jueves, octubre 21, 2021
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Hechiceros mercenarios y corruptos al servicio de la pseudociencia

Cualquier estudio científico que no ratifique los dogmas políticamente correctos carecerá de recursos públicos y subvenciones de todo tipo, será censurado por las Big Tech y sus autores serán linchados en la plaza pública.

Este artículo se incluirá en un libro de próxima publicación y que llevará por título «Homo Correctensis». El autor del libro cuenta con todos los derechos porque es el mismo que el de este artículo

Nadie debe ser despreciado en disputas físicas (científicas) por no aferrarse a las opiniones que más agradan a otras personas.

Galileo Galilei

Cierra los ojos e imagina por un momento que el CO2 no es algo malo, que no es ni de lejos el principal factor que causa el cambio climático. No abras aún los ojos. Ahora imagina que el COVID-19 es un virus creado en un laboratorio en China que o bien se escapó o fue soltado.

Abre los ojos. Todas esas cosas son ciertas.

Vamos primero con el CO2 y luego veremos cómo la «ciencia» alrededor del COVID-19 sigue un patrón similar en donde el método científico se sustituye por magia chamánica.

Que el CO2 es malo y que es culpa de la Humanidad que haya «mucho» CO2 es algo que puedes leer, ver y oír por todas partes. Las empresas te cuentan que aspiran a no emitir CO2 y se te anima desde la televisión, las redes sociales y la publicidad institucional para que seas más «sostenible» y aminores tu «huella de carbono» –ese pecado que acarreas–. Te estimulan, por ejemplo, para que compres un coche eléctrico de cero emisiones a pesar de que no son cero emisiones –consumen electricidad que ya ha generado CO2– y a pesar de que los coches eléctricos son mucho más tóxicos para el medioambiente debido a que precisan de tierras raras como el disprosio, el gadolinio o el neodimio, cuyos procesos de extracción son devastadores, para fabricar sus motores y baterías. Por cierto, el 96% de estas tierras raras se extraen en China.

¿Te imaginas que todo esta matraca que te dan con el CO2 fuera una mentira colosal? No te lo tienes que imaginar, es un gran embuste, uno muy rentable para muchos y muy costoso para ti.

No esperes ver en la televisión o en los grandes medios de comunicación estudios científicos sobre las emisiones de CO2 que no vayan orientados a hacerte sentir culpable por consumir derivados del petróleo. No esperes que las grandes revistas de divulgación científica acepten publicar artículos que no revaliden el dogma político –que no científico– de que el CO2 es malo y es el causante principal de eso que llaman el Cambio Climático. Cambio climático es una expresión con el mismo sentido que decir hierro metálico o rueda redonda; que el clima cambia es una obviedad manifiesta y asustarnos con que el clima esté cambiando es como meternos miedo con que los tigres son carnívoros.

Al igual que la afirmación de que el aumento de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera está causando un «calentamiento global» se acepta como un hecho cierto hoy, también la danza de la lluvia era admitida por los Cherokee como un remedio infalible contra las sequías. Ambas creencias están mucho más cercanas a la magia que a la ciencia.

Ser obligados a bailar la danza de la lluvia o a reducir nuestras emisiones de CO2 pueden hacernos sentir mejor psicológicamente si estamos convenientemente abducidos, pero ni la primera provoca la lluvia ni la segunda salva al planeta de nada.

Lo primero es poner sobre la mesa los datos para entender mejor la magnitud del asunto en cuestión. El CO2 supone el 0,04% de la atmósfera terrestre. De ese 0,04% tan solo el 4% del CO2 se produce como consecuencia de la actividad humana. Por tanto el 0,0016% del CO2 que hay en la atmósfera es como consecuencia de nuestro consumo de combustibles y nuestra actividad en general: 16 partes por millón. Esas 16 partes por millón son las que vuelven loquita a Greta Thumberg, esa joven sueca que está pidiendo un exorcismo a gritos.

Las termitas por sí solas emiten diez veces más dióxido de carbono que todas las fábricas y automóviles del mundo. Los humedales naturales emiten más gases de efecto invernadero que todas las actividades humanas combinadas (si el calentamiento por efecto del CO2 es un problema, ¿por qué estamos tratando de salvar todos los humedales?)

En el período Ordovicio tardío la Tierra estaba inmersa en una glaciación a pesar de tener niveles de CO2 diez veces superiores a los actuales ¿Cómo pudo tal aberración tener lugar? La respuesta que te darán los «calentólogos» de guardia en Google es que el Sol calentaba menos en ese período y que las plantas no vasculares como los musgos, que evolucionaron durante el Período Ordovícico, produjeron muchísimo CO2 y que hoy el sol brilla más y con 10 veces menos CO2 estamos al borde de la tragedia. Realmente están admitiendo algo tan obvio como que el CO2 no es ni de lejos el mayor factor en el cambio climático.

dentro de unos pocos años todos los numerosos miembros de la Iglesia de la Calentología Carbónica tengan que buscar excusas para explicarnos por qué nos han estado engañando y se han aprovechado de nosotros friéndonos a impuestos y aterrorizándonos con su apocalipsis carbónico

A pesar de lo que te cuentan por todas partes, el CO2 no es un gas «mágico» sobre el que recae toda la responsabilidad de los cambios en el clima de esta pelota azul en la que vivimos y que gira alrededor de un gigante 1,3 millones de veces más grande que la Tierra. El clima en la Tierra se ve afectado en mucha mayor medida por agentes que escapan al control humano (por los que es imposible que te puedan cobrar impuestos). Estos son algunos de los factores principales que afectan al clima en la Tierra:

– El Sol.

Los ciclos del Sol hacen que la tierra reciba más o menos cantidad de radiación y eso afecta al clima y a la temperatura en la Tierra muchísimo más que las 16 partes por millón de CO2 atribuibles a los humanos.

El Sol tiene mínimos y máximos solares que afectan al clima en la Tierra y en todo el Sistema Solar. Los últimos mínimos solares estuvieron relacionados con una aceleración general de la velocidad de rotación de la Tierra. Esto afectó a las corrientes superficiales y la penetración hacia el sur del agua del Ártico en el Atlántico norte, provocando “Pequeñas edades de hielo” sobre el noroeste de Europa. Alrededor de 2040–2050 estaremos en un nuevo mínimo solar importante. Es de esperar que luego tengamos una nueva «Pequeña Edad de Hielo» sobre el Ártico y el noroeste de Europa. El mecanismo propuesto para vincular la actividad solar con la rotación de la Tierra es la interacción del Viento Solar con la magnetosfera de la Tierra; la disminución del viento solar en los mínimos de manchas solares debilita la interacción con la magnetosfera permitiendo que la Tierra se acelere, y el aumento del viento solar en los máximos de manchas solares fortalece la interacción con la magnetosfera lo que ralentiza el giro de la Tierra.

Las erupciones solares también influyen, y dentro de unos 4 mil millones de años el Sol hará que el clima en la tierra «cambie» cuando estemos literalmente achicharrados entro de la gran gigante roja en la que el Sol se convertirá.

– Cambios en el eje de rotación y en la excentricidad de la órbita terrestre

El movimiento de Precesión de los Equinoccios o cambio en la orientación del eje de rotación, los cambios en la inclinación de dicho eje y la excentricidad de la órbita son factores que determinan cuándo y por qué se producen las glaciaciones. Los ciclos de Milankovitch recogen estas tres variables para pronosticar cambios en el clima terrestre.

Cambios en el campo magnético de la Tierra.

 Que afectan entre otras cosas al nivel de radiación cósmica que recibimos

Los océanos, sus corrientes y los ciclos a largo plazo

Un océano más frío absorbe más gases y a medida que se calienta emite más gases al perder parte de su capacidad de disolución de los mismos.

La órbita del Sistema Solar alrededor de la Vía Láctea.

La localización del Sistema Solar a lo largo de su órbita por la Vía Láctea, tanto alrededor del centro de esta como oscilando sobre su plano, hace que dependiendo de la cantidad de polvo cósmico o del nivel de radiación, el clime en la Tierra se vea afectado.

¿Por qué entonces este celo y este ardor mundial por combatir ese 4% humano del total de emisiones de CO2 si el CO2 poco o nada tiene que ver con el cambio climático?

Desde estas páginas queremos hacer llegar un saludo a todos los tiralevitas y lameculos con bata blanca que viven de prostituir la ciencia retorciéndola para ponerla al servicio de los dictadores del Pensamiento Único: el único consenso que hay en la ciencia es que el consenso es malo.

Pues sencillamente porque no te pueden cobrar impuestos ni hacerte sentir culpable por los mínimos solares, por los cambios en el eje de rotación o por el lugar sobre el plano galáctico que ocupa el Sistema Solar. Con el CO2 como principal sospechoso se tiene la excusa perfecta para obligarte a cambiar tu estilo de vida y para crear una atmósfera de pánico que induzca al rebaño a sacrificar sus libertades para «salvar al planeta».

El problema es que reducir nuestra minúscula aportación al minúsculo porcentaje de CO2 atmosférico sirve tanto para combatir el cambio climático como los sacrificios aztecas servían para que el Sol volviera a salir por el Este.

Muy probablemente dentro de unos pocos años todos los numerosos miembros de la Iglesia de la Calentología Carbónica tengan que buscar excusas para explicarnos por qué nos han estado engañando y se han aprovechado de nosotros friéndonos a impuestos y aterrorizándonos con su apocalipsis carbónico. Todos estos grandísimos fanáticos, hijos de puta sectarios incapaces de admitir que la Ciencia es debate y no consenso estático, deberán agachar las orejas cuando estemos atravesando una pequeña edad de hielo como consecuencia de un mínimo solar.

Desde 1990, el Sol ha estado en una fase de declive dentro de los que se conoce como la variación cuasibicentenaria en la «irradiancia solar total» (TSI por sus siglas en inglés). La disminución en la porción de TSI absorbida por la Tierra desde 1990 no ha sido compensada por la radiación de onda larga de la Tierra al espacio en el alto nivel anterior debido a la inercia térmica de los océanos del mundo. Como resultado, la Tierra tiene y seguirá teniendo un balance energético anual medio negativo y una condición térmica adversa a largo plazo. La época cuasi-centenaria de la nueva Pequeña Edad de Hielo ha comenzado a finales de 2015 después de la fase máxima del ciclo solar 24. El inicio de un gran mínimo solar se anticipa en el ciclo solar 27 ± 1 en 2043 ± 11 y el inicio de la fase de enfriamiento profundo en la nueva Pequeña Edad de Hielo en 2060 ± 11. El debilitamiento gradual de la Corriente del Golfo conduce a un enfriamiento más fuerte en la zona de su acción en Europa occidental y las partes orientales de los Estados Unidos y Canadá. Las variaciones cíclicas cuasibicentenarias de TSI junto con sucesivas influencias muy importantes de los efectos de retroalimentación causal son las principales causas fundamentales de las correspondientes alteraciones en la variación climática desde el calentamiento hasta la Pequeña Edad de Hielo.

Porque algunos no tenemos memoria de pez y cuando nos hablan de consenso científico y de predicciones climáticas basadas en los preceptos de la Iglesia de la Calentología Carbónica podemos tirar de hemeroteca:

Predicción: «La mayor parte de las playas de la Costa Este de EE.UU. desaparecerán en 25 años» (Septiembre de 1995, The New York Times).

Resultado: No ha ocurrido.

Predicción: en 2020 habrá una caída de las temperaturas (5º a 6º) en Asia, Norteamérica y Europa, incremento del hielo oceánico, hambrunas generalizadas (Octubre de 2003, informe confidencial de Peter Schwartz y Doug Randall para el Departamento de Defensa de EE.UU.)

Resultado: No ha pasado

Predicción: Nueva Edad de Hielo para el primer tercio del siglo XXI (Abril de 1970, The Boston Globe).

Resultado: No ha ocurrido (al menos de momento)

Predicción: Enfriamiento global en ciernes (crítica literaria del New York Times de Julio de 1976)

Esta predicción merece un trato a parte porque Stephen Schneider, el autor del libro «The Cooling» (El Enfriamiento), ha pasado de defender el enfriamiento global al calentamiento global. Como puede verse en la imagen de más arriba, Schneider ya hablaba de «consenso» de la comunidad climatológica.

Resultado: Se equivocó y vuelve a equivocarse el cobroncete, pero sigue haciendo caja.

Predicción: Las nevadas serán cosas del pasado (The Independent, Marzo de 2000)

Resultado: se equivocaron.

Predicción: El Ártico no tendrá hielo en 2018 (The Guardian, Junio de 2008)

Resultado: Se equivocaron.

Predicción: La nieve del Monte Kilimanjaro desaparecerá en la próxima década (Año 2006 dicho por Al Gore, ex vicepresidente de EE.UU. y un señor que se ha forrado viajando por el mundo en jet privado para hablarnos de lo malo que es el CO2)

El Monte Kilimanjaro el pasado 12 de junio (2021)

Resultado: El grandísimo cabrón asustaviejas de Al Gore se equivocó (otra vez)

Al Gore es uno de los más ilustres profetas de la Iglesia de la Calentología que se han forrado sembrando el pánico; Greta Thumberg es como Gore pero en versión Tik Tok. Antes que estos caraduras vinieran a anunciar el fin de los tiempos tuvimos que aguantar a otros que pronosticaban que Miami debería estar bajo el agua hace años, las Maldivas deberían haber desaparecido hace una década, Inglaterra debería tener un clima siberiano desde hace tres lustros, etc.

Desde Freenoticias mandamos nuestros más cordiales saludos, y también a tomar por culo, a todos estos vendedores de crecepelo.

El consenso científico en los años 70 era que íbamos directos a algo entre una Pequeña Edad de Hielo y una glaciación de no te menees. El consenso científico entonces era también que el petróleo se agotaría en unas pocas décadas.

El consenso científico en los primeros años del siglo XXI era que para 2020 estaríamos sufriendo un calentamiento insufrible, que los casquetes polares desaparecerían en verano por completo y que la subida del nivel del mar haría desaparecer ciudades y hasta naciones enteras.

El consenso científico en los últimos años es que el CO2 antropogénico es el demonio con rabo y cuernos y que hay que disminuir la huella de carbono a toda costa. A toda costa significa a costa de las libertades individuales (reduciendo la movilidad, satanizando los vehículos privados); a costa de saquear nuestros bolsillos con impuestos inútiles destinados a arreglar problemas (inventados) aplicando soluciones absurdas y enriqueciendo a hipócritas oportunistas que van de eco-santos por el mundo; y a costa de impedir el desarrollo económico de los países.

En 15 años estaremos riéndonos del consenso científico de 2021 como nos reímos del consenso científico de 1235 y como se ríen los verdaderos científicos cuando ven la palabra «consenso» precediendo al adjetivo «científico».

No existe el consenso en la Ciencia, el consenso es de hecho contrario a la misma Ciencia. La Ciencia es disidencia, es escudriñar todo, buscar nuevas evidencias, observar y medir continuamente, establecer hipótesis, contrastar y volver a formular nuevas hipótesis. El consenso es cosa de borregos o de políticos nunca de científicos.

Y vamos con el COVID-19 y el consenso científico sobre su origen.

Haciendo una búsqueda en Google (el perfecto censor) hoy 20 de junio de 2021 del término «scientific consensus on covid origin» (consenso científico sobre el origen del Covid) nos encontramos que las dos primeras entradas abundan en que es de origen «natural». La primera entrada es de la soviética Wikipedia que dice que «el consenso científico es que el virus es un patógeno de origen natural, la mayoría de los expertos creen que el virus es de origen zoonótico de los murciélagos». La segunda entrada es de un medio del PCCh –Partido Comunista Chino– el China Daily que dice que en marzo unos científicos dictaminaron que era de origen natural (no da enlace alguno, no da fuentes ni dice cómo se llaman esos científicos) y se fuman un puro.

A pesar de que no hay ninguna evidencia de que el jodido virus sea de origen natural (no se ha encontrado su origen en más de 60.000 especies animales analizadas por los propios chinos); a pesar de que abundan los estudios que apuntan a que el virus se pergeñó mediante experimentos de Ganancia de Función en el laboratorio de Wuhan; a pesar de que en ese jodido laboratorio es público y notorio que desde hace años se vienen realizando experimentos con coronavirus de murciélago –encima con fondos de la sanidad estadounidense–; a pesar de que casualmente la pandemia surja en la misma ciudad donde hay un laboratorio que experimenta con coronavirus para hacerlos más letales; a pesar de todo eso para los dictadores del Pensamiento Único de Google-Gulag el puto consenso científico es que es un virus natural. Y una mierda cabroncetes.

Hasta hace un mes las Big Tech (Twitter, Facebook, Google,…) censuraban los contenidos –llegando a eliminar cuentas– en los que se afirmaba que el Covid-19 es un virus creado mediante técnicas de ingeniería genética en el Laboratorio de Wuhan. El argumento que en todos los casos daban estas ciberdictaduras es que el «consenso científico» dictaminaba que es un virus de origen natural. Las ciberdictaduras te mentían, otra vez, empleando el eufemismo del «consenso» científico.

Facebook dictaminó en febrero que ‘eliminaría’ cualquier publicación que afirmara que el coronavirus fue ‘creado por el hombre’ o que el virus fue ‘creado por un individuo, gobierno o país’, calificándolo de ‘desinformación’ y una ‘afirmación desacreditada’ que requería ‘acción agresiva’ de los moderadores.

Esto es lo que te decían hasta hace pocas semanas en Facebook cuando contabas que el virus se creó en un laboratorio: «Información falsa. Contrastada por verificadores independientes»

In April of last year, Facebook had announced that it was imposing limits on ¿harmful misinformation about COVID-19¿, and in February this year this was extended to the lab theory spoken about widely by Donald Trump

Esa «información falsa» es hoy la hipótesis más plausible (99,98% según el análisis bayesiano del doctor Steve Carl Quay) Resulta que los verificadores independientes son todos de la misma cuerda que Facebook, elegidos por Facebook, que además es su cliente y que viven de Facebook. En Freenoticias a las empresas verificadoras las calificamos como VERY-FELADORAS, actuando como hombres de paja –nunca mejor dicho– de las tiranías online.

La clave está en que Trump sostenía que el virus era un producto manufacturado con el sello «made in China». Como cualquier cosa que viniera de Trump eso fue calificado desde el minuto uno como algo malo. Desde entonces sostener que el COVID-19 venía de un laboratorio chino era considerado una declaración racista. Cualquier científico que avalara la hipótesis de que el virus provenía de un laboratorio corría el riesgo real de ser calificado de defensor del mal (Trump), y de ser un racista. Cuando Trump ordenó a la comunidad de inteligencia (CIA, FBI, NSA) que se investigara la procedencia china del virus, todas las agencias le hicieron luz de gas y se negaron a entrar en el fondo del asunto. Mientras científicos chinos morían o desaparecían por dar la voz de alarma sobre lo que se cocía en la mayor dictadura del mundo, Facebook y Twitter machacaban a los científicos que osaban decir lo que hoy se admite como evidencia científica. Trump debía perder a toda costa. A toda costa significa también renunciar al más mínimo rigor científico.

En el asunto del origen del COVID-19 –como en otros asuntos– los científicos debían convertirse en hechiceros rindiendo culto a los espíritus del Pensamiento Único y abandonando el método científico so pena de ser quemados en la plaza pública acusados –entre otras cosas– de racistas por decir que estábamos ante un virus artificial. Los que como la doctora Li-Meng Yan se jugaron la vida huyendo de China vieron como en los EE.UU. de las «libertades» se censuraban y eliminaban vídeos en los que se la entrevistaba.

La doctora Li-Meng que ya había publicado en el mismo año 2020 artículos científicos en Lancet y Nature, publicó un trabajo cuyas conclusiones eran que el COVID-19 era producto de experimentación con virus mediante ingeniería genética. Las mismas dos revistas que le publicaron trabajos anteriores se negaron a hacerlo esta vez, y nadie entre sus colegas se atrevió siquiera a revisar el estudio por miedo a los sumos sacerdotes de la religión chamánica del Pensamiento Único. Aunque se jugó la vida escapando de China y aunque tenía razón, Li-Meng solo encontró desprecio, censura y amenazas en los EE.UU. woke.

Ser una reputada científica que se juega la vida por contar al mundo que el virus tiene su origen en un laboratorio es algo digno de censura y descalificación, en cambio decir disparates como que el Covid-19 es una consecuencia del heteropatriarcado como hizo ni más ni menos que el secretario general de esa organización mafiosa, inútil y carísima, llamada ONU al parecer puede encuadrarse dentro del consenso científico de los putos cojones. Aquí tienes el enlace al tuit «científico» de la puta ONU Nadie en Twitter tuvo los cojones de eliminar la cuenta de la mafiosa ONU ante tamaño despropósito. Ninguna empresa «neutral» verificadora se molestó en verificar la certeza y la veracidad de semejante fumada.

No hay subvenciones ni espacio en los medios de comunicación del oficialismo pandémico para quienes empleando el método científico alcancen conclusiones que vayan contra el «consenso científico». Decir que estamos ante un virus chino es racista y fin de la discusión. Cuando Trump en febrero de 2020 decidía vetar los vuelos provenientes de China ¿cómo se le llamó?… Racista. Cuando Trump dijo que el virus era made in China ¿cómo se le llamó?…Racista. Mientras Trump decía estas cosas tenía a Anthony Fauci –principal figura de la sanidad USA a cargo de la lucha contra la pandemia– diciendo que eran teorías de la conspiración; el mismo Fauci que ayudó a que los experimentos con coronavirus en Wuhan pudieran ser financiados con dinero USA saltándose la suspensión en vigor.

Facebook tan solo dejó machacar a los que sugerían lo que hoy es evidente –el origen artificial del virus– cuando el pelele Biden no tuvo más remedio que ordenar a los servicios de inteligencia que indaguen sobre el tema ante las numerosas evidencias científicas que se acumulan. Los mismos servicios de inteligencia que hicieron oídos sordos a los requerimientos del «racista» Trump ahora sí investigan. Para nosotros la orden de investigar el origen del Covid dada por Biden a la CIA o el NSA, equivale a que les ordene comprobar si el sol sale por el este o si 3×4 es igual a 12 o a 17.

Hoy por hoy, como tantas veces en la Historia, cuando la Ciencia colisiona con los dogmas del Pensamiento Único solo le queda prostituirse para sobrevivir. Si un matemático, un geólogo, un oceonógrafo, un físico, un biólogo o un virólogo sigue una línea de investigación que alcanza unas conclusiones o arroja unos datos que contradicen el puto «consenso» en los temas que afectan a cómo mejor esclavizarnos camino al 2030 o al 2050, puede ir olvidándose de obtener un céntimo, puede abandonar sus pretensiones de que le publiquen en revistas como Nature, The Lancet o Science.

Pero siempre habrá quien bien por un sano vicio, por vergüenza torera o por algo tan extraño como la ética profesional se eche al monte e investigue por amor a la Ciencia. Será gracias a esa gente que al final las evidencias estén tan descaradamente a la vista que hasta los más cretinos de Google, Facebook o Twitter y su nube de putitas verificadoras «neutrales» –destacar por cretino en un entorno de cretinismo tiene un notable mérito– no tengan más remedio que admitir que el jodido «consenso» se les fue a tomar por el culo… otra vez.

En menos de un año el origen natural del COVID-19 será un mito al nivel del terraplanismo y en cuestión de unos 10 años la patochada de que el CO2 es el causante del cambio climático estará al mismo nivel que la astrología o el tarot.

Desde estas páginas queremos hacer llegar un saludo a todos los tiralevitas y lameculos con bata blanca que viven de prostituir la ciencia retorciéndola para ponerla al servicio de los dictadores del Pensamiento Único: el único consenso que hay en la ciencia es que el consenso es malo.

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