sábado, octubre 16, 2021
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Marruecos. Los dictadores solo respetan la fuerza. Tres estrategias posibles y una sola para poner a Mohamed VI en su sitio

Marruecos tiene muchos puntos débiles que se pueden explotar en beneficio de la seguridad y de los intereses de España

Nuestro tradicional aliado y amigo del sur es una dictadura regida por un monarca absoluto, que en calidad de descendiente de Mahoma y como «Comendador de los Creyentes», aúna en su persona un poder civil y religioso ilimitado. Un soberano caprichoso, totalitario y consentido solo respeta una cosa: la fuerza.

Voy a plantear las tres estrategias que la Nación española puede seguir con respecto a Marruecos y a explicar por qué creo que solo una de ellas es verdaderamente eficaz. Antes de poner este toro en suerte, quiero llamar la atención sobre dos características que concurren en la dictadura alauita. La primera es que cuando hablamos de poder civil y religioso en una nación islámica como Marruecos, estamos incurriendo en un pleonasmo porque en el Islam el poder civil y el religioso son la misma cosa. La segunda característica que conviene recordar, porque aunque sea básico para cualquiera que conozca el mundo islámico se suele ocultar a la opinión pública occidental, es que democracia e Islam son dos conceptos excluyentes, puedes tener democracia o islam pero nunca las dos cosas. El islam es una religión fundada por un señor de la guerra y no por un pacifista que pedía poner la otra mejilla y amar a tus enemigos. En el islam el concepto de igualdad, consustancial a una democracia en condiciones, no existe. El Corán y los hadizes dejan muy claro que la mujer es inferior al hombre (su testimonio vale la mitad y de hecho heredan la mitad) y que los infieles nos son solo inferiores a los creyentes sino que son detestados por Allah y deben ser sometidos, pagar impuestos extra por vivir y ser y sentirse sometidos a sus amos musulmanes.

Teniendo en cuenta lo anterior –y creedme que hay mucho más pero sería largo entrar en detalle– es muy importante partir de una constatación básica: No podemos tener la misma estrategia como nación con Marruecos que la que tenemos con Portugal o Chile.

Marruecos tiene un monarca que cuando decide algo se hace sin que haya nada más que añadir. Mohamed VI, igual que antes su padre (Hassan II), como descendiente del profeta Mahoma, señorea Marruecos tolerando un paripé de partidos políticos que maquillan un régimen autoritario de cara al exterior. El rey de Marruecos puede disolver las cámaras legislativas; declarar estados de excepción; conceder indultos; nombrar al presidente del Gobierno; disolver al Gobierno; y dar el visto bueno a los ministros. Pero eso no es todo, el Rey controla directamente al ejército, los ministerios de Soberanía, Interior, Exteriores y Justicia y nombra a dedo a 5 de los 20 magistrados del Consejo General del Poder Judicial marroquí.

Eso a partir de la constitución de 2011, antes tenía aún más poder. Todos los partidos políticos están controlados por la Casa Real alauí y el único partido que podría calificarse como de oposición, el FGD, tiene 2 de los 395 diputados de la Cámara Baja marroquí. La segunda fuerza en el parlamento es el PAM (Partido de la Autenticidad y la Modernidad) y también llamado el «partido de los amigos del rey» ya que lo fundó un amigo íntimo de Mohamed VI –Fouad Alí el Himma–. Del partido en el gobierno hablaremos más adelante porque merece capítulo aparte. (Nota: en un movimiento juvenil adscrito al PAM militó una tal Dina Bousselham a la que Pablo Iglesias puso un periódico después de un asunto con una tarjeta de memoria del que todos hemos sabido).

600 automóviles de lujo, 12 palacios en Marruecos, un palacio en París valorado en 88 millones de euros, es dueño de la mitad del término municipal de Betz (un pueblo al norte de París donde tiene un palacio y una finca), aviones privados (incluido uno de 90 millones de su hijo de 15 años) y no faltan caprichos horteras como un reloj Patek Philippe de diamantes valorado en 1 millón de euros.

Todo lo anterior es solo lo más llamativo del poder y el boato de un monarca absolutista; pero la verdadera fortuna de Mohamed viene de su participación mayoritaria (60%) en dos holdings, recientemente fusionados, Sociedad Nacional de Inversiones (SNI) y ONA (Omnium Nord Africain que son su brazo financiero. Este titán empresarial tiene intereses en banca, seguros, minas, construcción, plásticos, transporte, telefonía, turismo y energía; y por estos holdings pasa el 30% de la riqueza del país. Mohamed VI es en realidad el CEO de Marruecos S.A.

Tranquilos que llegamos a las estrategias muy pronto. Antes, y para seguir dando contexto (datos fachas) veamos quién está al frente del gobierno marroquí. El partido mayoritario, PJD Justicia y Desarrollo, al que pertenece el presidente del Gobierno —Saadeddine Othmani–, es un partido que se autocalifica como islamista.

Un dato a tener en cuenta es que en el programa del PJD se recoge «la suspensión de todo tipo de normalización de relaciones secreta o declarada» con Israel. Un partido islamista es por definición anti-judío.

En agosto del pasado año 2020 Othmani decía lo siguiente:

«Nos negamos a cualquier normalización con la Entidad Sionista (forma despectiva de referirse a Israel) porque esto les evalentonaría para continuar atacando los derechos del pueblo palestino».

El 22 de diciembre el mismo Othmani firmaba –tragándose su propia ideología– un acuerdo para establecer relaciones diplomáticas con Israel. Un presidente de Gobierno antisemita e islamista –valga la redundancia– pasa en cuatro meses de simpatizar con los ayatollahs iraníes en su ardor antisemita a firmar relaciones diplomáticas con los que él considera demonios con rabo y cuernos ¿Qué pasó?

Pasó que el rey es el que decide y Othmani por más islamista que sea es un pelele del monarca. Pasó que Mohamed VI supo aprovechar a un Trump saliente deseoso de apuntarse tantos para extraerle a EE.UU. el reconocimiento de la soberanía marroquí del Sahara Ocupado a cambio de reconocer a Israel. Política exterior, asuntos de soberanía, esos son cotos del rey tirano. Mohamed, como (supuesto) descendiente del señor de la guerra Mahoma, conoce bien el principio musulmán de la Taqiya (engaño o decepción justificado en el islam hacia los infieles) y sabe que le interesa contar con el apoyo de EE.UU. en sus ansias expansionistas hacia el Gran Marruecos (ojo que llega hasta Senegal).

Al rey de Marruecos se la pela que el alcalde de Casablanca, Abdelaziz El Omari, haya renunciado a la Secretaría General del PJM –aunque sigue al frente de la ciudad– o que el predicador radical Al Moqri abu Zaid, uno de los ideólogos del partido, ponga en suspenso su militancia. Mohamed toma nota y ya se ocupará de estos alborotadores a su debido tiempo.

El caso es que en España desconocemos mucho sobre lo que ocurre en Marruecos –y ocurren muchas cosas–. Aquí en nuestro país, hablar de Marruecos es hablar del monotema de la inmigración ilegal, que siendo muy importante es solo un aspecto de nuestras relaciones bilaterales con el presunto amigo del sur.

Pensemos que el partido gobernante del país hasta hace poco estaba encabezando manifestaciones, por todo Marruecos, en contra del estado de Israel; y ahora firman un acuerdo con la que despectivamente denomina «entidad sionista» (bendita entidad por cierto; en Freenoticias somos firmes defensores de lo que llamamos el milagro de Israel)

Mohamed VI ha conseguido que la superpotencia norteamericana reconozca su ocupación del Sahara Occidental y de paso ha logrado constituirse como aliado preferencial de EE.UU. Gracias a esta relación preferencial Marruecos va a dotarse –en condiciones muy ventajosas– de helicópteros Apache, misiles Patriot, carros de combate Abrams y posiblemente será el primer y único país africano autorizado a adquirir cazas de quinta generación y tecnología furtiva F-35. Con el importe de cualquiera de estos juguetes Marruecos podría hacerse cargo de todos los menas marroquíes que tenemos en España.

No es fácil vender entre la población marroquí el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel, un país del que cada viernes escuchan pestes en las mezquitas, por mucho que se justifique como un pago por el reconocimiento por parte de EE.UU. de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental (ilegalmente ocupado)

Marruecos está en año electoral y algo como firmar un acuerdo con Israel no es un tema menor en una población abrumadoramente musulmana (dato: es ilegal predicar cualquier otra religión a los musulmanes) y con ideas muy radicales para los estándares occidentales. Veamos datos del Pew Research Center (2011)

1.- El 83% de los marroquíes están a favor de que la Ley Islámica (Sharia) sea la ley oficial del país (lapidar adúlteras, ejecutar a los apóstatas, impuestos extras para infieles, azotar homosexuales, etc.)

2.- Solo el 15% de los marroquíes está5 a favor de que las mujeres tengan los mismos derechos a heredar que los hombres (dato: las mujeres en Marruecos heredan la mitad que sus hermanos, es una Ley islámica como la que prohíbe la adopción)

3.- El 9% de los marroquíes ven bien el inmolarse matando por el islam (20% no contesta)

Teniendo en cuenta el carácter profundamente musulmán de la gran mayoría de la sociedad marroquí no es fácil, ni siquiera para el Comendador de los Creyentes, vender entre la población el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel, un país del que cada viernes escuchan pestes en las mezquitas.

Por mucho que se justifique como un pago por el reconocimiento por parte de EE.UU. de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental (ilegalmente ocupado), llegar a un acuerdo, el que sea, con quien en el imaginario marroquí es enemigo del pueblo árabe y del islam es una pirueta de difícil encaje. Mohamed VI sabe esto bien, y a pesar de ser la máxima autoridad religiosa –preside el Consejo de Ulemas– y de que su palabra es ley, necesita desviar la atención de su pueblo hacia otros asuntos ¿Y qué mejor asunto que Ceuta y Melilla? Pues en esas estamos.

Cuando Marruecos tiene problemas internos y coincide que en España tenemos idiotas cobardes al frente (algo muy frecuente), el rey no duda en jugar la carta del irredentismo para hurtar del debate público los problemas reales del que dice su pueblo.

Marruecos conoce bien lo que pasa en España en todo momento, son conscientes de la debilidad de Pedro Sánchez y las explotan para alejar el foco de las tensiones internas (asunto de Israel, elecciones en 2021 posiblemente se aplacen, purgas, etc.). Así que se juntan el hambre y las ganas de comer y abren la espita para invadir Ceuta con los siervos del sultán Mohamed. Además esta acción se realiza de la forma más cobarde posible, poniendo a mujeres y niños a la vanguardia de la invasión. Empleando a niños y mujeres Marruecos juega la baza de la compasión y sobre todo la de explotar en su beneficio los complejos occidentales. Las imágenes de infantes y señoras siendo rechazados o golpeados intentando avanzar serán siempre munición para su «causa» y motivo para que las ONG globalistas censuren a España por sus malos modos. Ya se hizo en 1975 con la «Marcha Verde» con éxito y volvemos a ver la misma película en 2021. España debe quitarse los complejos y actuar con determinación sin importarle lo que la Cruz Roja u Open Arms digan al respecto porque no podemos estar al albur de lo que las ONG cómplices de la trata de seres humanos digan o dejen de decir.

Otra cosa que nunca debemos de perder de vista es que Marruecos tiene abundante documentación comprometedora de muchos políticos españoles (sobre todo de Felipe González y de José Luis Rodríguez Zapatero) y son muy conscientes de que esa es un arma que ellos pueden emplear y España no. En Marruecos cualquier información que comprometa a Mohamed VI es rápidamente censurada y la figura del monarca no debe rendir cuentas, algo que afortunadamente aún no sucede en España.

Hasta ahí el contexto. Ahora vamos con las estrategias que España puede seguir en relación a la dictadura marroquí.

Apaciguamiento:

Es la estrategia que se sigue desde que el entonces príncipe Juan Carlos se bajara los pantalones en 1975 –por ahí siguen los pantalones y los gayumbos con sus zurraspas– ordenando el repliegue de las unidades del ejército español del Sahara Occidental. España abandó a un pueblo que fue invadido por Marruecos con una «Marcha Verde» cobarde en la que las mujeres y los niños avanzaban en cabeza. Esta estrategia consiste en tener contento al sultán a toda costa para conseguir que Marruecos no permita que seamos inundados con inmigrantes de toda África y aparque su reivindicación sin fundamento de Ceuta y Melilla. Hay otros temas como la pesca, las aguas jurisdiccionales y los recursos que hay en ellas o la «colaboración» chantajista en materia de contraterrorismo. Esta estrategia propia de conejos se ha visto reforzada desde que en 1986 hemos tratado de pasarle la patata caliente a la UE. Confiar en que la UE sea el hermano mayor que defienda nuestros intereses frente al sultán ha encontrado escaso éxito debido a, entre otras cosas, la relación de pinza que Francia se ha prestado a hacer con Marruecos reiteradamente. Europa con Marruecos tiene los mismos complejos que con Turquía. Los euro-burócratas viven obsesionados con la capacidad de estos dos países de abrir o cerrar el grifo de las invasiones. La doctrina de esta estrategia acomplejada puede resumirse en que es mejor tener a este «cabrón» al mando en el sur que a otros cabrones que podrían ser peores. En el fondo de esta filosofía subyace la asunción de que ningún gobierno español podría justificar ante la opinión pública un enfrentamiento con el régimen alauita. Algo que el tirano de Rabat conoce y explota a placer.

Disuasión pacífica

Esta estrategia pasa por adelantar las líneas rojas de la política exterior y de la doctrina de defensa españolas. Se trata de dejar claro desde el principio y de forma pública varios asuntos:

a.- España está decidida a defender con todas sus consecuencias el eje estratégico Baleares-Estrecho-Canarias. Potenciar el presupuesto de defensa poniendo énfasis en la armada y la proyección aérea. Se trataría de ejercer soberanía mediante el despliegue de la fuerza y no dudar en confrontar cualquier violación de las aguas territoriales. Esta proyección debe verse reforzada en el plano político por una mayor implicación con nuestros aliados de la OTAN o con quien haga falta. Cuando hablo de «quien haga falta» me estoy refiriendo sobre todo, a Argelia que es sobre el papel el enemigo número uno de Marruecos.

b.- Cesar las políticas de buenismo progre. Se acabaría eso de llamar migrantes a los que son emigrantes y en algunos casos invasores. Marruecos debe recibir el mensaje de que cualquiera que entre en España desde su territorio, ya sea por tierra o porque zarparon desde Marruecos, será devuelto en caliente… en templado y en frío. Las invasiones jaleadas y auspiciadas por Marruecos como la de estos días en Ceuta bajo esta doctrina serán repelidas empleando fuerza no letal pero sumamente contundente (pelotas de goma, porras, gases lacrimógenos, tásers, más alambradas si hace falta hasta submarinas, cargas policiales, etc.). Quien invade un país no puede esperar mimos y caricias.

c.- Las infracciones de acuerdos, de soberanía o los ataques directos de, o apoyados por, Marruecos, acarrearán sanciones económicas. En este punto cabe esperar que muchas empresas españolas se quejen y lloren aduciendo que por culpa de eso les van a hacer la vida imposible en Marruecos. A estas empresas se les dice que tendrían que haber evaluado bien donde invierten, que quizá mejor hubiera sido en Portugal, y que la seguridad nacional está por encima de sus intereses corporativos.

Marruecos debe saber que España está dispuesta a modular su apoyo a la causa Saharaui en función de cómo Marruecos se desempeñe en otros asuntos

Disuasión activa

Esta estrategia incluye todo lo que recoge la «disuasión pacífica» y añade un punto de proactividad. Marruecos tiene muchos puntos débiles que se pueden explotar en beneficio de la seguridad y de los intereses de España; a saber:

Argelia: Argelia y Marruecos aún combaten en el Sahara Occidental de manera indirecta. Tinduf, en el suroeste de Argelia, es la base de operaciones segura del Frente Polisario y modular el apoyo a Argelia en función del comportamiento de Marruecos debe ser algo automático. Argelia desde siempre quiso tener una salida al Atlántico a través del Sahara Occidental y se quedó con las ganas en 1975 con tener un asiento en el tratado de Madrid en el que regalamos 2/3 del territorio a Marruecos y el tercio restante a Mauritania. Al final Mauritania (un país en el que en 1975 la esclavitud era legal y un negocio boyante) renunció a su parte a favor de Marruecos a cambio entre otras cosas a que Marruecos renunciara a su reivindicación de toda Mauritania. Argelia tiene así mismo un conflicto fronterizo con Marruecos que data de 1963 (Guerra de las Arenas) y que siempre ha estado larvado. España tiene bastante fácil azuzar a Argelia contra Marruecos y es una baza que debe ser tenida en cuenta, y sobre todo es una baza que Marruecos debe saber que estamos dispuestos a jugar.

Mapa del Gran Marruecos de 1956:

– Sahara Occidental. Un Sahara Occidental independiente y pro-español que mantenga a Marruecos entretenido en su flanco sur es hoy por hoy complicado de lograr aunque no imposible. Sin embargo hay elementos de los que obtener provecho. Con esta doctrina política lo que se persigue y lo más importante es que Marruecos debe saber que España está dispuesta a modular su apoyo a la causa Saharaui en función de cómo Marruecos se desempeñe en otros asuntos. Traducido: si Marruecos abre el flujo de invasores ilegales España abre el flujo de ayudas al Frente Polisario. Cuando hablamos de ayudas hablamos de compartir inteligencia (imágenes de satélite, información de movimientos de tropas, sobre agentes marroquíes infiltrados, etc.) y apoyo financiero indirecto (vía Argelia por ejemplo)

-El Rif. En las seis provincias norteñas de Marruecos existe un sentimiento muy potente, de raíces bereberes, que hacen que esta región sea un territorio cuanto menos delicado para la monarquía alauita. En el Rif, antiguo protectorado español, el sentimiento independentista siempre ha sido muy fuerte y aunque está larvado es fácilmente azuzable. La autoridad del sultán (empezaron a llamarse reyes solo a partir de 1957) emana de dos fuentes. Una es lo que se conoce como blad al-majzen, los territorios que aportaban tributos al sultán (de majzén deriva la palabra almacén) y la otra es la de ser amīr al-mu’minīn o Comendador de los Creyentes, máxima autoridad religiosa. En el Rif tradicionalmente se veía al sultán como un líder religioso pero las que cortaban el bacalao eran las cabilas, y sus jefes tribales nunca reconocieron la autoridad política de la casa alauita. Mohamed V primero y Hassan II después –abuelo y padre respectivamente del dictador actual– actuaron con puño de hierro. A finales de los años 50 el rey envió 30.000 hombres al mando del príncipe Hassan (su sucesor) para reprimir las revueltas rifeñas llevándose la vida de entre 2.000 y 7.000 personas. En 1984 Hassan II aplacó a sangre y fuego las revueltas en Nador y Alhucemas con un balance de 16 muertos. En 2016 unas revueltas causadas a raíz de la muerte de un pescadero (Mouhcine Fikri) triturado por un camión de la basura mientras se enfrentaba a la policía que le decomisaba el pescado se saldaron con decenas de detenidos condenados a penas de hasta 20 años de cárcel.

El Rif es un territorio considerado hostil por la monarquía alauita. Mohamed V y Hassan II raramente visitaban esta región en donde aún se refieren al rey como ‘Sid qum’, vuestro rey, en contraposición a cómo los marroquíes del sur se refieren a su rey, ‘Sidna’, nuestro señor.

El poder siempre ha mantenido al Rif al margen del crecimiento y la prosperidad de otras regiones de Marruecos y ya desde los primeros años 60 los hombres se veían abocados a emigrar a Europa o a traficar con hachís. El amazigh (idioma bereber que se habla en el Rif antes de la invasión musulmana) ha estado prohibido en la educación hasta 2019 y todavía hoy los nombres bereberes son rechazados en los registros civiles. A la llegada de la independencia las lenguas bereberes eran muy mayoritarias (más que el árabe) y fueron machacadas por la autoridad real.

España puede prestar apoyo cultural a la causa bereber fomentando la creación de emisoras de radio y TV ubicadas en España que emitan en esa lengua y dar voz a la disidencia bereber ante organismos internacionales y, nuevamente, hacer saber al poder marroquí que esa colaboración puede ser modulada en función del desempeño de Marruecos en los temas que afectan a la seguridad española. Tener la capacidad para poder achuchar a la población rifeña en contra de los intereses del monarca absolutista debe ser un mazo que el sultán tenga la seguridad de que España puede emplear llegado el caso.

Un soberano caprichoso, totalitario y consentido solo respeta una cosa: la fuerza.

– La política marroquí. En Marruecos no hay democracia y eso es una oportunidad para España, ya que existe un espacio para apoyar movimientos políticos que se opongan al monopolio que la casa real hace de la política –y del país en general–. Influir en la élites marroquíes más aperturistas o insuflar un sentimiento filo-hispánico en los movimientos estudiantiles son solo dos ingredientes dentro de una planificación global de infiltración blanda y por capilaridad en la sociedad marroquí. España debe seleccionar qué talentos políticos apoyar (pueden ser de signos distintos) y estar al tanto de lo que se cuece en los foros más aperturistas y más islamistas para poder articular una telaraña de influencia que pueda emplearse en pro de nuestros intereses y tangencialmente en pro de los intereses de la libertad en Marruecos.

Nada de fantasías; Marruecos no será nunca una democracia mientras el islam juegue un papel central en su sociedad, y debemos tenerlo en cuenta. Mejor un rey investido de autoridad religiosa que mantenga al reino dentro de un cierto orden que un cacao de tribus fanatizadas sacándose los ojos con el Corán en la mano (como en Libia o Irak). Pero mejor, mucho mejor aún, tener un rey que sabe que cualquier día puede pasarle a él lo que le pasó a otros dictadores musulmanes. Un rey de Marruecos que tema jugar con fuego y acabar como Gadafi en Libia o como Sadam Hussein en Irak se lo va a pensar dos veces antes de tocarnos las pelotas. No le deseamos un final trágico al monarca alauita porque no deseamos el mal a nadie y su mal nos traería otros males peores a todos. Lo que sí deseamos es que un dictador caprichoso como Mohamed VI sepa que jugar con España es jugar con su trono y que en la Casa Alauita hay muchos que también podrían ser rey.

La fuerza y la determinación para emplearla de forma proporcional, es lo único que un dictador respeta y teme. Apaciguar es dar de comer una y otra vez a un bicho que engorda a nuestras expensas y que acudirá a mordernos para desviar la atención de los problemas reales de su pueblo cuando lo crea necesario. Mohamed VI pasa más de la mitad del año fuera de su país dándose la vida padre mientras su riqueza crece a costa de un pueblo depauperado, algo que lamentamos por los marroquíes y por la Humanidad en general. Para España que este señor bien comido lleve una vida muelle no es un problema grave, pero sí lo es que este sátrapa se ría de todo el Pueblo español chantajeando a nuestros gobiernos pusilánimes que solo piensan en el corto plazo.

Un rey asustado ante el temor de acabar como Gadafi en Libia o como Sadam Hussein en Irak se lo va a pensar dos veces antes de tocarnos las pelotas

La única estrategia política que puede solucionar nuestro problema con este gobernante dictatorial es la de la disuasión activa, porque ese «idioma» lo va a entender bien rápido. Pero hay que ser audaces y no pensar solo a corto plazo; debe ser una estrategia mantenida en el tiempo y que emplee todas las palancas arriba mencionadas y que se nutra de abundante inteligencia civil y militar. Si te limitas a defender «perejiles» de vez en cuando sin mantener el pulso, si bajas la guardia, un día llega un 11 de marzo. Y este último párrafo quien mejor lo entiende se llama José María Aznar.

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