jueves, septiembre 23, 2021
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La Iglesia de la Calentología Penitente te quiere asustado y culpable. Motivos para mandar a la ONU y al IPCC a tomar por culo

A todos estos santos laicos, conversos recientes a la fe calentóloga, que andan buscando aparentar su castidad carbónica, les metía con gusto mi huella de carbono, con la bota incluida, por sus ojetes corporativos.

¿Te imaginas que vamos de cabeza a una Pequeña Edad de Hielo o que necesitáramos aumentar la producción de CO2? ¿Qué nos diría entonces la ONU y quienes han montado el negocio del calentamiento global?

El colegio cardenalicio de la Iglesia de la Calentología Penitente (ICP), también conocido como el IPCC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático), una producción de la ONU, ha vuelto a profetizar que el mundo se calienta y que la culpa es de los humanos. Que la Iglesia de la Calentología anuncie el calentamiento no es noticia; y como iglesia penitente debe atribuir la culpa de este acaloramiento al ser humano.

El dogma de la ICP es que la cosa está que arde, que va a peor y que es culpa del hombre. La infalibilidad de este dogma se cimenta en el «consenso científico» porque según la ONU el 97% (o más) de los científicos están de acuerdo con este dogma. Dejando a un lado el hecho de que la ciencia avanza gracias a la divergencia y a la discrepancia y no gracias al consenso (estaríamos aún pensando que la luna es de queso si no), debo admitir que en lo que todos los científicos están de acuerdo es en que a más del 99% les gusta poder vivir y poder pagar sus facturas.

Los científicos son humanos y necesitan dinero. Hay un consenso entre los científicos acerca de poder contar con financiación para sus proyectos, también hay consenso en que a todos les gusta que sus publicaciones científicas sean revisadas por pares y, a ser posible, publicadas en revistas de prestigio. Cualquier científico sabe donde esta la pasta y son conscientes de que si sus investigaciones les conducen a conclusiones que discrepan del dogma de la Iglesia de la Calentología, no van a oler un puto euro, ninguna revista va a querer publicar su «paper» y los colegas huirán de él y no van a revisar sus publicaciones. Los científicos también sangran si se les pincha, también tienen hipotecas.

¿A alguien le cabe en la cabeza que después de todo el circo que han levantado en la ONU con sus Objetivos de Desarrollo Sostenible, esos objetivos donde la palabra democracia brilla por su ausencia, que gravitan alrededor del dogma calentólogo penitente, el IPCC iba a concluir que el cambio climático no depende del hombre más que en una mínima parte? Sería peor que dispararse en el pie, sería un suicidio retransmitido en directo.

Si el colegio cardenalicio de la Iglesia de la Calentología Penitente, después de revisar el trabajo de sus arúspices revisando las entrañas de sus modelos matemáticos, pronosticara un enfriamiento global, todos serían fusilados al amanecer y sus cenizas esparcidas a los cuatro vientos. El mismísimo gilipollas a cargo de la ONU, António Guterres (el que dijo que el Covid es culpa del heteropatriarcado), recitaría el ¡carguen, apunten, fuego! frente al paredón. La ONU no paga a traidores. No sería para menos, con toda la chapa que nos dan la ONU, la UE, El Foro de Davos o la Agenda 2030 (o 2050) con los refugiados climáticos, el CO2 asesino, acabar con la producción de coches de combustión y la murga de la huella de carbono.

Cualquier científico sabe donde esta la pasta y son conscientes de que si sus investigaciones les conducen a conclusiones que discrepan del dogma de la Iglesia de la Calentología, no van a oler un puto euro, ninguna revista va a querer publicar su «paper» y los colegas huirán de él y no van a revisar sus publicaciones.

Estamos cambiando la industria, modificando los modelos de desarrollo, edificando una (con toda seguridad inútil) fiscalidad confiscatoria, comerciando con derechos de emisión de CO2 y aterrorizando a la feligresía de forma machacona; como para que luego resulte que eso del CO2 antropogénico afecta entre muy poco y casi nada al clima; o peor aún, que nos dirigimos a una Pequeña Edad de Hielo ¿Te imaginas a la ONU pidiendo, suplicando, que por favor emitamos CO2 como si no hubiera un mañana para frenar el enfriamiento global?

Y es que la ciencia avanza que es una locura, porque en los años 70 el miedo era que íbamos de cabeza a una glaciación.

Volviendo al consenso científico, hasta los gurúes del IPCC te admitirán (en el bar) que en la ciencia climática la frase más adecuada, y platónica, es que «solo sabemos que no sabemos (casi) nada». El clima en la Tierra es un sistema muy complejo, con muchas variables. De estas variables que afectan al clima, algunas las conocemos, otras las sospechamos y otras ni las hemos olido. De las conocidas, en muchos casos no entendemos del todo los mecanismos por los que afectan al clima, en qué plazos o ciclos, en qué latitudes y en qué niveles atmosféricos tienen mayor o menor incidencia, y como se relacionan con el resto. Con las variables que sospechamos y con las que desconocemos, andamos, más aún, a ciegas. Veremos más adelante estos temas. Ahora quiero llamar la atención sobre el malvado CO2 y su supuesta relación directamente proporcional con el aumento de la temperatura media del planeta.

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En el gráfico de abajo tenemos la evolución de la temperatura media y el nivel de CO2 de los últimos 600 millones de años en la Tierra. En azul la temperatura media y la línea negra son las partes por millón de CO2 en la atmósfera. La estimación del nivel de CO2 se realiza a partir de analizar la abundancia de isótopos de boro y carbono en ciertos sedimentos marinos y el número de estomas observados en hojas de plantas fósiles. La temperatura media se infiere estudiando esqueletos de coral, lo anillos de árboles fosilizados o núcleos de hielo glaciar correspondientes a determinadas épocas.

El ser humano contaría como factor de alteración del clima en los últimos 100 años de estos 600 millones. Dos conclusiones rápidas: una es que no existe una correlación en el largo plazo entre un aumento del CO2 y el de la temperatura, y dos que tenemos unos niveles de CO2 de mierda comparados con los que había en periodos repletos de vida como el Jurásico, el Cretácico o el Devónico. Otra conclusión no tan a la vista pero muy chocante, e inquietante para la Iglesia de la Calentología porque desafía su dogma entorno al CO2, es que, por ejemplo, en el periodo Ordovicio, con 10 veces más CO2, la Tierra pasaba por una glaciación.

Global Temperature and CO2 levels over 600 million years (Source:... |  Download Scientific Diagram

Es porque el Sol brillaba menos en el Ordovicio, dicen. Pero si es por una cantidad de irradiación solar menor por lo que se explica una glaciación con 4000 ppm (10 veces más que hoy) de CO2, se debería entonces reconocer que la radiación solar afecta al clima tanto como el CO2, o seguramente bastante más. Sin embargo la radiación solar (y muchos otros factores) no se considera una variable significativa en los modelos computerizados que los calentólogos de salón de la ONU emplean para obtener conclusiones políticamente correctas. Hay algo, mucho, que no me termina de cuadrar.

Los heraldos calentólogos del caos y el miedo emplean modelos bastante sofisticados, pero saben perfectamente que los resultados que arroja cualquier modelo matemático están condicionados por las variables con las que se alimenta a esos modelos y, sobre todo, con las suposiciones predeterminadas, o reglas, con las que se le dice al modelo cómo debe computar los datos.

En otras palabras, si tú haces correr un modelo en el que incluyes una serie de variables y excluyes otras, y además incorporas en el mismo reglas de cálculo sesgadas, estás condicionando el resultado en la dirección que te interesa. Los modelos climáticos que la ONU patrocina, parten de premisas sobre las que NO HAY CONSENSO CIENTÍFICO (solo consenso políticamente correcto), excluyen variables que no interesan o sobre las que no sabemos una mierda, e incluyen reglas de cálculo sesgadas; por tanto los resultados pueden oscilar entre vamos a morir hoy o vamos a morir en x número de años si seguimos incumpliendo la agenda liberticida auspiciada, entre otros, por la ONU.

La ONU retroalimenta su pavoroso relato calentológico con las conclusiones que publica un grupo de científicos paniaguados a los que patrocina ¿Conflicto de intereses? Circulen, nada que ver aquí.

Estas son las conclusiones con las que estos agoreros interesados del Grupo 1 del comando calentólogo (supuestamente el más científico de los tres grupos del IPCC) nos amenazan:

«Es inequívoco que la influencia humana ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra. Cambios rápidos y generalizados en la atmósfera, el océano, la criosfera y la biosfera han tenido lugar».

«La escala de los cambios recientes en el sistema climático en su conjunto y en el estado actual de muchos aspectos del sistema climático no tienen precedentes durante muchos siglos y miles de años».

¡Ah, bueno! es verdad, la culpa es de la Humanidad por producir el 4% de un gas, el CO2, que supone el 0,04% de la atmósfera. no hay nada más que añadir, ¿o tal vez sí?

En este gráfico de Roy W. Spencer, climatólogo e investigador de la Universidad de Alabama podemos ver la temperatura media de la Tierra de los últimos 2000 años y podemos ver que entre el año 800 y el 1100 de nuestra era las temperaturas eran tan cálidas como hoy en día ¡Qué digo tan cálidas, eran mucho más cálidas! Se da la circunstancia de que en el conocido como Período Cálido Medieval los vikingos sembraban cebada en Groenlandia y los viñedos florecían por toda Inglaterra. Mira la producción de cebada groenlandesa a día de hoy.

¿A qué se debió el calentamiento global medieval? ¿Demasiada ganadería? ¿Respiraban muy fuerte los vikingos y exhalaban un mazo de CO2? ¿Tenían unos cereales transgénicos extraterrestres? ¿Por qué tanta «caló» teniendo unas míseras 270 partes por millón de CO2 en su caliente atmósfera?

Climate Observer: Global Warming prior to the Little Ice Age

Cinco siglos más tarde y con niveles similares de CO2 la Tierra, y especialmente su hemisferio norte, atravesó por lo que se conoce como la Pequeña Edad de Hielo ¿Redujeron en el siglo XVI su huella de carbono los humanos? No ¿Pero entonces? Los calentólogos solo aciertan a decir que estas cosas pasaron porque había más o menos radiación solar, porque había más o menos fenómenos volcánicos y por las corrientes oceánicas…¿pero no era el CO2?

Veamos qué dicen los del clero de la Iglesia de la Calentología Penitente ¿Qué efecto tienen los ciclos solares en el clima de la Tierra? se pregunta la NASA en uno de sus artículos destinado a corroborar la histeria climática de los apóstoles de la Iglesia de la Calentología. Y se contesta así:

«Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas (si es algo proveniente de la ONU hay que estar alerta), el consenso científico actual es que las variaciones a corto y largo plazo en la actividad solar juegan solo un papel muy pequeño en el clima de la Tierra. El calentamiento debido al aumento de los niveles de gases de efecto invernadero producidos por el hombre es en realidad muchas veces más fuerte que cualquier efecto debido a las variaciones recientes en la actividad solar».

Es decir que estos caraduras nos dicen que el Sol en el pasado sí era importante y jugaba un papel relevante en el clima, pero hoy en día el astro (¿rey?) del que procede toda nuestra energía (exceptuando la nuclear) juega de suplente.

Agradezco que la NASA hable de «el consenso científico actual» porque al menos dejan la puerta abierta a que la ciencia avance aunque sea para llevar la contraria a los calentólogos.

En Freenoticias hemos elaborado una tabla que pienso que explica muy bien el por qué de las conclusiones apocalípticas de la Iglesia de la Calentología Penitente. No olvidemos que esta iglesia es una parte más del Pensamiento Único y está en comunión con las demás iglesias progremonguers (Iglesia de los Ofendiditos del Séptimo Día, Iglesia del Género Infinito, Iglesia Feminista, etc.).

Si analizamos muchos de los factores que inciden o pueden incidir en el clima de la Tierra desde una perspectiva fiscal y un enfoque orientado a sembrar la culpa, tenemos que el único factor para el que se puede encontrar una excusa para freírnos a impuestos y a la vez hacernos sentir fatal y muy malos, es el CO2 y el resto de gases que se emiten a la atmósfera por la actividad humana.

Los cambios en la excentricidad de la órbita terrestre, de su oblicuidad o la precesión del eje de rotación no son culpa del ser humano, no se pueden cobrar impuestos para tratar de alterar los movimientos terrestres y no podemos darnos latigazos por ello. A la mierda con cómo se menea la Tierra y a tomar por culo los Ciclos de Milankovitch.

La intensidad del viento solar que hace, entre otras cosas, que aumente o disminuya el flujo de rayos cósmicos procedentes del espacio exterior lo que podría afectar a la formación de nubes es algo que nos supera y no se justifica una tasa para remediarlo. A la mierda este tema y ni un euro para investigar estas cosas raras.

A todos estos santos laicos, conversos recientes a la fe calentóloga, que andan buscando aparentar su castidad carbónica, les metía con gusto mi huella de carbono, con la bota incluida, por sus ojetes corporativos.

Los ciclos solares, sus máximos y mínimos, las eyecciones de plasma, la intensidad de la radiación solar quedan lejos de lo que la puta ONU puede emplear para que nos fustiguemos. Total, ¿qué coño puede tener que ver el Sol y lo que en él pase con la temperatura en la Tierra? ¿no? Al fin y al cabo el Sol «solo» es la estrella que permite la vida en la Tierra, no hay que darle demasiada importancia.

Los volcanes, los ciclos oceánicos, sus corrientes y las interacciones dentro del sistema océano-atmósfera, todas ellos temas que desconocemos en una gran parte e ignoramos cómo afectan al clima en el medio y largo plazo; eso son cosas que no toca hoy para los cenizos profesionales globalistas, lo dejamos para otro día.

¡Ah pero el CO2! Eso sí que se la pone dura a todos los dictadores vocacionales como António Guterres, Klaus Schwab, el Príncipe Carlos o nuestro macarra de discoteca monclovita. El culpable es el CO2, venga Greta pon caritas y repite eso de «¡cómo os atrevéis!». Que Volkswagen, Renault, Opel, todos paren de producir vehículos de combustión; que todo sea eléctricamente sostenible. Da igual que un vehículo eléctrico emplee tierras raras en sus baterías y motores. Da lo mismo que esas tierras raras se produzcan en un 98% en China y contaminen que da gusto. Todo eléctrico, todo sostenible… y pongámosle la etiqueta de cero emisiones.

La carne no es ecológica, los pedos del ganado nos están matando y Bill Gates produce carne artificial, ¿a qué esperamos para correr a apretarnos una Mc Microsoft? Todas las empresas colgándose medallas de virtud, certificados ISO y demás mierdas propias de catetos horteras, prometiendo que serán sostenibles y que reducirán su huella de carbono.

A todos estos santos laicos, sobre todo las empresas, conversos recientes a la fe calentóloga, que andan buscando aparentar su castidad carbónica, les metía con gusto mi huella de carbono, con la bota incluida, por sus ojetes corporativos.

John Kerry, nuevo «zar» climático USA, se ríe de los trabajadores despedidos por Joe Biden

No se trata de combatir el calentamiento global, esto no va de luchar contra el cambio climático, se trata de tener un relato asentado que convenga a los intereses de los amos. Si para lograr este relato hace falta sacar partido de una ciencia que está en pañales (la Climatología) contando con la colaboración de científicos dóciles y adolescentes histéricas, se hace y punto. Ese relato debe estar alineado con la idea del advenimiento de un mundo futuro de hombres borrego que determinados cabrones billonarios quieren imponer. Se trata de nuevo (como con el Covid) de esparcir miedo, y de que bajo la apariencia de «luchar» por un bien común (la salud o el clima climático) se sacrifiquen libertades individuales. Luchar contra el cambio climático es como luchar contra la Ley de la Gravedad, el clima cambia y por eso es clima.

Hay muchas posibilidades de que la temperatura media de la Tierra suba, también de que baje, y muchas más de que suba y baje y vuelva a subir,… y a bajar. Si en el año 2040 estamos atravesando por una nueva Pequeña Edad de Hielo también será por culpa de algo malo que hemos hecho, del CO2 o del abuso de champú al huevo. En agosto de 2040 una mujer en Almería, envuelta en su abrigo de visón leerá los titulares de agosto de 2021 y esbozará una sonrisa mientras su marido coloca las cadenas a su 4×4, no lo descarto. Mira estas previsiones del pasado reciente:

Predicción: Nueva Edad de Hielo para el primer tercio del siglo XXI (Abril de 1970, The Boston Globe).

Predicción: Enfriamiento global en ciernes (crítica literaria del New York Times de Julio de 1976)

Predicción: Las nevadas serán cosas del pasado (The Independent, Marzo de 2000)

Predicción: El Ártico no tendrá hielo en 2018 (The Guardian, Junio de 2008)

Otra cosa que me llama la atención es que cuando se habla del CO2 siempre es en tono negativo, pues aquí os dejo algunas cosas para las que «sirve el CO2»:

El CO2 permite debilitar el vínculo entre la hemoglobina y el oxígeno lo que hace que este llegue mejor a las células (quien quiera saber más que busque el efecto Bohr); niveles bajos de CO2 provocan tensión alta puesto que para evitar la mala entrega de oxígeno el cuerpo lo compensa aumentando la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea; un nivel bajo de CO2 en sangre vuelve a esta más alcalina, y una sangre con un Ph 8 significa la muerte; no me extenderé pero el CO2 ayuda también al sistema digestivo, sistema inmunológico y sistema nervioso.

El CO2 no es un gas venenoso (el venenoso es el CO) sino que es el alimento de la vida en toda la Tierra –la fotosíntesis de las plantas, la fijación del oxígeno en las células o la respiración de los animales dependen del CO2–.

El incremento de CO2 aumenta el rendimiento de los cultivos al aumentar la tasa de fotosíntesis, lo que estimula el crecimiento.

El CO2 ayuda a consumir menos agua. A mayor cantidad de CO2 se reduce la cantidad de agua que los cultivos pierden por transpiración. Las plantas transpiran a través de sus hojas, que contienen poros diminutos llamados estomas que se abren y recolectan moléculas de dióxido de carbono para la fotosíntesis. Durante ese proceso, liberan vapor de agua. A medida que aumentan las concentraciones de dióxido de carbono, los poros no se abren tanto, lo que resulta en niveles más bajos de transpiración por parte de las plantas y, por lo tanto, aumenta la eficiencia del uso del agua. Lo que cuento es ciencia básica constatable y no conjeturas como que el 4% humano de CO2 sube la temperatura del planeta y nos aboca a la extinción.

Por cierto, que por debajo de 150 partes por millón de CO2 atmosférico las plantas mueren y nos vamos todos al carajo. Pero eso hoy no toca, hoy toca azotarnos y hacer penitencia ¡Arrepentíos impíos! Y la luz a precio de jamón de bellota.

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