jueves, enero 21, 2021
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Capitalismo comunista. «Chinificando» que es gerundio.

Se trata de macerarnos en una ideología borreguil de manera exprés para lograr lo que milenios de confucianismo, budismo, taoísmo, emperadores sátrapas y comunismo han obrado en China.

Hace varias décadas, cuando el PCCh ya no podía negar de manera creíble la creciente dependencia de China de los sectores con fines de lucro de su economía, su liderazgo aprobó el lema “socialismo con características chinas” para describir el sistema económico chino. Deng Xiaoping acuñó esta famosa frase para racionalizar el desarrollo capitalista chino bajo un régimen político comunista y dictatorial, valga la redundancia.

Según el partido, la creciente privatización de la economía china debía ser una fase temporal, que duraría unos cien años según algunos líderes del partido, en el camino hacia una sociedad sin clases en un comunismo pleno. Los líderes del partido afirmaron, y aún mantienen, que el socialismo con características chinas fue necesario en el caso de China porque China era un país agrario «atrasado» cuando se introdujo el comunismo y por tanto el comunismo «fue introducido» demasiado pronto. China necesitaba por tanto pasar por una fase capitalista para poder llegar al parnaso comunista.

La revolución comunista de China llegó antes que el capitalismo industrial desarrollado, una excepción al marxismo ortodoxo.

El socialismo con características chinas, o el propio sistema chino, equivale a un estado social-comunista financiado por un desarrollo económico capitalista.

La diferencia entre la ex Unión Soviética y la China contemporánea es que cuando en la URSS se hizo evidente que la economía social-comunista había fracasado abandonaron el modelos social-comunista, mientras que en China se optó por mantener un estado comunista sostenido por un capitalismo económico.

El lema chino, socialismo con características chinas, recoge una verdad esencial sobre el comunismo, una verdad que el PCCh no reconoce o ignora y que los marxistas occidentales niegan. Contrariamente a las afirmaciones de los líderes y seguidores comunistas, e incluso contrariamente a las afirmaciones de muchos de los que se oponen al comunismo, el social-comunismo no es esencialmente un sistema económico sino político.

Los comunistas chinos han aprendido que la generación de la de riqueza requiere de la acumulación de capital privado, algo que seguramente no les entusiasma ni entienden del todo pero que han sabido ver. En definitiva que el comunismo funciona a nivel político pero es ruinoso en el plano económico porque son los particulares y es el mercado los que mejor saben asignar los recursos y no el estado.

Por tanto China es un gigante capitalista parasitado y cabalgado por una casta política comunista dictatorial (valga de nuevo la redundancia) que precisa renunciar a sus postulados económicos para mantener su supremacía política.

El modelo chino es sin duda el oscuro objeto de envidia y deseo de todos los que sueñan con un mundo confucianamente ordenado en el que la gente no de mucha guerra y todos tengamos mentalidad de enjambre viviendo en una colmena global de abejas obreras. Empresas como Microsoft, Google, Amazon, Facebook o Twitter podrían crecer cómodamente en un ecosistema capitalista monitorizado por una élite política tiranamente comunista (valga por tercera vez la redundancia); porque estas empresas, y muchas otras más, son ya microcosmos oligo-comunistas que se enriquecen a costa de sus trabajadores gratuitos (alias usuarios) a los que además se permiten reconducir, sancionar y amonestar en cuanto se salen de sus marxistas «términos y condiciones».

El capitalismo comunista o capitalismo parasitado permite a los muy ricos serlo cada vez más, siempre y cuando esos muy ricos sean afectos al régimen político parasitario; también permite impedir que quienes no compartan la «visión correcta» del mundo no logren jamás triunfar. Para que este capitalismo rojo prospere es necesario mantener una clase baja muy amplia con un poder adquisitivo suficiente para seguir alimentando los beneficios de una oligarquía capitalista progre en perfecta simbiosis con una élite política piadosamente dictatorial.

El hegemonismo comunista chino y el globalismo occidental se dan la mano y se funden en una lúbrica convergencia entre la pasta y el poder. A esta alianza unos aportan su saber hacer controlando (120 millones de muertos e incontables represaliados les avalan) y otros su maestría amasando fortunas.

Para desplegar un régimen planetario encarnadamente capitalista es necesario contar con una población sumisa, como lo es la población china tras milenios de confucionismo y dictadores divinizados en forma de emperadores o de secretarios generales del Partido Comunista. Para que el capitalismo rosáceo prospere es preciso deshacerse de los individualistas recalcitrantes que todo lo cuestionamos. Estas son cosas que no se improvisan. Una población dócil se consigue mezclando varios ingredientes: miedo, anestesia (pan y circo), propaganda y represión aplicados en las dosis necesarias para cada cultura y sociedad. El Gran Reinicio, ese término parido por un viejo cabrón llamado Klaus Schwab, va precisamente de eso; la Agenda 2030 es eso mismo: crear una base de bienmandados incapaces de organizarse y de resistir los designios de quienes ya piensan por todos. Se trata de macerarnos en una ideología borreguil de manera exprés para lograr lo que milenios de confucianismo, budismo, taoísmo, emperadores sátrapas y comunismo han obrado en China.

Bajo la perspectiva de tiranos como Schwab, Xi Jinping, Bill Gates, el Príncipe Carlos de Inglaterra o Jack Dorsey, ya somos demasiados humanos en esta pelota azul y no hay sitio para los rebeldes. Esta élite endiosada busca organizar a la Humanidad cual si de un gran rebaño se tratara. Todos bien secuenciados, estabulados y controlados. Las ideas correctas deben ser embutidas a través de los medios de comunicación oficiales, las redes sociales y la industria del entretenimiento (anestesia); las ideas tóxicas deben ser desacreditadas, ocultadas y perseguidas por esos mismos actores con la ayuda de las putas de la verdad «verdadera» (las empresas verificadoras alias very-feladoras). En Occidente se van dando los pasos encaminados a establecer una represión de facto del pensamiento disidente. Los que se significan por tener ideas contrarias a los dogmas revelados por los profetas del correctismo son tratados como apestados o conspiranoicos, pierden su trabajo y ya se oyen voces que piden que sean incluidos en listas. Esta técnica de cancelación la dejó muy claramente definida la sacerdotisa del correctismo, y una grandísima cínica, Hillary clinton cuando dijo:

«…usar algunas viejas técnicas de presión y vergüenza entre los colegas , para que las personas no sientan que cuentan con apoyo para hacer lo que aborrecemos»

Hillary Clinton

Toda una orden de combate para afear, presionar (perder trabajo o influencia) y avergonzar a los que no piensan o hacen las cosas que ella y su audiencia compuesta por representantes políticos de dictaduras islámicas (valga la redundancia) aborrecen

Puedes ver esta frase en su contexto en nuestro artículo Hillary Clinton la liberticida, la OCI y la islamofobia

Sin embargo, y muy especialmente en Occidente, a pesar de jugar en un terreno de juego embarrado por esta plaga de cursis déspotas, muchos millones de individuos nos reímos en la cara del totalitarismo disfrazado de buenismo identitario , de eco-abosolutismo o de inclusivismo hipócrita. A ojos de estos patriarcas que nos anuncian el advenimiento de un nuevo mundo, somos demasiados, principalmente en Occidente, los que hemos desarrollado una capacidad de oler dictadores a grandes distancias y hay que evitar que nos organicemos. Hay que evitar que haya debate de ideas porque cuando hay un libre mercado de ideas las ideas nocivas o que se sostienen en preceptos falsos, caen irremediablemente.

No se trata de que haya debate de ideas, no se trata de que triunfen las ideas mejores y por supuesto no se trata de buscar la verdad o la mentira en las cosas porque eso es relativo…Se trata de que te vuelvas resiliente, la palabra de moda junto con inclusivo y sostenible, ergo se trata de que te jodas y te aguantes porque es lo que hay, es lo que los que saben han decidido por ti, y punto.

Para domeñar a los cimarrones que no acatan las verdades anunciadas, que tan generosamente nos dan bien masticaditas desde todas partes y adornadas de sus correspondientes relatos, es necesario dar un par de vueltas de tuerca o agregar unas cucharaditas más de represión cruda a la receta para resetearnos.

Y cuando se trata de represión hay que beber de la fuente, hay que acudir a los expertos cum laude: los comunistas chinos. Xi Jinping tiene en marcha desde hace años un sistema de control y amaestramiento de súbditos llamado Crédito Social

En China viene perfeccionándose desde 2011 una iniciativa que permita a su liderazgo político una evaluación continua de la confiabilidad y el grado de adhesión al régimen de todos sus esclavos con smartphone. En China existe una especie de carnet por puntos que mide tu afinidad con los designios del Poder, que otorga recompensas y castigos y que establece listas negras y blancas. El sistema de crédito está estrechamente relacionado con los sistemas de vigilancia masiva de China como Skynet, que incorpora un sistema de reconocimiento facial, tecnología de análisis de macrodatos e Inteligencia Artificial

El Crédito Social permite dividir a los ciudadanos en una escala en función de lo fiables que son para el régimen. Los catalogados como dignos de confianza reciben descuentos en hoteles, propuestas laborales, admisión en escuelas o universidades para ellos o sus hijos; mientras que los indignos de confianza no pueden comprar billetes de tren o avión, son despedidos de su trabajo o no logran que sus hijos sean admitidos en colegios o facultades.

Pero el sistema no se detiene en perseguir travesuras, esa es la parte anecdótica, el sistema está diseñado para aniquilar y matar social y económicamente a quien literalmente les salga de sus marxistas pelotas a los jerifaltes del régimen dictatorial comunista. ¿Quién decide qué es cívico? ¿Quién determina qué es lo que te convierte en fiable o no? ¿Cuál es la interpretación de civismo que va a realizar un atajo de déspotas comunistas?

El proyecto está en fase local pero se espera que este mismo año empiece a desplegarse un programa nacional que coordine toda la cornucopia de cacicadas locales y convierta a los chinos en objetos de una represión 4.0 muy estimulante.

No reciclar adecuadamente, cruzar la calle por donde no es debido, poner la música muy alta o comer en el transporte público te catapulta a lo más alto de la lista. Todas estas cosas las firmaría cualquiera de nuestras millones de viejas del visillo ibéricas añadiendo «a ver si así aprenden». Y vaya si aprenden los chinos traviesos, acaban viendo sus nombres y fotografías adornando autobuses urbanos o saliendo en los «créditos» de malos oficiales en los cines antes de ver la película (recordad lo que decía Hillary Clinton de avergonzar…)

En una sociedad de sustrato confuciano donde la obediencia a la figura de autoridad y el decoro de hormiga obrera uniformada es muy valorado, este marcaje al hombre entra muy bien cuando se trata de afear las conductas incívicas. Ocurre como en Singapur donde la gente ve normal que esté prohibido mascar chicle. Lo que pasa es que a los comunistas chinos lo de que la gente se salte un semáforo o reserve un restaurante y no vaya después les preocupa entre cero y nada pero es una forma de ir metiendo la puntita antes de sodomizar a sus vasallos una vez más.

La excusa que la dictadura china da como justificación para montar este tremendo tinglado es que no está bien recompensado el ser un buen ciudadano y que el coste de ser poco cívico es muy bajo por lo que hay que encarecer este coste y recompensar mejor el civismo. ¡Qué buenos son los camaradas comunistas, qué buenos son que nos llevan de excursión!

Una vez que tienes a todos bien perfilados también puedes quitarles crédito social a los incívicos por opinar en redes sociales de forma poco ortodoxa, puedes evitar que viajen o tengan pasaporte los que osen desafiar el discurso oficial o critiquen a los próceres de la patria. Y por supuesto como en todo régimen comunista unos son más iguales que otros por lo que los hijos de los camaradas de alto rango podrán reciclar malamente sin que nadie les quite (o ponga) un punto de su crédito social de los cojones.

Un programa liberticida como este arranca con los aplausos de las VVdV (viejas del visillo) aficionadas al señalamiento y el chivatismo pero acaba purgando a quien sea necesario incluyendo a las VVdV insuficientemente delatoras. Si hoy no va por ti lo hará mañana o pasado. Además este sistema produce una espiral que arrastra a algunos al infierno e impulsa a otros al cielo de la hoz y el martillo. Un día te echan del trabajo, otro día no puedes viajar, tu mujer o marido te abandona para que no expulsen a tus hijos del colegio, luego el banco te anula las tarjetas y tu casero te echa de casa…y todo esto mientras ves tu cara en el autobús junto a otros forajidos…habértelo pensado antes de poner ese meme de Xi Jinping en Baidu.

China has banned Winnie the Pooh for comparison with Xi Jinping

El virus comunista chino, conocido como Covid-19, es un catalizador muy conveniente para acelerar todas estas iniciativas totalitarias porque ofrece la excusa perfecta para que la opinión ovina (pública) compre por cojones toda esta mercancía opresora con la piadosa excusa de que debemos ser vigilados para salvar vidas. Los gurúes de El Gran Reinicio (Klaus Schwab, Justin Trudeau) no se cortan y lo han dicho claro asociando en una misma frase virus y oportunidad para el (puto) reseteo.

China es un ejemplo para cualquier multimillonario progre porque el modelo chino concilia las dos pulsiones principales de estos sujetos, la del lucro y la del totalitarismo. Aunque la segunda sea una pulsión camuflada en cualquier pretexto de apariencia piadosa, la basura bípeda como Bill Gates cree que sus «salvíficas» ideas deberían ser de aceptación e imposición obligatoria…por nuestro bien claro está.

Chinificando por tanto, que es gerundio. Porque tiene más sentido, es mucho más consecuente, que ciberdictaduras como Twitter, Google o Facebook se desarrollen incardinadas en regímenes también dictatoriales. No es consecuente y chirría que los despotismos online medren en naciones que hagan gala de un escrupuloso respeto por la libertad de expresión. Es mucho más coherente que los que violan y abusan de las libertades de aquellos a los que consideran esclavos (alias usuarios) operen bajo un esquema comunista capitalista.

Es lógico que Twitter no censure ni advierta sobre las mentiras dobladas que el régimen chino difunde en su plataforma sobre los orígenes del virus comunista chino de Wuhan o las barbaridades de los ayatollahs (no me toquen la pirola) escupen y en cambio si nos adviertan de que lo que Trump dice sobre un fraude electoral de libro del que ha sido víctima es falso de acuerdo con su criterio y el de sus tres o cuatro putas de la verdad verdadera a sueldo. Entre bomberos dictadores no hay que pisarse la manguera.

Decía Rosa Luxemburgo que «quien no se mueve no nota las cadenas». Decía Francisco Franco «haga como yo y no se meta en política». Estas dos frases, la primera de una comunista polaco-alemana bastante heterodoxa, la segunda de un militar autócrata, están muy relacionadas. Quienes no se meten en política o los que lo hacen suscribiendo las verdades reveladas del manual del correctismo leerán este artículo y dirán que qué más da, que si no te metes en líos y no te significas te dejarán en paz. Quizá te dejen en paz un tiempo hasta que alguien piense que sobras, quizá te dejen en paz a ti pero no a un amigo o a un familiar, quizá un día te acorten la cadena y ya no puedas moverte allí donde antes te movías.

¿Qué podemos hacer? Podemos y debemos reagruparnos y establecer un frente, porque esta es una guerra. Podemos y debemos bombardear las posiciones enemigas, porque son enemigos, con argumentos, con ideas, con ironía, con burla y con ironía. Podemos y debemos buscar aliados, podemos y debemos apoyar a los generales capaces de dirigir la ofensiva. Podemos y debemos desarmar las bombas de propaganda enemiga con artificieros que empleen las herramientas de la lógica y la razón. Podemos y debemos mostrarnos dialogantes y desafiantes a la vez y hacer llegar nuestro mensaje a todos aquellos que podamos. Podemos y debemos levantarnos y decir NO.

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