sábado, octubre 16, 2021
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De Teherán 1943 a Davos 2021. Retrato de los vencedores

La Segunda Guerra Mundial, que para muchos no fue más que el segundo capítulo de la Gran Guerra de 1914-1918, concluyó con dos hongos radioactivos arrasando Hiroshima y Nagashaki en agosto de 1945. La guerra estaba ganada desde hacía dos años, el empleo del arma nuclear era una forma de adelantar el final a la vez que se mostraba al mundo quien estaba al mando a partir de entonces. La Tercera Guerra Mundial la viene ganando China desde hace más de diez años, el uso del virus en 2020, al igual que las bombas atómicas en 1945, ha sido una forma de adelantar la victoria y de mostrar al mundo quien es el nuevo Papi Chulo en el planeta.

Al igual que las bombas atómicas las lanzaron los estadounidenses, el Covid-19 lo soltaron los chinos. La diferencia principal entre la Segunda y esta Tercera Guerra Mundial, radica en que en esta última la mayoría de la población desconoce que estamos en medio de un conflicto.

En esta guerra el régimen chino ha seguido fielmente varios de los consejos que Sun Tzu enumeró en su famoso libro El Arte de la Guerra: «Lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla» y «la excelencia suprema consiste en romper la resistencia del enemigo sin luchar.»

El régimen chino ha aplicado estas enseñanzas de Tzu; no ha declarado la guerra, simplemente la ha librado en silencio contra un enemigo que no era consciente de ser tal, ni de estar siendo atacado. China no ha empleado un B-29 como el Enola Gay para llevar la destrucción al mundo; el comunismo chino ha desatado la destrucción empleando un virus al que dice combatir.

¿Qué puede ser más genial que una potencia agresora que inicia una guerra furtiva, acabe no solo ganando esa guerra sin declararla, sino erigiéndose en paladín de la lucha contra la peste que han empleado para rematar su guerra clandestina?

Viajemos a 1943.

La Conferencia de Teherán tuvo lugar entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 1943. Los líderes de las tres potencias que resultarían vencedoras en la II Guerra Mundial, Roosvelt, Stalin y Churchill, se reunieron en la capital iraní para decidir cómo se procedería al final de la guerra y cómo sería el mundo una vez vencidas las potencias del Eje.

(Nota del editor: Este será uno de esos artículos extensos, con abundante información y análisis, y recomiendo leerlo en su totalidad para comprender como al igual que a finales de 1943, hoy a principios de 2021, estamos en el amanecer de una nueva era política en el mundo. Lamento extenderme -es mentira- y espero que te guste o al menos que te aporte información).

Aparte de las lógicas ganas comunes por vencer a la Alemania nazi y al Japón imperial, estas tres potencias compartían muy pocos objetivos estratégicos y diferían en cuál debía ser la forma de dar la puntilla al régimen criminal de Hitler.

La Unión Soviética deseaba, entre otras cosas, zamparse un tercio de Polonia, ejecutar a entre 50 y 100 mil oficiales alemanes y tener el control de los Balcanes y de la Europa Central y Oriental. Stalin deseaba una ofensiva en el frente occidental (por Francia) que debilitara la resistencia alemana en el este y le permitiera ser el primero en la carrera hacia Berlín sin un excesivo (incluso para un dictador sanguinario como él) coste de vidas y recursos.

El Reino Unido, que desconfiaba del dictador Stalin, quería que la ofensiva final aliada se realizara a través del Mediterráneo central y oriental atacando por la «suave panza» del sur de Europa a través de los Alpes y los Balcanes. Churchill fue quien bautizó como Telón de Acero la constitución de regímenes comunistas títeres de la Unión Soviética a lo largo y ancho de la Europa central y oriental. El fumador de puros deseaba rendir a Hitler atacándole desde Austria, proyectando la ofensiva desde el Adriático a través de Croacia, Serbia y Hungría, y desde el Mar Negro a través de Rumanía y Bulgaria.

La estrategia británica además de derrotar a Hitler, único objetivo compartido con EEUU y la URSS perseguía dos metas. Una era frenar el avance comunista hacia el oeste, interceptando dicho avance desde el sur e incluso uniéndose a la ofensiva soviética una vez los frentes se encontraran. Esa estrategia hubiera asegurado que Stalin no pudiera ocupar media Europa. La otra meta de los británicos era restaurar y poder proteger el imperio de preguerra, afianzando la ruta mediterránea a través de Gibraltar y Suez, vital para las comunicaciones con sus colonias y posesiones en África, Oriente Medio y Asia.

Por su parte los norteamericanos tenían dos objetivos además de la derrota de Hitler. El primero era acabar cuanto antes la guerra en el teatro europeo, a Roosevelt le quedaban 16 meses de vida, para centrarse en derrotar a Japón en el Pacífico. Al fin y al cabo fueron los nipones quienes les declararon la guerra en 1942 atacando Pearl Harbour. El otro objetivo estadounidense era impedir la reconstitución del imperio británico tras la guerra. Estados Unidos no acabó muy satisfecho con lo logrado para su país en el Tratado de Versalles. Los norteamericanos no obtuvieron los mismos beneficios que Francia o Reino Unido con el final de aquella guerra. La paz firmada en Versalles que puso fin a la Primera Guerra Mundial, una guerra empatada o ganada a los puntos, benefició a Gran Bretaña y Francia en sus intereses imperiales a costa de empobrecer a Alemania con tributos impagables y no reportó demasiadas ventajas para los socios americanos. Las severísimas condiciones impuestas por el Tratado de Versalles, vistas por la población alemana como una humillación inmerecida, también facilitaron el discurso del cabo Hitler, la caída de la República de Weimar, y fueron uno de los principales desencadenantes de la Segunda Guerra Mundial. La Segunda Guerra Mundial no fue sino la continuación de la guerra que arrancó en 1914 y que quedó suspendida en 1918.

Roosevelt y el general George Marshall (que en determinados asuntos mandaba más que el propio Roosevelt) desconfiaban tanto o más de Churchill que de Stalin, motivos no les faltaban, y además estaban hartos de las demoras británicas para llevar a cabo la Operación Overlord (el desembarco en Francia) para atacar el Reich por el camino más corto: por el oeste. Stalin estalló contra Churchill en Teherán, exigiéndole una fecha para el ataque desde Francia. Roosevelt coincidía con Stalin en que el desembarco en Francia era la mejor opción, el futuro de Polonia o Hungría le importaban menos en ese momento que irse al otro barrio sin poder aplastar a Japón.

Estados Unidos además, no tenía ningunas ganas de volver a hacer el canelo como en la Primera Guerra Mundial. Estaban decididos a vender a un alto precio su intervención. El precio incluía sustituir a Gran Bretaña como potencia marítima e imperial de Occidente. En 1940, dos años antes de que EEUU entrara en la guerra, EEUU y Gran Bretaña negociaron durante un año un tratado por el que EEUU obtenía acceso a establecer bases militares en las colonias británicas de Canadá (Newfoundland), Bermudas y Trinidad a cambio de regalar 50 viejos destructores al Reino Unido. En un principio Roosevelt no quería dar nada en compensación por poder proyectar su poder militar en territorios de sus antiguos amos, fue tan solo el temor a que los alemanes llegaran a la Península de Labrador, tras aniquilar a la armada británica lo que le animó a aflojar los barcos que Churchill le suplicaba. O colaboraba para paliar la sangría que los u-boat alemanes causaban a la Royal Navy o la guerra podía llegar a su hemisferio. Este acuerdo casi a punta de pistola, anterior a la incorporación estadounidense en la guerra y firmado cuando los británicos estaban con el agua al cuello, da la medida de las «excelentes relaciones» anglo-estadounidenses.

Churchill se la envainó y se desembarcó en Normandía. Estados Unidos prefirió dejar caer en manos del comunismo a media Europa antes que ayudar a sus antiguos amos, los «Casacas Rojas», a perpetuar sus aventuras imperiales. A Estados Unidos por aquellos años el Mediterráneo, «un callejón sin salida» en palabras de Marshall, no le interesaba en absoluto y menos si eso daba alas al imperialismo británico. Roosevelt sabía que se moría y quería poner cuanto antes punto y final a la guerra en Europa para poder darse el gustazo de probar su juguete atómico con los japoneses. Las prisas de Teodoro estaban justificadas, en abril de 1945 moría Roosevelt estando en el cargo y tuvo que ser Truman, su último vicepresidente, el que ordenará el ataque atómico cuatro meses después.

La nación más poderosa de las tres que se sentaron a la mesa en Teherán, EEUU, contaba con el líder más débil, y la nación más débil, Gran Bretaña, con el líder más fuerte. El líder más duro, Stalin, supo aprovechar en su beneficio las disputas entre sus aliados circunstanciales. Gran Bretaña y sobre todo la URSS sufrieron en sus territorios y en sus economías las penurias de una guerra brutal, Estados Unidos en cambio a pesar de sufrir numerosas bajas militares no padeció la guerra en su territorio y salió de ella como indudable potencia hegemónica.

En Teherán a finales de 1943, cuando la derrota del Eje era ya previsible, se esbozó la forma en la que se iba a finiquitar la Segunda Guerra Mundial y cuál sería el equilibrio de poder a partir de esa victoria. Tres potencias unidas por un solo y único objetivo, y que serían enemigas tras el conflicto, pusieron los cimientos de la Guerra Fría un año y medio antes del final de la Guerra Mundial.

En Davos en 2021, esta vez de manera telemática, una potencia, China, anticipa el final de una guerra, librada a fuego lento. En Davos Xi Jingping proclamó como invitado especial, entre los aplausos de los abanderados del globalismo, su victoria sobre las libertades individuales y lo que queda de Occidente. El comunismo de sabor chino se proclama victorioso en una guerra iniciada por ellos mismos empleando un arma biológica.

Al igual que EEUU en la anterior guerra mundial, China ha sido la potencia vencedora en términos económicos y también posiblemente en términos de vidas (aunque esto último es algo que tal vez nunca sabremos, teniendo en cuenta la legendaria opacidad del régimen); y a diferencia del anterior conflicto mundial, esta vez la potencia más claramente victoriosa ha sido también la que ha iniciado las hostilidades…en silencio.

«El mundo no volverá a ser como antes»

Xi Jingping en su discurso ante el World Economic Forum (Davos) en enero de 2021

El inquietante director del Foro de Davos, Klaus Shcwab, gran impulsor de la iniciativa de El Gran Reinicio, agradeció las veladas amenazas del dictador comunista con estas palabras:

«Tenemos que comenzar una nueva era global y contamos con usted. Muchas gracias, señor presidente, por esta declaración de principios y por recordarnos que somos parte de una comunidad global que comparte el mismo futuro común».

Schwab debió al menos reclamarle a Jingping los derechos de autor de la frase «el mundo no volverá a ser como antes» porque una muy parecida ya la pronunció el propio Klaus hace tiempo:

«La gente se piensa que vamos a volver a los buenos viejos tiempos, y todo será normal de nuevo en lo que entendemos como normal. Esto es ficción, no ocurrirá»– Klaus Schwab –

La «declaración de principios» del tirano marxista Jingping, que su colega Schwab agradeció, se centra en cuatro claves sobre las que el mundo deberá regirse bajo la égida y la supervisión de la potencia vencedora:

1.- Una política macroeconómica coordinada. El dictador constata que vivimos la mayor recesión económica desde el final de la Segunda Guerra Mundial por culpa del Covid chino lo que requiere «… intensificar la coordinación de las políticas macroeconómicas y promover conjuntamente un crecimiento sólido, sostenible, equilibrado e integrador de la economía mundial». «Necesitamos cambiar las fuerzas impulsoras y los modelos de crecimiento de la economía mundial y mejorar su estructura, a fin de establecer el rumbo para un desarrollo a largo plazo, sólido y constante de la economía mundial.» Suena muy bonito, pero lo que realmente subyace en esta declaración de intenciones es que Jingping proclama el liderazgo de China, la única economía del G-20 que ha crecido en 2020, y de su modelo de sociedad, tras ser ellos los responsables de desatar una guerra biológica. No cuela Xi.

2.- Ningún sistema social es superior a los demás. «…abandonar los prejuicios ideológicos y seguir juntos un camino de convivencia pacífica, beneficio y cooperación mutuos. No hay dos hojas en el mundo idénticas, y ninguna historia, cultura o sistema social es igual. Cada país es único con su propia historia, cultura y sistema social, y ninguno es superior al otro. Los mejores criterios son si la historia, la cultura y el sistema social de un país se ajustan a su situación particular, cuentan con el apoyo de la población, sirven para generar estabilidad política, progreso social y una vida mejor, y contribuyen al progreso humano…No habrá civilización humana sin diversidad, y esa diversidad seguirá existiendo durante el tiempo que podamos imaginar. La diferencia en sí misma no es motivo de alarma. Lo que hace sonar la alarma es la arrogancia, el prejuicio y el odio; es el intento de imponer una jerarquía a la civilización humana o de imponer la propia historia, cultura y sistema social a los demás. La elección correcta es que los países busquen una coexistencia pacífica basada en el respeto mutuo y en la expansión de los puntos en común mientras dejan de lado las diferencias y promueven los intercambios y el aprendizaje mutuo. Ésta es la forma de impulsar el progreso de la civilización humana.» Muy bonitas palabras de nuevo, con su toque confuciano sobre las hojas de los árboles y todo. Esas palabras salidas de la boca de un dictador comunista más que reconfortar inquietan. China se folla en su propio país, día sí y día también, la diversidad que predica para los demás y si no que les pregunten a los tibetanos, uyghures, mongoles, vietnamitas y un largo etcétera de minorías.

Un déspota arrogante pidiendo al mundo abandonar la arrogancia, un jerarca tirano con su pueblo que condena la imposición de jerarquías, un autócrata que lleva años impulsando la homogeneización de la sociedad china, basada en el estándar del chino de etnia Han, pidiendo respeto por la diversidad y las diferencias…a los demás. Jingping es tan consecuente con lo que predica para los otros como Penélope Cruz lo es cuando habla de combatir el cambio climático mientras ella y su marido poseen mansiones, se mueven en yates, jets y todoterrenos y encima es la imagen de una empresa de cruceros cuyos barcos consumen 250 toneladas de combustible al día.

El relativismo que el sátrapa sermonea, y los globalistas aclaman, según el cual todos los sistemas políticos, todas las sociedades y todas las civilizaciones son iguales es una trampa para incautos rematadamente imbéciles. Hay sociedades, sistemas políticos y civilizaciones que, sin ser perfectos, sí son objetivamente mejores que otros. El grado de respeto por las libertades individuales, y al individuo en última instancia, que cada sociedad, sistema o civilización promueve son la mejor medida para establecer una jerarquía en el grado de bondad. En esta jerarquía el comunismo, el islam o el fascismo están clarísimamente a la cola. Decir que nada es mejor que nada, viniendo de labios de un déspota, es una mentira con la que otorgar legitimidad a cualquier régimen por execrable que este sea bajo la excusa de que son sus costumbres y son felices con ellas. Si así fuera la antropofagia, la esclavitud y los sacrificios humanos practicados por determinadas sociedades no se habrían tenido que erradicar bajo el pretexto de que «son sus costumbres seculares».

3.- Reducir las desigualdades Norte-Sur. «Se deben fortalecer la igualdad de derechos, la igualdad de oportunidades y la igualdad de normas, de modo que todos los países se beneficien de las oportunidades y los frutos del desarrollo.» Más palabras bonitas dichas por el líder comunista. Un guiño a los países del Tercer Mundo a los que China viene comprando sus recursos naturales a través de deuda (más de 150 mil millones de dólares solo en África) replicando a lo grande las políticas coloniales europeas. China viene practicando desde 2010 una política de inversiones a través de créditos con países del Tercer Mundo destinados principalmente a la construcción de infraestructuras. La deuda que estos países contraen a unos tipos de interés elevados, tiene como garantía «hipotecaria» las propias infraestructuras para las que se solicita el crédito. A China le da igual que se cumpla o no con los pagos ya que en cualquier caso gana.

China, a través de lo que muchos economistas han denominado como diplomacia de «deuda-trampa», logra establecer relaciones clientelares en regímenes ya de por sí corruptos, obtiene demanda para su producción industrial, genera puestos de trabajo para sus ciudadanos y llegado el caso se queda con infraestructuras estratégicas como pago por la deuda impagada. El caso del puerto de Hambantota en Sri Lanka, financiado al 85% por un banco chino es un ejemplo de esta diplomacia de deuda-trampa. En 2017 el puerto fue arrendado por 99 años a la empresa China Merchant Port Holdings (más de un 40% de propiedad estatal) a cambio de hacerse cargo de parte de la deuda de Sri Lanka. Cuando no son infraestructuras son recursos naturales o concesiones de cualquier tipo. China practica una política económica imperialista enfocada a tener un acceso fácil, seguro y económico a los recursos que su gigantesca economía precisa y a la vez hacerse con mercados para su no menos gigantesca producción industrial. Es una política que muchas más naciones han practicado y practican. Que el cachondo mental de Xingping hable de igualdad de derechos y de oportunidades o de beneficiarse de los frutos del desarrollo cuando las empresas chinas, muchas de titularidad estatal parcial o total se dedican a depredar recursos y engrasar con yuanes las redes de corrupción de decenas de países es otro alarde más de que el cabroncete va sobrado.

Hispanoamérica ha visto como sus relaciones comerciales con China se han multiplicado por 20 en la última década, y países como Argentina (100 mil millones de deuda de los cuales 17 mil son créditos chinos) se ven atraídos hacia la esfera de influencia china. En el caso de Argentina quien quiera profundizar que busque información sobre la estación militar china en la Patagonia, junto al pueblo de Las Lajas. Una supuesta estación de seguimiento espacial donde no accede nadie y en donde solo hay trabajadores chinos. Toda esta estrategia comercial se inscribe dentro de la denominada Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative) liderada por China y que va mucho más allá del intercambio comercial centrándose en la dotación de infraestructuras o los recursos mineros. Una guerra a la altura de la Segunda Guerra Mundial debe contar con su Plan Marshall en versión confuciana.

4.- Un gobierno mundial. «Unirnos contra los desafíos globales y crear juntos un futuro mejor para la humanidad. En la era de la globalización económica, las emergencias de salud pública como COVID-19 pueden muy bien repetirse, y es necesario mejorar la gobernanza de la salud pública mundial. La Tierra es nuestro único hogar. Redoblar los esfuerzos para abordar el cambio climático y promover el desarrollo sostenible incide en el futuro de la humanidad. Ningún problema mundial puede ser resuelto por un solo país. Debe haber una acción global, una respuesta global y una cooperación global»

Globalización, global y global; a estas alturas el bulto en el pantalón de Klaus Schwab debía ser difícilmente disimulable. El abuelo liberticida reseteador, quien ya debía estar salivando con las tres primeras directrices dadas por su emperador, al llegar a este punto tenía que estar al borde del mismísimo éxtasis marxista hiper-estimulado al oír «global, sostenible, climático».

Cuando la versión marxista de Winnie de Pooh dice que las emergencias de salud pública pueden repetirse es difícil distinguir si se trata de una amenaza o una promesa, pero cuando remata que hay que mejorar la gobernanza (Klaus con los ojos en blanco y levitando) de la salud pública, a mí se me despejan las dudas. Lo que Xinping quiere decir es que o somos buenos o nos dará más de su medicina.

Tras exponer sus líneas maestras para el futuro del mundo que se apresta a dirigir, Xinping, con toda la jeta, soltó: «Debemos defender los valores comunes de la humanidad, es decir, paz, desarrollo, equidad, justicia, democracia y libertad, superar los prejuicios ideológicos». Democracia y libertad dice el dictador, más cachondo y se hace monologuista, en penúltimo y último lugar, pero lo dice…y todos calladitos.

La chapa que el dictador chino dio a los asistentes al foro del tito Klaus tenía por título Dejemos que la antorcha del Multilateralismo Ilumine el Camino a Adelante de la Humanidad (Let the Torch of Multilateralism Light up Humanity’s Way Forward). El nombrecito es ,además de pomposo, ridículo y cursi, una descomunal tomadura de pelo porque el multilateralismo que nos propone Jinping The Pooh es uno dirigido por y para el comunismo chino.

A lo largo de su arenga el osito emperador menciona los términos global y globalismo 35 veces, 13 veces multilateral o multilateralismo, 7 veces sostenibilidad, 5 veces inclusivo, tan solo menciona una vez los términos libertad o democracia y ninguna las palabras individual, individuo, persona o ciudadano. El término derechos solo se menciona en el contexto económico.

El discurso de Jinping tan rimbombante en su estilo y aparentemente hueco en el fondo, destila el sutil e inconfundible aroma de quien se rige bajo la máxima política marxista de consejos vendo y para mi no tengo, pero la melodía de toda su perorata es marcial. Xinping está decretando que ahora él está a cargo y que el modelo chino de brutal comunismo político mezclado con capitalismo económico, envuelto en retórica barata y atado con un lazo de horterísima cursilería, es a partir de ya el referente a seguir. Tan es así que en el club de Klaus (El Foro Económico Mundial) nadie le discutió una puta coma al tirano.

¿Qué le van a discutir a Xinping los que buscan abiertamente resetear el mundo para acabar con la propiedad privada (de los que no son ellos), los valores occidentales o el consumo de carne? Bastante tenían los miembros del WEF con controlar las erecciones o procurar que no se les mojaran las bragas demasiado escuchando las bellas palabras del secretario general del Partido Comunista Chino como para preocuparse de corregir a quien desde hoy es el brazo ejecutor de sus fantasías lúbrico-tiránicas.

Pásate por este artículo para descubrir cómo el capitalismo comunista es la vía que más convence a las dictaduras digitales y los chupópteros multilaterales. «Chinificando» que es gerundio.

Al igual que en la Segunda Guerra Mundial en esta Tercera los vencedores se aprestan a rematar la faena y a repartirse el mundo. Roosevelt, Stalin y Churchill se reunieron en Teherán para determinar cómo concluir la guerra y dividirse el mundo. Su mensaje de cara al exterior era de unidad aunque sus objetivos eran divergentes. El desembarco fue en Normandía en contra de los intereses británicos, el imperio se quedó en las raspas. Los soviéticos fagocitaron media Europa, lo hubieran hecho igual de llegar a un acuerdo con Hitler más estable como el que firmaron en 1939 para repartirse Polonia. Y Estados Unidos dejó claro que después de entrar a regañadientes en las dos guerras europeas serían los policías del mundo porque su polla nuclear era la más larga con diferencia, aunque no patrullarían gratis.

El 25 de enero de 2021 los que se saben vencedores de esta guerra furtiva que esperan termine en 2030 también cierran filas de cara a la galería. Al igual que los tres de Teherán los miembros de esta alianza tiranicida comparten un objetivo, o más bien un enemigo: la libertad del individuo. Con este enemigo presuntamente abatido y en retirada toca establecer cómo se dividen el poder. Dudo que China esté muy por la labor de un gobierno mundial que no sea bajo la supervisión del Comité Central del Partido, también dudo que las tiranías que anidan en esos basureros de burocracia infinita llamados organismos internacionales vean a Xi Jinping (y a sus muchachos) como otra cosa que no sea el jefe del departamento de recursos humanos o el poli de la cachiporra.

Al igual que británicos y estadounidenses necesitaban y se aprovechaban de la falta de escrúpulos del brutal Stalin en el frente oriental, también los Schwab, Guterres, Soros o los ciber-califas de Silicon Valley se aprovechan de la ausencia de remilgos del régimen chino. El virus comunista las ha reportado pingües beneficios políticos y económicos a unos y a otros. En el caso de la ciber-dictaduras sus cuentas de resultados son espectaculares; en un mundo que vive bajo arresto domiciliario mientras los pequeños negocios son obligados a cerrar e ir a la ruina Amazon se forra vendiendo online y proporcionando entretenimiento televisivo, Twitter, Facebook y Google aumentan su tráfico y sus beneficios a la vez que ejecutan en el paredón a quien les planta cara (Parler). En el caso de esas casas de putas que responden a acrónimos como ONU, FMI, OMS, UNICEF, WEF, Banco Mundial, etc. el virus chino les ha venido de perlas para justificar su inútil, estéril y costosísima existencia. Estos putiferios, saturados de garrapatas burócratas excelentemente remuneradas, muevan la colitas alborozadas escuchando a Xi The Pooh repetir «multilateralismo». Aún tienen agujetas en sus rabitos de tanto sacudirlos de un lado al otro tras contemplar como Xi Jingping se cobraba la pieza de Donald Trump con ayuda de su virus y de una quinta columna de billonarios represores. Nada más sentarse detrás de la mesa del Despacho Oval, el chico de los recados del régimen chino ha ordenado volver a soltar billetes a la OMS y a cualquier puticlub multilateral que le digan.

Al igual que sus socios tienen planes para el lugar que la dictadura china debe ocupar en «su» nuevo mundo, también el osito dictador desea convertir a todos esos aliados (a los que desprecia) en sus comparsas; las zorritas consentidas del régimen imperial comunista; las sirvientas que recojan la mierda que el régimen irá execrando y la conviertan en Channel nº5 de cara a la opinión pública. Yo personalmente me vengo descojonando desde los años 90 de los que invocan a la ONU como fuente de autoridad moral, creo que en eso coincido con Xi.

Además de tratarse de una guerra que transcurre camuflada como crisis sanitaria, esta agresión liderada por el régimen chino no cuenta entre sus aliados con nadie que enarbole la bandera de la libertad, la bandera del individuo como único sujeto de derechos, ni siquiera tímidamente. Lo que dificulta en mayor medida la victoria total de las potencias represoras es que el enemigo que creen en visos de derrotar somos muchos y tenemos de nuestro lado la razón y la propia naturaleza humana. Va a ser jodido aguantar el desembarco que esta escoria tiene decido realizar en las playas de nuestras libertades y nuestras conciencias, pero libraremos la batalla con la verdad.

Churchill o Roosevelt no eran angelitos ni por asomo, una guerra se gana tomando decisiones que implican muertes y cierto grado de hijoputez es necesario para estar al frente. Pero Winston y Theodore tenían una visión del mundo mucho más cercana a la defensa de las libertades.

Aquella guerra la ganaron los cabrones menos malos. Esta la han casi ganado los más excelsos cabrones. Alguno en Berlín debió también pensar tras Dunkerke que casi ganan.

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