jueves, septiembre 23, 2021
InicioOpiniónFora do MundoLibertad, un concepto iusnaturalista -o tal vez no- (II)

Libertad, un concepto iusnaturalista -o tal vez no- (II)

Y ante la duda, la comodidad de delegar en un ente idealizado, como es el Estado, es más apetecible que ejercer la soberanía de sí mismo, aunque le cueste soportar males dentro de cierto grado

Cuando hablamos de libertad como un derecho natural, inherente al hombre, lo hacemos, si es que no queremos engañarnos, bajo el principio de que dicha libertad no es concedida ni puede ser sometida a ningún interés al margen del individuo que la ejerce.

Declaración de los representantes de los Estados Unidos de América en el Congreso General reunido
[borrador de Jefferson]

«Cuando en el curso del devenir humano para un pueblo se hace necesario disolver los lazos políticos que lo han unido a otro, así como asumir entre las potencias de la tierra la condición separada e igual a la que las leyes de la naturaleza y del Dios natural le dan derecho, un respeto honesto a la opinión de la humanidad requiere que este declare las causas que lo impulsan a dicha separación.

Mantenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de [determinados] derechos inherentes e inalienables; que entre estos se encuentran la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad: que para asegurar estos derechos se instauran gobiernos entre los hombres, que derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se torna destructiva para estos fines, el pueblo tiene derecho a alterarla o abolirla, así como a instituir un nuevo gobierno, a establecer sus fundamentos en dichos principios y a organizar sus poderes del modo que aparentemente tenga una mayor probabilidad de realizar su seguridad y felicidad. Realmente, la prudencia dictará que los gobiernos largamente establecidos no deben cambiarse por causas baladíes o transitorias; y, del mismo modo, toda la experiencia ha mostrado que los seres humanos están dispuestos a sufrir mientras los males puedan soportarse, antes que hacer justicia aboliendo las formas a las que están acostumbrados. Pero cuando una larga sucesión de abusos y usurpaciones iniciada en un periodo destacado y que persiguen invariablemente el mismo fin manifiesta la intención de reducirlos a un despotismo absoluto, tienen el derecho, tienen el deber, de derrocar a dicho gobierno y de procurarse nuevas salvaguardas para su futura seguridad«.

_________________________

Homo correctensis también está disponible en formato de tapa blanda: «Homo Correctensis, fabricando mentiras cursis para mentes perezosas»

_________________________

Thomas Jefferson tenía razón. Y tenía varios cientos de esclavos. Cuando hoy en día los políticos hablan de libertad y democracia también tienen razón. Y a sus pies también tienen a millones de nuevos esclavos.

Tienen razón porque hablan de la libertad dentro de la democracia. Y de la democracia como el sistema más sutilmente creado para impedir la libertad del individuo y someterlo a un estado de esclavitud voluntaria.

Se atribuye a Thomas Jefferson esta otra reflexión bastante interesante, que tal vez sea apócrifa: «una sociedad carece de libertad política si hay ejército permanente en tiempos de paz, si existe policía profesional y si prevalecen poderes mediáticos capaces de manipular la voluntad política de las personas»

Visto así, la única manera que nos queda a los que defendemos la libertad como inherente al ser humano es ejercerla al margen de la ley y de los estados, porque Jefersson nos habla del derecho a derrocar a los gobiernos, si estos devienen en despotismo absoluto. Pero también de aguantar el sufrimiento mientras los males puedan soportarse…

Pero cuando una larga sucesión de abusos y usurpaciones iniciada en un periodo destacado y que persiguen invariablemente el mismo fin manifiesta la intención de reducirlos a un despotismo absoluto, tienen el derecho, tienen el deber, de derrocar a dicho gobierno y de procurarse nuevas salvaguardas para su futura seguridad

Thomas Jefferson

La confusión del hombre moderno con respecto al concepto de libertad, como vemos, viene prescrita de antaño. Es confusión en tanto que sí, pero no. Y ante la duda, la comodidad de delegar en un ente idealizado, como es el Estado, es más apetecible que ejercer la soberanía de sí mismo, aunque le cueste soportar males dentro de cierto grado. Pero ello implica que el Estado se dote de ―su― policía y ―de su― ejército para someter la voluntad no de sus enemigos externos tanto como la de sus díscolos internos. En este estadio, lo que nos queda no es un gobierno instaurado por los hombres, donde deriven sus justos poderes del consentimiento de los gobernados, porque no puede haber consentimiento donde medie la coacción. La policía, y sobre todo el ejército, en tiempos de paz, son agentes coercitivos del Estado. Se alinean con el interés del Estado. Son el brazo ejecutor del Estado.

Sobre el consentimiento de los gobernados hacia sus gobernantes, idiotez incluida la del contrato social de Rousseau: « para vivir en sociedad, los seres humanos acuerdan un contrato social implícito que les otorga ciertos derechos a cambio de abandonar la libertad de la que dispondría en estado de naturaleza», quien tal vez mejor supo desmontar la falacia fue Lysander Spooner (1808 – 1887), abogado, teórico legal, anarcoindividualista, empresario y uno de los filósofos políticos mas pasado por alto y olvidado por los defensores de la libertad. En su ensayo No hay traición: la Constitución sin autoridad, Spooner desmonta con pasmosa facilidad la falacia sobre la que se asientan los estados modernos, incluyendo el más farsante de todos ellos: EEUU.

Cuando hablamos de libertad como un derecho natural, inherente al hombre, lo hacemos, si es que no queremos engañarnos, bajo el principio de que dicha libertad no es concedida ni puede ser sometida a ningún interés al margen del individuo que la ejerce, ni en contra de este. La libertad es libertad, y no puede ser otra cosa. O es, o no es. Y su ejercicio no cabe imaginarse de otro modo que bajo la insurrección permanente y la lucha contra el Estado. Un hombre libre es siempre un hombre perseguido y al margen de la legalidad impuesta. Pero esto no significa que el hombre libre sea un ser anárquico, sometido a su único interés e ignorante de sus semejantes.

Si la libertad no se puede ejercer bajo ningún tipo de coacción, tampoco al margen de otros individuos. La paradoja, pues, de la libertad del individuo, consiste en que no puede ser ejercida sin el concurso de terceros: se es libre solo en la existencia con otros. Porque el hombre, en solitario, no es nada. Robinson Crusoe no fue libre en ningún momento en todo el tiempo que estuvo solo en su isla. Su soledad no le ofrecía elección, y si se la ofrecía, esta solo adquirió sentido de tal cuando tuvo a quien contar su historia y  con quien compartir sus vivencias. Un hombre solo es como el árbol que cae en medio del bosque. Tal vez por eso, Jefferson y tantos otros tuvieron que apelar a otro ente tan o más poderoso como el Estado: a Dios, como dador de la libertad humana.

Algunos, creo que muy pocos, creemos en el principio de la libertad del hombre por el hombre y para el hombre, sin necesidad de establecer un principio creador a dicha libertad, ni someternos a él.

Así pues, no hay gobierno elegido en libertad. Los hay elegidos por consenso, entre muchos o pocos. Pero consenso y elección no son sinónimos. Consenso es el consentimiento o acuerdo, especialmente el de todas las personas que componen una corporación, dos o más partidos políticos, un grupo social, etc., en torno a un tema de interés general. Por eso todo gobierno, lo primero que hace cuando llega al poder, de forma más o menos disimulada, es marcar territorio con respecto a sus «oponentes y aquellos que puedan ejercer oposición a sus intereses», delimitando en qué medida disponen de cuerda para moverse dentro del territorio marcado.

La libertad de elección; la elección misma de un gobierno, solo sería tal si afectase, tal y como nos explica Spooner, solo a aquellos que se mostrasen interesados en los asuntos del gobierno, y excluyese a quienes no. Ningún ser humano necesita de un gobierno que le diga cómo debe vivir o cómo debe comportarse.

¿Anarquía? Tal vez utopía. O tal vez el derecho natural solo sea un unicornio. La pregunta que yo me hago al respecto es la siguiente: ¿dónde están los márgenes que delimitan el estadio óptimo donde la libertad sea un hecho?

Más sobre el autor en su web Gallego Rey

Síguenos en nuestro Canal de Telegram

La mejor manera de enterarte de las iniciativas que desde Freenoticias vamos a ir impulsando. Conferencias, debates, nuevos colaboradores, convocatorias. Esto solo ha empezado y este medio libertario va a por todas.

Gallego Reyhttp://www.gallegorey.com
"Escritor disléxico. Editor de bajos fondos. Enemigo íntimo de mí mismo. No soy de fiar. Ironía antes que sarcasmo"

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies