jueves, septiembre 23, 2021
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Otro macarra, Ernest Folch, quiere castigar a los «antivacunas»

Tratar de convencer con algo que no sean amenazas y castigos es tratar a los ciudadanos como a adultos, aullar pidiendo castigos desde la columna de un periódico, solo sirve para demostrar, una vez más, la pasta de la que estás hecho Ernesto, una pasta de similar textura y olor a la de la diarrea excretada por un cerdo.

El déspota Foch se pregunta «¿por qué estamos tardando tanto en castigar a los que se niegan a vacunarse y a coartar sus derechos hasta que entiendan que perjudican a todos los demás?»

Folch afirma, en su artículo de El Periódico publicado el pasado 16 de agosto, que «los defensores de los mal llamados derechos individuales se empezaron a poner pesados» a cuenta del uso obligatorio de las mascarillas «a pesar de su eficacia probada». Por supuesto lo de aportar algún estudio que sustente esa supuesta eficacia «probada» sería algo demasiado facha y riguroso para este macarra engreído.

Yo por mi parte me remitiré a las palabras de Federico Martinón, uno de los doctores mejor remunerados por las empresas farmacéuticas, quien afirmó que «hemos conseguido que la gente circule por la playa o haga deporte al aire libre con mascarilla, sin evidencias científicas que demuestren claramente el beneficio objetivo de dichas medidas» y además dada mi querencia facha, también he hecho mis deberes y he publicado un artículo recogiendo estudios que desmienten la utilidad de las mascarillas.

En mi artículo del pasado 31 de julio en el que mandaba saludos a Fernández Vara por su idea de bombero torero de obligar a usar mascarilla ad aeternum durante 4 meses al año, recojo 4 estudios en los que se concluye que el uso de las mascarillas no proporciona beneficios:

Jacobs, J. L. et al. (2009) “Uso de mascarillas quirúrgicas para reducir la incidencia del resfriado común entre los trabajadores de la salud en Japón: un ensayo controlado aleatorio”, American Journal of Infection Control, Volumen 37, Número 5, 417–419.

Resultado: «Los trabajadores de la salud (PS) con máscara N95 tenían significativamente más probabilidades de experimentar dolores de cabeza. No se demostró que el uso de mascarillas faciales en trabajadores sanitarios proporcione beneficios en términos de síntomas de resfriado o resfriados».

Radonovich, L.J. et al. (2019) “Respiradores N95 frente a mascarillas médicas para prevenir la influenza entre el personal de atención médica: un ensayo clínico aleatorizado”, JAMA. 2019; 322 (9): 824–833.

Resultado: “Entre 2862 participantes asignados al azar, 2371 completaron el estudio y representaron 5180 temporadas de TS. … Entre el personal de atención médica para pacientes ambulatorios, los respiradores N95 frente a las máscaras médicas que usaban los participantes en este ensayo no dieron como resultado una diferencia significativa en la incidencia de influenza confirmada por laboratorio».

Long, Y. et al. (2020) “Eficacia de los respiradores N95 frente a las mascarillas quirúrgicas contra la influenza: una revisión sistemática y un metanálisis”, J Evid Based Med. 2020; 1-9.

Resultado: “Se incluyeron un total de seis ECA con 9.171 participantes. No hubo diferencias estadísticamente significativas en la prevención de la influenza confirmada por laboratorio, infecciones virales respiratorias confirmadas por laboratorio, infección respiratoria confirmada por laboratorio y enfermedad similar a la influenza utilizando respiradores N95 y mascarillas quirúrgicas. El metanálisis indicó un efecto protector de los respiradores N95 contra la colonización bacteriana confirmada por laboratorio (RR = 0,58, IC del 95%: 0,43-0,78). El uso de respiradores N95 en comparación con las mascarillas quirúrgicas no está asociado con un menor riesgo de influenza confirmada por laboratorio «.

Bin-Reza y col. (2012) “El uso de mascarillas y respiradores para prevenir la transmisión de la influenza: una revisión sistemática de la evidencia científica”, Influenza y otros virus respiratorios 6 (4), 257–267.

Resultado: “Había 17 estudios elegibles. … Ninguno de los estudios estableció una relación concluyente entre el uso de mascarillas / respiradores y la protección contra la infección por gripe ”.

Ernest Foch pertenece a ese tipo de sujetos que ejercen el sacerdocio progremonguer con piadosa devoción y entrega. Estamos ante un magnífico ejemplar de «Homo Correctensis» que ha dedicado su carrera profesional a garrapatear el gremio editorial catalán, un gremio por lo demás bien emponzoñado por el separatismo e infectado de un marxismo cultural monolítico. Foch es un sectario dentro de un gremio de sectarios, y por supuesto le va muy bien en ese ecosistema liberticida que es la prensa y el negocio editorial en Cataluña.

Foch, como buen sacerdote del correctismo político más hediondo, es de los que piensan que basta con que él diga una mentira –como lo de la eficacia probada de las mascarillas– que esté santificada por los obispos del Pensamiento Único, para que los demás la aceptemos como una revelación divina. Los progremonguers consagrados como este macarra, tienen una vocación de catequistas que no tratan de disimular. Como buen predicador de las verdades reveladas de la religión correctensis este chulo no necesita argumentar nada ni ofrecer datos. Los sacerdotes de la curia progremonguer, como Ernest, no ofrecen argumentos, eso es facha. Ellos solo te obligan a comprar sus dogmas bajo pena de excomunión. Una excomunión que un servidor se ha ganado a pulso hace años, por lo que me puedo entretener bien a gusto breando a estos macarras de pluma mercenaria, importándome una higa que me llamen lo que les apetezca.

La parte más repugnante del artículo de Foch, la que más le retrata como el cretino liberticida que es, es en la que se refiere a los «defensores de los mal llamados derechos individuales» ¿Cómo se llaman entonces los derechos de las personas tomadas una a una Ernesto? Su pésima redacción no permite entender si se refiere a que no debería existir el derecho a elegir si quieres o no inyectarte algo, o si directamente descarta que exista algo tan nefasto como los derechos individuales.

Cuando alguien apela a los derechos colectivos y encima lo hace despreciando los derechos individuales, podemos estar seguros de encontrarnos ante un déspota y un grandísimo liberticida, como es el caso del macarra que nos ocupa. Es un diagnóstico que nunca falla.

Foch equipara inyectarse unos compuestos aún en fase experimental con el uso del cinturón de seguridad o el detector de metales de los aeropuertos, preguntándose por qué esta –la vacuna– no es obligatoria también. Tal vez sea porque no te inyectas el cinturón de seguridad sino que te lo cruzas por el torso, y porque el uso del cinturón al volante no provoca efectos secundarios potencialmente letales. Comparar pasar por un campo electromagnético un segundo con llevar en tu organismo de por vida una sustancia, tampoco es muy razonable. Pero Ernest es progremonguer y está acostumbrado a no necesitar ofrecer argumentos, cuarto y mitad de demagogia, un par de dogmas, y listo. Eso de argumentar e indagar se queda para los fachas como un servidor.

Ernesto da rienda suelta a un celo progremonguer desatado cuando habla en estos términos: «los indeseables que se niegan a vacunarse, que alegan justamente sus malditos derechos individuales». A Ernest le sorprende y se queja de que los estados y las empresas estén siendo demasiado benevolentes, a su entender, con esta chusma asquerosa y su obsesiva fijación patológica por defender sus malditos derechos individuales. Hay que agradecer a este señor este arrebato suyo de sinceridad que le retrata como lo que es: un macarra.

Otras dos perlas más de este jactancioso macarra fanfarrón de alma despótica :

«¿Por qué estamos tardando tanto en castigar a los que se niegan a vacunarse y a coartar sus derechos, hasta que entiendan que perjudican a todos los demás?»

Ernesto no es el primero en hacerse esa clase de preguntas dignas de cualquier déspota ¿Por qué estamos tardando en gasear a los que perjudican al Pueblo? se preguntaron algunos; otros sintieron una urgencia similar y se preguntaban ¿por qué estamos tardando tanto en llevar a los gulags a los enemigos de la Clase proletaria? Las dictaduras siempre dicen hacer las cosas en nombre de los derechos del Pueblo, de la Raza, o de la Clase obrera. No poder preguntarle a ninguno de estos «colectivos» acerca de cómo ven las cosas es muy útil porque es el dictador quien se convierte en el medium a través del cual el espíritu del «pueblo» se manifiesta. Erigirte en el «portavoz del pueblo» y en defensor de sus derechos, capaz de desentrañar sus ansías y cuitas, es una excelente manera de secuestrar los derechos individuales de quienes forman parte de ese pueblo.

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Te dejo una buena lectura para adentrarte en la psique desquiciada de «personajos» como Ernest Foch:

Que haya gente que recele de la conveniencia de inyectarse algo es bastante lógico, más si cabe cuando la evidencia muestra que esas sustancias no inmunizan completamente. Los llamados antivacunas son gente que mayoritariamente está a favor de las vacunas testadas durante décadas y que han seguido un proceso de aprobación que precisa de años de análisis clínicos y de recopilar datos sobre los efectos secundarios. No conozco antivacunas que se opongan a que sus hijos reciban las vacunas contra el sarampión, la rubeola o la hepatitis B. La gente puede ver que los efectos secundarios de las vacunas que se aprueban siguiendo un procedimiento riguroso –lleva obligatoriamente varios años conocer todos los efectos de una vacuna– son ya conocidos tras décadas de uso y ven que no ocurre esto con vacunas desarrolladas en tiempo récord y con tecnología novedosa.

Tratar de convencer con algo que no sean amenazas y castigos es tratar a los ciudadanos como a adultos, aullar pidiendo castigos desde la columna de un periódico, solo sirve para demostrar, una vez más, la pasta de la que estás hecho Ernesto, una pasta de similar textura y olor a la de la diarrea excretada por un cerdo.

Pero Ernest considera que hay que machacar y castigar a esta gente por las malas porque dice que por las buenas no pudo ser ¿Cómo fue por las buenas Ernestito? Porque pedir «porfa, porfa, vacúnate» no me vale. Dame datos capullo, aunque eso suponga que tengas que elaborar tus artículos con una pizca de rigor para variar.

Yo que soy muy pero que muy facha, te daré datos Ernesto; datos avalados por la agencia del medicamento del Reino Unido.

Las actuales vacunas contra el virus chino provocan en 7 meses 17 veces más reacciones adversas y 5 veces más muertes que las 8 últimas vacunas aprobadas (estas sí) durante los últimos 10 años. Mira tú por donde, me pongo a desconfiar. Lo que afirmo está avalado por los datos de la agencia del medicamento británica, MHRA, facilitados a petición ciudadana (Fuente: The Daily Expose)

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Yo prometo defender la vacuna contra el Covid (o la que sea) el día que después de consultar distintas fuentes y con datos, llegue a la conclusión de que son casi tan recomendables como las aspirinas o como las vacunas que llevan lustros en el mercado. Mientras tanto, a fecha de hoy, son solo presuntas vacunas que confieren un grado de inmunización cada vez más ridículo, que emplean una técnica novedosa (ANR mensajero) nunca antes probada, y que antes de que se conozcan los efectos secundarios a medio y largo plazo ya provocan 5 veces más muertos y 17 veces más reacciones negativas que vacunas con 10 años en el mercado y al menos otros 5 de pruebas a las espaldas. Por mucho menos que eso se han retirado varias vacunas antes.

Quien se quiera vacunar que lo haga porque así se inmuniza y no se muere de virus chino, ¿o no era así?, y quien no quiera hacerlo porque prefiere esperar a ver qué pasa que no lo haga. Tratar de convencer con algo que no sean amenazas y castigos es tratar a los ciudadanos como a adultos, aullar pidiendo castigos desde la columna de un periódico, solo sirve para demostrar, una vez más, la pasta de la que están hechos algunos, una pasta de similar textura y olor a la de la diarrea excretada por un gorrino.

Que a un liberticida defensor del independentismo irredento, un aldeanista tractoriano como Foch, se la ponga dura arramplar contra el concepto de individuo es algo que está en su naturaleza, la cabra tira al monte

No espero que un sacerdote ordenado en la secta progremonguer como Ernest lo entienda, pero son esos empecinados en salvaguardar su libertad y sus «malditos» derechos individuales los que, lejos de perjudicar a los demás, logran que todos nos salvemos de las garras de los tiranos y de su patética curia de enjabonadores profesionales.

«Los negacionistas deben entender por las malas… que no hay derechos individuales si se pisan los colectivos»

Los macarras engreídos deben entender, y no vamos a parar de recordárselo, que los colectivos no poseen derechos porque los derechos son de los individuos. No hay derechos colectivos si se pisan los derechos individuales que el cabronazo de Ernesto maldice. Los colectivos no lloran, no van a la cárcel, no son fusilados, no aman; esas cosas las hacen, las sienten y les pasa a los individuos. Sin derechos individuales pierde todo el sentido hablar siquiera de los mal llamados –esta vez sí– derechos colectivos. Los derechos colectivos son solamente el sumatorio de los derechos individuales

Todas las grandes tiranías se han erigido empleando como coartada los derechos de los colectivos (el pueblo, la clase, la raza) mientras laminaban los «malditos» derechos individuales.

Cuando Ernest habla de «coartar sus derechos» demuestra, seguramente de forma inadvertida, que está en el bando de los que piensan que los derechos individuales los concede el estado (o tal vez las empresas, vete a saber). Los que somos de la opinión de que la labor del estado no es conceder derechos o modularlos, porque los derechos son patrimonio de las personas y no un préstamo del Estado, entendemos que el Estado es un mal necesario que debe emplear el monopolio de la fuerza que le concedemos los ciudadanos (sus jefes) para defender esos derechos y no para jugar a ser quien los inventa o concede.

Es muy sano desconfiar de quienes se muestran incapaces de defender sus postulados con razonamientos medianamente sólidos, o que tal vez piensan que no necesitan argumentar nada porque están en posesión de dogmas incuestionables.

No hay que esperar coherencia de un marxista que vive de puta madre en el capitalismo, es normal que muestre sus sentimientos colectivistas y predique una moral de hormiguero para los demás mientras se lucra ciscándose en nuestros (malditos para él) derechos. Ernesto es un jodido liberticida pisa-moqueta con una clara vocación intelectual feladora hacia el Pensamiento Único, una víctima de la disonancia cognitiva de los de su especie.

A mí me jode mucho más que uno que va de liberal y de gran defensor de los valores occidentales califique de criminales a los que no se quieren vacunar, como es el caso de un gilipollas llamado Guy Sorman.

Que a un liberticida defensor del independentismo irredento, un aldeanista tractoriano como Foch, se la ponga dura arramplar contra el concepto de individuo es algo que está en su naturaleza, la cabra tira al monte. Lo de Sorman es mucho peor, en su caso se trata de una persona capaz de hacer una pirueta intelectual prodigiosa tirando a la basura, en un solo artículo, todo su legado liberal para acomodarse en la misma trinchera desde la que basura como el tal Ernesto nos acribilla con su moral progremonguer.

Y un homenaje a Los Nikis y su canción Ernesto:

«Ernesto tiene un problema muy serio,
Ernesto piensa que no tiene remedio,
Ha consultado varios médicos,
Le dicen que no tiene solución»

(Yo pienso que tampoco)

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