus órdenes le informara de la casi nula credibilidad que podía darse a un suceso acontecido a plena luz del día en un lugar, Malasaña, con más cámaras que en un plató de televisión. Ocho encapuchados bajando los pantalones a un sujeto para zurcirle la palabra «maricón» en el trasero era el tipo de titular que necesitaba el «relato» y allá que fue el ministro entrando al trapo como un miura… y cagándola.

Para el gobierno social-comunista algo tan accesorio y sobrevalorado como la verdad no puede estropearles los titulares que necesitan. El titular que precisan es que la homofobia se adueña de las calles y que VOX es el partido instigador de esa violencia todofóbica. La PSOE y ese batiburrillo de comunismo y cretinez postmoderna llamado Podemos, precisan encontrar a su némesis. Para compensar su dogmatismo y su fe en dogmas irracionales, los chicos de la PSOE y Podemos necesitan un montón de nazis que compensen, con otro dogmatismo y otra fe igualmente divorciadas del sentido común, su radicalidad. El problema que tienen Marlaska y su jefe, el Príncipe de la Mentira Sánchezstein, es que no hay suficientes nazis en España como los que les harían falta.

Ni siquiera rebañando en el albañal de los expulsados de los grupos más ultras logran orquestar un desfile de nazis suficientemente numeroso y creíble como para tapar el ridículo que hacen. Por suerte para algunos carecer de vergüenza tiene la ventaja de poder seguir haciendo el ridículo sin despeinarse demasiado.

Necesitan sustituir la verdad por ese eufemismo de la mentira llamado «relato». Se trata de aturdirnos contándonos realidades inexistentes para que no veamos lo que de verdad ocurre. Porque la realidad es que hay casos cada semana de magrebíes reventando los dientes de niñas, de violaciones en manada cometidas por musulmanes –siguiendo el islámico precepto de maltratar a los infieles–, y un flujo continuo de inmigración ilegal que nos venden como migrantes climáticos o refugiados, pero que son tipos jóvenes, casi todos varones, atraídos en gran parte por la promesa de poder vivir del cuento.

Tapar la realidad es lo que esta gentuza sin escrúpulos necesita y si es necesario sacar a desfilar a una piara de descerebrados cuya única ideología es montar gresca, para sostener su falso relato y que nos olvidemos del «bulo del culo», pues se organiza, faltaría más. Nada que no hayan hecho antes como todos vimos un 11 de marzo… Cuando no se tienen escrúpulos todo vale, es solo cuestión de poner cara de póquer para que no se les note la risa que les provoca chotearse de los que les pagamos el sueldo.

Y en esas estamos, escuchando a estos radicales de la mentira avisándonos de que viene un lobo que ni está ni se le espera mientras un montón de hienas, estas sí muy reales, se ríen de todos mientras depredan con el aval de pertenecer a una «especie protegida» por el progremonguerismo oficial, con sus coloridas costumbres enriquecedoras y tal.

En Torre-Pacheco una de estas hienas se llevó por delante la vida de dos personas el pasado 17 de septiembre justo un día antes de que los nazis de atrezzo desfilaran al rescate de Marlaska por Chueca. Nos hemos hartado de ver a esta chusma gritando «fuera maricas de nuestros barrios», tan sospechosamente parecido al «fuera fascistas de nuestros barrios», pero del atentado terrorista del día anterior nada.

hay que seguir distrayendo al personal con lo que haga falta no sea que la gente llegue a la obvia conclusión de que el islam es una amenaza real y el nazismo un puñado de estrafalarios espantapájaros mamarrachos, infiltrados y usados por todos los cuerpos de seguridad del Estado

Mientras que el señor ministro del Interior corre a condenar un ataque inexistente, casi a la vez su ministerio se apresura a no calificar como ataque terrorista un atentado islámico de libro como el ocurrido en la terraza del Bar Honey´s en Torre-Pacheco. Y los medios a dar palmas.

A pesar de que en este caso sí hubo víctimas de verdad, sí hubo testigos de verdad y hasta hubo una declaración del terrorista suicida, ecrita de su puño y letra, declarando «este es un acto terrorista». Para estas cosas, los ataques de verdad, que no molesten al señor ministro que está corriendo en su cinta.

Y la prensa que sobrevive con (o de) la publicidad institucional, todos en primer tiempo de saludo ante el Soviet Supremo del sancheztanato. Los que publicaban algo nada más cometerse el atentado , como El Confidencial, hablaban de que «el coche circulaba con exceso de velocidad y ha perdido el control». Accidente de tráfico…, y pasados los días, solo noticias de pago en El Mundo o notas escondidas en la gatera de las webs menos marxistas. Silencio, hay que centrarse en que viene el lobo imaginario y no dispersarnos contando como nos devoran las hienas –de verdad– en el nombre de Allah.

Da lo mismo que el terrorista islámico de Torre-Pacheco, Abdellah Gmara, en su carta de intenciones que llevaba en el mismo coche que tomó prestado para matar, declarara que «este es un acto terrorista» y pidiera que se haga justicia «por no respetar nuestra religión el islam»; el problema sigue siendo la homofobia de los de aquí de toda la vida.

Cuando a un señor que al parecer se prostituye se le va la mano permitiendo a sus clientes que le firmen el culo y se inventa un ataque de ocho encapuchados para que su pareja no se enfade con él, sale el ministro del Interior a alertarnos todo serio de una plaga bíblica de homofobia. El matiz de que la Policía le avisara de que era una trola descomunal, como que no cuenta. Cuando un asesino de forma premeditada, y con todos los papeles a bordo explicando que lo suyo un atentado terrorista islámico, lanza un coche prestado contra una terraza repleta de infieles matando a dos e hiriendo a cuatro, entonces la hipótesis es un accidente de tráfico. Lo primero a toda plana, lo segundo un hecho aislado, y ya van miles. Es el relato «my friend».

Da igual que entre las notas encontradas en el coche, con el que este cabronazo viajó al infierno, asesinando a dos personas e hiriendo a cuatro, se encontrara la declaración de fe del islam, la Sahada, que dice que “no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”; da igual, el problema son los nazis de Chueca. Solo le faltó a este asesino terrorista ir a un notario para que diera fe de que mataría por y para el islam; y aún así no sería relevante para nuestro gobierno de –y para– la distopía. Para esta basura que infecta los bancos azules del Congreso, como he dicho al principio de este artículo, la gravedad de un delito la determina el provecho político que puedan obtener del mismo las sanguijuelas como Marlaska, y no la peligrosidad ni el daño objetivos que los delitos causen a la víctima y a toda la sociedad. Pido disculpas por mezclar dos mundos paralelos que raramente se cruzan, como la política y la objetividad.

Algunos de los escritos del asesino islámico Abdellah Gmara

Hay que distraer al personal gritando que viene el lobo de sus cuentos, señalando con grandes aspavientos en una dirección, mientras por todas partes las hienas reales se montan un bufé libre a nuestra costa. No hay en España una amenaza nazi inminente ni grupos organizados que se reúnan en cada rincón de nuestra patria para pasar el rato solazándose con la lectura del Mein Kampf. En cambio sí tenemos reuniones cada viernes, en cada pueblo de España, para celebrar las hazañas bélicas y las proezas sexuales de un señor que se casó con hasta 11 mujeres, incluyendo a una niña de 6 años y para oír lo malos que somos los no sometidos al tal Allah.

Gracias a Dios los musulmanes son gente pacífica en su mayoría. Esta bondad de la mayoría de los musulmanes se debe más a la empatía –no hacer a los demás lo que no te gustaría que te hagan a ti– que reside en la naturaleza humana (no en la de todos), a la incomodidad que supone ir a la cárcel y a saber ignorar ciertos mandatos de Allah, que a las enseñanzas coránicas. Son buenas personas a pesar de, no gracias a. Eso está muy bien, yo soy un gran apasionado del espíritu humano.

El hecho afortunado de que el islam no se practique plenamente por parte de la mayoría de los que se consideran musulmanes, es una suerte pero no una excusa. El islam sigue siendo una ideología supremacista, violenta y misógina capaz de justificar auténticas barbaridades y con una doctrina legal, la Sharia, brutal. Ahí está para quien necesite encontrar una excusa para matar, amputar o lapidar. Pero ya se sabe, el relato, es decir la mentira que toca en cada momento, manda, y hay que seguir distrayendo al personal con lo que haga falta, no sea que la gente llegue a la obvia conclusión de que el islam es una amenaza real y el nazismo un puñado de estrafalarios espantapájaros mamarrachos, infiltrados y manipulados por todos los cuerpos de seguridad del Estado.

Aseguro sin equivocarme que existen muchas más posibilidades de encontrar inspiración y ser incitado a la violencia más desorejada leyendo la sura 8 del Corán («De los Botines de Guerra») que repasando el Evangelio según San Mateo. Estamos al albur de dónde quieran poner el foco los imanes de las mezquitas que hay en España, controlados por nuestro «tradicional amigo» del sur, y eso es un riesgo de verdad… pero no encaja, de nuevo, en el «relato»…de los cojones.

Si el colectivo alfabético (LGBTI) tuviera un genuino interés por defender los derechos de sus afiliados obligatorios, en lugar de dedicarse a tutelarlos y a hablar y pensar por y en nombre de ellos, serían los primeros en señalar al islam como su gran problema. Bien es cierto que el islam dista mucho de ser una ideología homofóbica, eso se le queda pequeño, es más bien una doctrina homocida y hasta homofágica, que entienden la homosexualidad y la transexualidad no como un asunto de cada cual, sino como un problema pendiente de, y que debe ser erradicado. Pero el colectivo alfabético es muy cumplidito y saben que el relato progremonguer es que todas las religiones son iguales y el islam es encima la religión de la paz. Solo tienen que viajar a la vuelta de la esquina, a Marruecos y darse un morreo en una plaza de Tetuán para descubrir el código penal, eso si tienen la suerte de no ser linchados antes. También pueden experimentar la islámica gay friendliness por algunos barrios de Barcelona o de Madrid.

a mí me preocuparía bastante más que un señor nacido en EE.UU. viaje a Londres para cobrar por dar una conferencia en la que explica las cinco maneras de castigar la homosexualidad (spoiler: todas con resultado de muerte). En el siguiente enlace tienes el artículo completo, y aquí está el vídeo:

La inmigración homocida que la izquierda quiere importar

Lo dicho para el colectivo alfabético valdría igual para el de las vaginas furiosas, que andan más ocupadas y preocupadas con erradicar los piropos o cualquiera de los micromachismos que sus mentes descarriadas pergeñan cada semana, que de poner a las mujeres en guardia ante la misoginia hecha fe: el islam.

Es como quien está sentado a la mesa, y justo encima hay una cobra real, pero llama la atención a los comensales sobre una cucaracha que dice que ha visto y que le da mucho asco. La cobra no pica, solo quiere ser tu amiga.

Estamos al albur de dónde quieran poner el foco los imanes de las mezquitas que hay en España, controlados por nuestro «tradicional amigo» del sur, y eso es un riesgo de verdad… pero no encaja, de nuevo, en el «relato»…de los cojones.

Cuando a un señor que al parecer se prostituye se le va la mano permitiendo a sus clientes que le firmen el culo y se inventa un ataque de ocho encapuchados para que su pareja no se enfade con él, sale el ministro del Interior a alertarnos, encima todo serio, que una plaga bíblica de homofobia se cierne en el horizonte. El matiz de que la Policía le avisara de que era una trola descomunal, como que no cuenta. Cuando un asesino de forma premeditada, y con todos los papeles a bordo explicando que lo suyo es un atentado terrorista islámico, lanza un coche prestado contra una terraza repleta de infieles y mata a dos e hiere de gravedad a cuatro, entonces la hipótesis más plausible es un accidente de tráfico. Lo primero a toda plana, lo segundo un hecho aislado, y ya van miles. Es el relato «my friend».

¿Cuál es la posibilidad de ser asesinado por dibujar una caricatura satírica de Jesucristo y cuál la de serlo por dibujar a Mahoma? ¿Cuántos musicales sobre la vida del profeta árabe conoces del estilo de Jesucristo Super Star? Preguntas que suelto a volar para que cada cual reflexione.

Y no faltarán nunca voces feministas y antifascistas como la de Teresa Rodríguez para decirnos que aquello de Al Andalus era una arcadia de tolerancia y respeto pasando por alto la floreciente industria de castración de niños cristianos, las razzias sistemáticas, las esclavas sexuales y las matanzas de infieles. Un día se me ocurrió contarle un cuento a esta anticapitalista tan preclara. Tal vez te interese leerlo:

El gremio de los «colectivos» seguirán mirando para otro lado y señalándonos al fóbico folclórico nativo, hasta que las hienas –que les detestan– se los estén comiendo por las patas, y tal vez ni aún así . Y Marlaska feliz.

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(*) también puede leerse

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