jueves, septiembre 23, 2021
InicioOpiniónFora do MundoHasta los cojones de gacelas y leones

Hasta los cojones de gacelas y leones

Hay que ser especialmente idiotas para desarmar a tus aliados y entregar las armas a tus enemigos. Lo dicho: hasta los cojones.

Nos están matando, dicen. Se ve que el arco iris no es ese escudo mágico que nos quieren hacer creer, y que por el mundo adelante rigen otras costumbres, nada amables para el hombre.

Piden igualdad global, «sin puertas al campo», y la abolición de las fronteras. La Pachamama mal entendida. Los del colectivo alfabético llevan pasándose de frenada desde que −afortunadamente− en occidente se les ha reconocido iguales derechos civiles que al resto.

Occidente es un frágil ecosistema y un reducto de paz; un lugar donde el barbarismo de otras épocas ha sido desplazado por sistemas de libertades, alcanzados después de siglos de guerras, todos contra todos, dos de ellas mundiales dentro del margen de tiempo de menos de medio siglo. Pero occidente es el mal. Y el resto del orbe, el paraíso.

Occidente languidece. Se abate la oscuridad donde tantos dieron sus vidas para traer luz. Y hay días que se hacen especialmente pesados y ya no se puede decir aquello de que «no cabe un tonto más» y esto se está llenando con todo lo peor y a tu casa vendrán que de ella te echarán. Polisíndeton a tope.

El género bobo ha ayudado mucho a que la ciudadanía se haya acostumbrado a creerse en lo peor. Del género bobo son todos aquellos, aquellas y aquelles que defienden que leones y gacelas pueden convivir en paz y armonía. Son del género bobo, y además son las gacelas. Los leones son de importación, por lo antedicho de no poner puertas al campo. Los leones no creen que deban hermanarse con las gacelas para vivir en paz y armonía. Los leones no saben ser otra cosa que leones. Los leones comen gacelas. Llegado a esta lógica exposición de la realidad cabría finalizar con un «y punto». Pero la lógica no opera en cabezas huecas, ni cabe razonamiento inteligente ni exposición razonada de la realidad donde una parte de las gacelas acusan de ser perversas y malas a la otra parte de las gacelas, bajo el pretexto de que avisan del peligro de los leones y defienden que ambas especies mejor por separado y que ancha es Castilla y que cada perrito que se lama su pijito y el que no esté a gusto que se largue o deje de joder. Así, todo junto.

La ciudadanía se cree en lo peor porque nunca ha cotejado lo que tiene con lo que va a tener como sigamos así. Nos están matando, les dicen. Y se lo creen. Lo que no ven es quiénes están matando y la legitimación que creen tener para ello.

Pero colgamos banderitas de colores en las fachadas de los edificios públicos. Y pintamos los pasos de cebra también a colores. Y nos decimos mutuamente que podemos ser gacelas macho o hembra, o percibirnos antílopes, elefantes, unicornios e incluso leones. Y los leones de verdad no dan crédito: menú a la carta, servido en bandeja de plata.

Gacelas, «voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros», y si pudiera haría lo que Estanislao Figueras. Lo que ocurre es que en Francia hay incluso más gente del género bobo que en España. Y en el resto de Europa por ahí anda la cosa. Se salvan, de momento, húngaros y polacos. A ver lo que dura.

Hay que ser especialmente idiotas para desarmar a tus aliados y entregar las armas a tus enemigos. Lo dicho: hasta los cojones

Gallego Rey

Húngaros y polacos tienen claro –de momento− que a los leones se les pone límites no actuando contra ellos como gacelas, sino como hombres libres, herederos de quienes dieron su sangre por nuestra libertad, que no se negocia. Húngaros y polacos saben que no caben eufemismos ni cesiones con quienes es verdad que nos están matando, porque vienen a Europa para ello. Matarnos físicamente a los que puedan, mientras no nos defendamos, hasta matarnos como civilización. Húngaros y polacos tienen también muy claro que eso de acoger a todo bicho viviente que lo pretenda es un plan con muchas fisuras.

Los del colectivo alfabético, empero, no saben que pedir abrir las puertas a todo el mundo implica pasar a formar parte del menú del día de los leones. Los del colectivo alfabético no saben que, al final, o sucumbimos como gacelas indefensas, o nos convertimos en húngaros y polacos, o sea, en hombres, y echamos de nuestras tierras a patadas a los leones. Y después de eso ajustamos cuentas con tantos, tantas y tantes del género bobo, que me tienen, y me temo que no soy el único al que le pasa, hasta los cojones. Y quien dice colectivo alfabético, dice feminismo de amebas.

Porque los del colectivo alfabético y el feminismo ameba se han equivocado de bando, situándose en contra de los únicos que pueden frenar a quienes afilan los cuchillos para rebanarles y rebanarnos el cuello. Y, sinceramente, de no ser que le tengo mucho cariño al mío, hasta me haría gracia eso que tan pedantemente ellos, ellas y elles mismos, mismas y mismes llaman karma. Porque le tengo cariño a mi cuello y respeto a los millones que dieron sus vidas para que ahora nosotros podamos vivir la mar de bien, sin merecerlo, la mayoría.

Hay que ser especialmente idiotas para desarmar a tus aliados y entregar las armas a tus enemigos. Lo dicho: hasta los cojones.

Puedes seguir al autor Gallego Rey en su web GallegoRey.com

Síguenos en nuestro Canal de Telegram

La mejor manera de enterarte de las iniciativas que desde Freenoticias vamos a ir impulsando. Conferencias, debates, nuevos colaboradores, convocatorias. Esto solo ha empezado y este medio libertario va a por todas.

Gallego Reyhttp://www.gallegorey.com
"Escritor disléxico. Editor de bajos fondos. Enemigo íntimo de mí mismo. No soy de fiar. Ironía antes que sarcasmo"

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies