lunes, noviembre 29, 2021
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Invasión islámica “tolerante”. La Ley del Olvido Histórico y el adoctrinamiento de los niños

«Conquistó España ciudad por ciudad, exterminó a sus defensores y los humilló, destruyó sus castillos, impuso pesados tributos a los que dejó con vida y los abatió terriblemente por medio de crueles gobernadores hasta que todas las comarcas entraron en su obediencia y se le sometieron todos los rebeldes» Crónica anónima de al-Nasir sobre Abderramán III

Nos llega una imagen de un libro de texto para niños en el que se dice lo siguiente:

Libro de texto afirmando que la tolerancia y el respeto fueron las causas de la rápida invasión de España por el Islam
Libro de texto afirmando que la tolerancia y el respeto fueron las causas de la rápida invasión de España por el Islam

“Un factor importante de la rápida expansión de los musulmanes fue su tolerancia y respeto hacia los cristianos y los judíos a los que consideraba protegidos por ser también gentes del Libro. No resulta, por tanto, verosímil la versión catastrofista de la conquista transmitida por las crónicas cristianas”

A modo de observación y antes de entrar en harina diré que la mafia, como el Islam en Al Andalus, también protege a los comerciantes a cambio de un generoso impuesto. ¿Dirán lo mismo los libros de texto sobre La Camorra que sobre los generosos invasores islámicos?

Y esto entra en el examen. Empecemos por la conclusión a la que llega el párrafo: “No resulta, por tanto, verosímil la versión catastrofista de la conquista transmitida por las crónicas cristianas“.

Supongamos que te invaden los nazis en 1941 o los soldados napoleónicos en 1808 y llega un lumbreras con el paso de los años y dice que las crónicas de los polacos o de los españoles de aquella época, que sufrieron una invasión no una visita de cortesía, no son verosímiles porque nazis y napoleónicos iban por ahí repartiendo magdalenas. ¡Qué escándalo! ¿verdad?

Resulta que un libro de texto para niños de España y sobre la Historia de España concluye que el relato de las penas y las tribulaciones de los invadidos no merecen ser tenidas como verosímiles bajo la falsa premisa de que los invasores eran gente tolerante y respetuosa. Desde Freenoticias nuestro análisis resumido es: Y UNA MIERDA. Desacreditar el relato de los invadidos empleando los argumentos de los apologetas de los invasores es tomar parte de una forma escandalosa y carente de ecuanimidad; y lo peor es que estas afirmaciones sin fundamento histórico están destinadas a adoctrinar a nuestros hijos retorciendo la verdad.

Sigamos ahora con la afirmación de que “Un factor importante de la rápida expansión de los musulmanes fue su tolerancia y respeto hacia los cristianos y los judíos a los que consideraba protegidos por ser también gentes del Libro“.

Vamos a ver en qué consiste realmente la tolerancia y el respeto islámicos hacia las gentes del Libro.

El Islam denomina a los infieles que viven en territorio islámico son dimmíes y están sujetos a la dimma, que son normas de obligado cumplimiento, además de a pagar un impuesto extra, la jizya, a cambio de poder vivir; y los que viven en territorio no islámico son harbíes (habitantes de la casa de la guerra sujetos a ser sometidos con el tiempo)

la mafia, como el Islam en Al Andalus, también protege a los comerciantes a cambio de un generoso impuesto.

Las cuatro principales escuelas jurídico-teológicas islámicas (Hanafí, Malikí, Shafi’í y Hanbalí) sólo la comunidad de fieles musulmanes (la Umma) es la legítima beneficiaria de los bienes creados por Alá y la yihad es el medio por el que se produce la restitución a sus legítimos propietarios de los bienes que los infieles poseen ilegalmente”(Rafael Sánchez Saus, en Al-Andalus y la cruz).

La “generosa” protección islámica de las gentes del Libro era a cambio de dos tributos especiales exclusivos para los infieles:

  • El jarach era un impuesto sobre la tenencia de tierras que podía alcanzar hasta la mitad de la cosecha. Los musulmanes por el contrario pagaban entre un 5% y un 10%. Te ahorrabas un 40% de impuestos por recitar la Sahada y hacerte musulmán. Había que tener muchas ganas de querer seguir siendo cristiano si poseías tierras.
  • El otro impuesto era la jizya, que era personal. Un impuesto por no ser musulmán que tan solo te garantizaba seguir vivo. Pagabas por respirar. ¿Qué hay más tolerante que pagar para seguir viviendo?

¿Van a tratar este tema en el libro de texto de marras o es entrar en demasiados “detalles”?

El importe de la yizya quedaba a discreción del emir o califa y se pagaba en público con la periodicidad que al tirano de turno le saliera de sus mahometanos testículos. Los musulmanes, que controlaban la administración y el ejército, vivían parasitando a cristianos y judíos con una fiscalidad extractiva y confiscatoria. Tal era la proverbial tolerancia y la generosa protección.

Cuando el emir o califa creía que no tenía suficiente con lo que ordeñaba a los infieles de su territorio, o cuando le surgía la oportunidad, lanzaba expediciones de castigo para arrasar territorios cristianos. De estas expediciones, llamadas razias, obtenían, además de riquezas y cosechas, esclavas sexuales y niños cristianos. Abderramán III eran un rubio hijo y nieto de esclavas sexuales cristianas. A muchos niños cristianos capturados en estas razias les llevaban a Lucena donde florecía la bonita industria de la castración. En Lucena los judíos tenían el monopolio de la producción de niños eunucos que eran destinados al servicio de los harenes. Menos de la mitad sobrevivían a una castración completa, a la altura del pubis, tanto de pene como de testículos…¡tolerancia exquisita!

Castración según el método musulmán (a la altura del pubis, pene y testículos extirpados)

La tolerancia islámica ofrecía salidas laborales muy interesantes para las mujeres y los niños cristianos. Sería bueno que estas cosas también se incluyeran en los libros de texto de cara a realzar la inclusividad musulmana.

Pero los impuestos que pagaban los cristianos y judíos de Al Andalus o las aventuras multiculturales de la castración, la violación y la esclavitud con que mostraban su generosidad con los de fuera eran solo una parte de esta tolerancia. Los infieles en tierras de Dar al-Islam (la casa del Islam) también disfrutaban de muchas otras ventajas que su condición de dimmíes les reportaba:

  • No podían montar a caballo
  • No podían construir nuevas iglesias o templos ni reformar las ya existentes
  • No podían llevar símbolos de su fe como cruces o estrellas de David
  • No podían celebrar ritos religiosos público
  • Debían ceder el paso a los musulmanes
  • No podían ser jefes de ningún musulmán
  • Su testimonio valía lo mismo que el de una mujer musulmana (el testimonio de una musulmana vale la mitad que el de un musulmán)
  • Los castigos por delitos entre musulmanes e infieles son distintos. Un ejemplo: Un musulmán que viole a una mujer cristiana debe ser azotado; un cristiano que viole a una mujer musulmana debe ser asesinado

Tengamos en cuenta que puesto que en un juicio en el tolerante Al Andalus el testimonio de una mujer cristiana valía cero y el de su marido 0,5; en el caso de que un musulmán violara a una mujer cristiana sin testigos y esta le acusara, el hombre musulmán saldría absuelto porque su testimonio vale más que el de la mujer y el marido juntos. A un musulmán le bastaba con afirmar que la mujer insultó a Mahoma para que la violada fuera ejecutada ¿A ver si hay cojones de poner eso en el libro de texto?

Un dimmíe en esencia es un infiel que ha rechazado una “invitación” a aceptar “regresar” al Islam, por cuya negativa los musulmanes, por orden de Alá, sin mencionar la afrenta personal, deberían matarlo. Sin embargo, como un acto de gentil magnanimidad y misericordia, el estado islámico “protege” a ese infiel suspendiendo condicionalmente la orden de Alá de matarlo

Otro ejemplo de lo cojonudamente que, según este libro de texto del “olvido histórico”, eran tratados los no musulmanes, es el hecho de que un musulmán no podía ser ejecutado por la muerte de un cristiano, a menos que le matara a traición (por la espalda); en cambio un cristiano debía ser ejecutado por la muerte de un musulmán en cualquier circunstancia, incluso si era para proteger a su familia. Si un musulmán afirmaba una cosa y un infiel la contraria, se fallaba aplicando la regla del 50% del valor del testimonio del infiel.

Todas estos prodigios de tolerancia vienen dictados por la Sharia, un manual jurídico en el que se vuelcan las enseñanzas de los hadizes “auténticos” (sahin) y el Corán. Si tienes vicio puedes consultarla en el compendio llamado “Confianza del Viajero” y la puedes descargar (en inglés y árabe) en el siguiente enlace:

No olvidemos que es un dogma en el Islam que todos nacemos musulmanes (Jesucristo, Abraham o Moisés en el Islam son musulmanes no judíos o cristianos) y que algunos tenemos la desgracia, según Mahoma, de negarnos a admitir la “evidencia”, algo que a Allah enfurece y que le hace odiarnos (Allah odia, no es un dios padre). En el Islam a los conversos les denominan “reversos” porque no se cambian sino que, según su teología, regresan a su condición original; es por eso que apostatar del Islam es castigado con la pena de muerte: porque se entiende como una negación de tu propia naturaleza.

Sura 8, versículo 12
“Cuando vuestro Señor inspiró a los ángeles: ‘Yo estoy con vosotros. ¡Confirmad, pues a los que creen! Infundiré terror en los corazones de quienes no crean. ¡Cortadles el cuello, pegadles en todos los dedos!'”.

El propio Allah reconoce que le gusta infundir terror.

Sura 4, versículo 89
“Querrían que, como ellos, no creyerais, para ser iguales que ellos. No hagáis, pues, amigos entre ellos hasta que hayan emigrado por Alá. Si cambian a propósito, apoderaos de ellos y matadles donde les encontréis. No aceptéis su amistad ni auxilio“.

Sura 4, versículo 144
“¡Creyentes! No toméis a los infieles como amigos, en lugar de tomar a los creyentes. ¿Queréis dar a Alá un argumento manifiesto en contra vuestra?”.

El manual de conquista islámico ofrece cuatro alternativas para los conquistados:

1.- Convertirte al islam o

2.- Si no eres cristiano, judío o zoroastrista, morir

3.- Si eres cristiano, judío o zoroastrista aceptar la dimma y convertirte en sometido sin casi derechos y frito a impuestos

4.- Si no aceptas la dimma pasas a la alternativa número 2

Un dimmíe en esencia es un infiel que ha rechazado una “invitación” a aceptar regresar al Islam, por cuya negativa los musulmanes, por orden de Alá, sin mencionar la afrenta personal, deberían matarlo. Sin embargo, como un acto de gentil magnanimidad y misericordia, el estado islámico “protege” a ese infiel suspendiendo condicionalmente la orden de Alá de matarlo. El infiel “cumple” con las condiciones necesarias para la dimmitud al ser uno de los que el Islam llama “gente del Libro”, es decir, personas que “tienen un Libro Sagrado o algo que podría haber sido un Libro”. Tengamos en cuenta que, según la lógica del Islam, mientras que a judíos, cristianos y zoroastrianos se les puede ofrecer dimmitud no es el caso de otras religiones y si no que lo pregunten en la India donde las carnicerías islámicas suman cientos de millones de hindúes y budistas.

El Islam es una religión, más bien una ideología supremacista, que distingue entre dos mundos: Dar al-Islam, la casa del Islam donde gobierna el (un) estado islámico y Dar al-Harb, la casa de la guerra, que es lo que falta para lograr el objetivo final: La Umma universal. Los infieles somos tolerados, no deseados, hasta que el Islam, Dios no lo quiera, pueda imponerse a todos por la fuerza. Suena duro, y lo es, pero también es la verdad

Los castigos por delitos entre musulmanes e infieles son distintos. Un ejemplo: Un musulmán que viole a una mujer cristiana debe ser azotado; un cristiano que viole a una mujer musulmana debe ser asesinado

Como las feministas islámicas seguramente saben (aunque les joda su relato inconsistente) la oferta de “protección” se hace al hombre infiel, la mujer ni cuenta. Las esposas e hijas de no musulmanes siguen siendo posibles yeguas de cría para los musulmanes, quienes pueden secuestrarlas a voluntad, violarlas, convertirlas al Islam y casarlas con musulmanes.

En general estoy a favor de enseñar Islam en los colegios, pero el de verdad, no la versión Disney de la Dictadura del Progretariado.

Mejor compra a tu hijo un buen libro de Historia y anímale a retar al profe en clase. Hacen falta valientes.

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