jueves, septiembre 23, 2021
InicioCienciaVacunas "legendarias". La inmunidad de rebaño iba de evitar que nos contagiemos...

Vacunas «legendarias». La inmunidad de rebaño iba de evitar que nos contagiemos del virus de la libertad

Si te pinchas, cuando te digan, una cosa que sirve para bastante poco, cada vez para menos, exponiéndote a que te pasen cosas que aún nadie conoce, entonces como premio vas a poder ir a ver la última de la Guerra de las Galaxias y tomarte un café con porras.

Te pusieron la vacuna con la (falsa) promesa de hacerte inmune, te dijeron que lo hicieras, porque la gente buena obedece. Ahora resulta que esa vacuna casi mágica es poco más que una aspirina con efectos secundarios, muchos aún por descubrir.

Decían que la única forma en que podemos detener la propagación de este virus y volver a la vida normal es vacunándonos. Si recibes la inyección podrás hacer de todo. Eso era antes.

Ahora, oh sorpresa, recomiendan o sugieren que, incluso después de recibir las inyecciones, vuelvas a usar la máscara, también cuando estés en la calle, para no ser un imprudente asesino en potencia. El gilipollas –con perdón de los gilipollas– de Guillermo Fernández Vara, médico forense de profesión, sale con que habría que llevar mascarilla 4 meses al año y hasta el final de los tiempos.

Resulta que las vacunas contra el COVID, esos medicamentos maravillosos que eran absolutamente perfectos, los medicamentos que no se podían poner en cuestión de ninguna manera, en realidad no funcionan de la manera que nos dijeron que lo iban a hacer ¿Recuerdas aquello de que con el 70% de la población alcanzaríamos la inmunidad de rebaño? Luego el 80%, 85%, y ahora la cosa va de que se vacune hasta el gato. Resulta que no son vacunas esterilizantes lo que nos estamos pinchando, la inmunidad que confieren no es esterilizante sino «funcional». Quizá tampoco deberíamos siquiera llamarlas vacunas puesto que no cuentan con aprobaciones plenas sino con autorizaciones para uso de emergencia. Cada vez parece más que nos hemos metido una cosa a medio camino entre las vacunas y los antigripales; unas aspirinas experimentales o tal vez calmantes para aliviar los síntomas.

Nos hemos apretado uno dos pelotazos de algo que se ha desarrollado a toda prisa, con una autorización de emergencia. Nos han chutado un algo cuyos efectos a medio y largo plazo son desconocidos porque no se han seguido los protocolos habituales que permiten analizar grupos de control a lo largo del tiempo para ir viendo qué pasa. Los participantes en los grupos de control además firman un acuerdo con la farmaceútica e incluso les pagan ¿Cuánto te han pagado? ¿Dónde has firmado?

también es previsible que el virus patrocinado por Xi Jinping mute como un campeón hasta agotar el alfabeto griego. Cuando oigamos el término Omega 3 pensaremos antes en la variante vírica que en el ácido graso

¿No eran las vacunas el bálsamo de fierabrás que todo lo sana y que nos abrirían las puertas de la «nueva normalidad» esa de los cojones?

Bueno, no hay que enfadarse tanto, al fin y al cabo aunque sean medicamentos aprobados por la vía de emergencia, con efectos secundarios adversos (muchos aún por descubrir según pasen los años) y que no eviten contagiarse y contagiar, sí es cierto que reducen la posibilidad de que la infección devenga en enfermedad o muerte, ¿verdad? Bueeeenooo, más o menos, depende de cuándo hagas las preguntas y a quién.

El consenso científico es lo que tiene (como ocurre con tantos otros términos progremonguers), que sencillamente no existe. Si hubiera consenso en la Ciencia, estaríamos aún en la etapa chamánica y en lugar de la tabla periódica de Mendeleiev nos habríamos quedado con el «consenso científico» de Empédocles y sus cuatro elementos (agua, fuego, tierra y aire).

Recapitulemos antes de avanzar. Hay unas cosas, que muchos aún llaman vacunas, que iban a detener el avance del arma biológica del régimen comunista chino –Covid-19 para los amigos– porque en cuanto un X o X+Y por ciento de la población se la inyectara, todo estaría arreglado. Más tarde esas cosas, casi mágicas, demostraron que no previenen la infección ni la transmisión de la bio-arma china, con lo que el mantra de la inmunidad de rebaño se cayó del frondoso árbol del «consenso» progremonguer. Estar vacunado no te libra de llevar mascarilla, no evita que te contagies y puedas contagiar a otros, y además, en determinados casos, tienen efectos secundarios negativos. Para hacer aún más atractivas estas vacunas mágicas nos hemos ido enterando de que aún estamos pendientes de descubrir qué otras derivadas negativas, en forma de efectos secundarios, nos aguardan con el transcurso de los meses. La única ventaja de estas pociones a la que aún se aferran los inyectófilos es que estas cosas ayudan a no caer enfermos o morir por causa del covid. O eso parecía.

Se inventan derechos para los borregos como el derecho a ir al fútbol o a un parque de atracciones. Así todos los buenos ciudadanos, vacunados las veces que la autoridad determine, podrán ponerse sus confortables mascarilla entre 2 y 6 horas gastándose su dinero y contagiándose entre ellos con las plumas de aire caliente y húmedo que expelen los tubos de escape laterales de sus bozales; unos bozales previamente restregados por cuello, retrovisor y bolsa de la playa con las bragas mojadas y los calzoncillos de manolito chocolateados con zurraspas.

El asunto está así: te inyectas algo con efectos secundarios conocidos y por conocer, que no previene el contagio ni la transmisión, que carece de efecto esterilizante, que te obliga a cumplir los mismos protocolos que los no vacunados, y todas estas «ventajas» a cambio de no caer enfermo o morir a causa del arma china; y además, como propina, podrás ir al cine y entrar en los bares. Muchos piensan que «trato hecho, pincho de tortilla y caña aquí y ya veremos qué pasa».

Pero llega la variante Delta cochina y entonces eso que decían de no caer enfermo y no morir por estar vacunado se va matizando y muta como el propio virus. Ahora tienes menos posibilidades de caer enfermo, menos posibilidades de enfermar gravemente, y menos posibilidades de morir por el Covid ¿Cuántas menos posibilidades? Ah, eso depende, ya se irá viendo, no seas agobios.

Los pros de la vacuna menguan y los contras aumentan, como aumenta la sensación de mosqueo de los que permanecemos (aún) con un cierto uso de nuestras capacidades para emplear la lógica. Cada vez compensa menos la vacuna porque los inconvenientes aumentan a la par que muta el virus y las ventajas van desapareciendo.

Se inventan derechos para los borregos como el derecho a ir al fútbol o a un parque de atracciones. Así todos los buenos ciudadanos, vacunados las veces que la autoridad determine, podrán ponerse sus confortables mascarilla entre 2 y 6 horas gastándose su dinero y contagiándose entre ellos con las plumas de aire caliente y húmedo que expelen los tubos de escape laterales de sus bozales; unos bozales previamente restregados por cuello, retrovisor y bolsa de la playa con las bragas mojadas y los calzoncillos de manolito chocolateados con zurraspas.

Como la cosa está muy malita, que diría Chiquito, hete aquí que los de Pfizer dicen que una tercera dosis de su brebaje aumenta de forma espectacular la inmunización frente a la variante delta, aunque seguro que no tanto como aumentará los beneficios en la cuenta de resultados de la farmacéutica. La ministra Carolina Darias por su parte nos anuncia que además de un tercer chute, el tercio de banderillas tendrá carácter anual. Luego va Guillermito Fernández Vara para poner la guinda y dice que encuentra genial hacer obligatorio el uso de la mascarilla de diciembre a marzo y por siempre jamás. Todo ventajas.

Según pasen las semanas y los meses cabe esperar que se vayan sumando desventajas en el pasivo de las llamadas vacunas, a medida que los efectos secundarios aún desconocidos se vayan manifestando, y también es previsible que el virus patrocinado por Xi Jinping mute como un campeón hasta agotar el alfabeto griego. Cuando oigamos el término Omega 3 pensaremos antes en la variante vírica que en el ácido graso.

Para animar a que la gente se vacune como si no hubiera un mañana, los estados y las taifas se inventan premios para los que puedan lucir en sus móviles el certificado de haber sido inyectado. Son incentivos que nos ofrecen, rumbosos ellos, nuestros gobernantes, no son nada parecido a un chantaje ¿A que no?

Si te pinchas, cuando te digan, una cosa que sirve para bastante poco, cada vez para menos, exponiéndote a que te pasen cosas que aún nadie conoce, entonces como premio vas a poder ir a ver la última de la Guerra de las Galaxias y tomarte un café con porras. No esperes encima que también te asegure nadie que no te vas a contagiar o a caer enfermo ¡Encima que te dejan ir al cine vas y te quejas!

este es el trato: Si te pinchas, cuando te digan, una cosa que sirve para bastante poco, cada vez para menos, exponiéndote a que te pasen cosas que aún nadie conoce, entonces como premio vas a poder ir a ver la última de la Guerra de las Galaxias y tomarte un café con porras.

Se inventan derechos para los borregos como el derecho a ir al fútbol o a un parque de atracciones. Así todos los buenos ciudadanos, vacunados las veces que la autoridad determine, podrán ponerse sus confortables mascarilla entre 2 y 6 horas gastándose su dinero y contagiándose entre ellos con las plumas de aire caliente y húmedo que expelen los tubos de escape laterales de sus bozales; unos bozales previamente restregados por cuello, retrovisor y bolsa de la playa con las bragas mojadas y los calzoncillos de manolito chocolateados con zurraspas.

Entrar en un lugar público es un derecho y no un privilegio graciosamente concedido por caciques gilipollas como Alberto Nuñez Feijóo o dictadores que se creen Superman. No se concede el derecho a ir al fútbol, o a donde sea, a los vacunados, sino que se restringe el derecho de los no vacunados a hacerlo. La clave está en el «no podrán ir», esa es la vergüenza infinita que debemos recordarles a nuestros ganaderos. Porque cuando lo que nos venden es «tendrás derecho a ir» parece como que los políticos conceden derechos como el que reparte caramelos. Sinceramente estamos muy hasta los cojones de tanto perdonavidas con cargo público.

Desde la modestia de Freenoticias y desde nuestro estilo directo, a veces punky, llamamos a todos los que nos leen a estar en alerta y a secundar todas las manifestaciones que se organicen que vayan en contra de todas estas tomaduras de pelo. No somos antivacunas sino pro elección personal. Si quieren que nos metamos una tercera dosis, que nos vacunemos cada año o que nos pongamos tres mascarillas deberán hacerlo convenciéndonos (para variar), dándonos cifras de muertos por la vacuna, de muertos covid con la vacuna, de hospitalizaciones, de efectos secundarios.

Y sería muy de agradecer que en lugar de andar prohibiendo cosas QUE NO PUEDEN PROHIBIR, nuestros estomagantes políticos, funcionarios de alto rango que jamás han sido elegidos y directivos de mafias globalistas (Foro de Davos, ONU, ONGs de ciberdictadores como Gates o Zuckerberg) pongan más interés y recursos en impulsar las vacunas esterilizantes, aunque eso les de por culo con total seguridad a Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson, y a los que en ellas invierten. En este sentido tenemos en España a un virólogo de primera línea, Luis Enjuanes, trabajando en el CSIC en una vacuna esterilizante que se administraría por vía nasal.

Si una vacuna evita el contagio y evita la propagación entonces la balanza sí se inclina a favor de que te la administren y además es consistente con el derecho de quien quiera no ponérsela. Con una vacuna que evita el contagio y la propagación, cosa que no hacen las que nos administran ahora, el virus será cosa de los no vacunados, locos descarriados jugando a la ruleta rusa entre ellos. Morirán entre ellos hasta extinguirse, o no, sin afectar a los vacunados. Con una vacuna esterilizante no tendrá sentido ir embozados por la calle y no habrá coartadas para suprimir derechos de forma arbitraria con la excusa del «bien común». Un panorama aterrador para los que han aplaudido esta plandemia, digo pandemia, y la han celebrado sin rubor como una oportunidad para un Gran Reinicio donde el rebaño esté inmunizado contra el virus de la libertad.

_____________________________________

Querido lector te voy a prescribir un «medicamento» que se administra en tapa blanda o en formato electrónico. El medicamento se llama Homo Correctensis, puedes comprarlo en Amazon (de momento) y sin receta, no tiene contraindicaciones y te puedes meter las dosis que quieras. Se administra por vía ocular y produce los siguientes efectos secundarios:

1.- Si tienes una infección causada por la bacteria «progrecocus wokensis» (ves mucho La Sexta o TVE por ejemplo) te saldrán ronchas y erupciones en la conciencia durante las primeras 24 horas. Si la infección es leve las erupciones remitirán en poco tiempo pasando a tener una sensación placentera. Si la infección es grave recomiendo aplicarse Homo Correctensis en pequeñas dosis justo después de cenar.
2.- Aumento significativo de los niveles de ironía en sangre.
3.- Incremento de la capacidad de pensamiento crítico.

Compra tu ejemplar de Homo Correctensis y apoya a Freenoticias para que podamos seguir siendo libertariamente punkis, como te gusta.

Homo Correctensis versión Kindle

Homo Correctensis versión papel

Síguenos en nuestro Canal de Telegram

La mejor manera de enterarte de las iniciativas que desde Freenoticias vamos a ir impulsando. Conferencias, debates, nuevos colaboradores, convocatorias. Esto solo ha empezado y este medio libertario va a por todas.

Cortes de Lezo Publiohttp://freenoticias.com
La mentira tiene las patas muy cortas y poca fuerza, y por eso necesita ser protegida por los cabrones que nos gobiernan

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies