sábado, febrero 27, 2021
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Pedro Sánchez, la forja de un dictador. Segunda parte.

¿Cómo alguien tan perfecto, guapo e inteligente como yo no solo no ganó de calle a ese tipo con barba, sino que coseché los peores resultados del PSOE, y encima dos veces seguidas?

En la primera entrega de estos dos artículos vimos como Fidel Castro allá por 1959 decía no tener nada que ver con el comunismo y que en un año o así convocaría elecciones y volvería a su pueblo a ejercer de abogado (casi 60 años estuvo puteando a los cubanos), o como Adolf Hitler llegó a ostentar un poder dictatorial sin tener la mayoría absoluta, aprovechando la debilidad del jefe del Estado (Hindenburg), el resentimiento por un tratado de Versalles durísimo, una crisis económica brutal y una clase política apática.

También vimos como el hombre al que llamaron sus compañeros de partido estafador cobarde y sinvergüenza en octubre de 2016 presentó en mayo de 2018, una moción de censura con los apoyos de comunistas, golpista, separatistas, filoterroristas y… esos mismos compañeros de partido que pensaban que era un maquinador y un chanchullero 20 meses atrás le aclamaban como líder providencial; pelillos a la mar.

Nadie pasa de ser un maniobrero mentiroso y estafador a líder visionario en menos de dos años. Cuando se es un cabrón mentiroso y sin principios, descabronizarse lleva mucho más que 20 meses, pero en política el que más miedo inspira es el que se lleva el gato al agua y Sánchez no hace prisioneros.

Octubre 2016:

  • “A partir del lunes cojo mi coche para recorrer de nuevo todos los rincones de España y escuchar a aquellos que no han sido escuchados, los militantes y los votantes de izquierdas de nuestro país”

No cogió su coche más que para hacerse unas fotos en una gasolinera y lanzar su campaña para el nuevo asalto a la Secretaría General del PSOE y a la Moncloa sin pasar por las urnas que le eran esquivas. En honor a la verdad no hay nadie más adecuado para dirigir al partido español golpista por antonomasia que Pedro Sánchez. Lo del Peugeot fue una campaña de autobombo para lanzar entre las bases del PSOE el hashtag #yoviajoconpedro.

La venta de vehículos diésel se ha hundido ocho puntos desde que gobierna  Pedro Sánchez | Macroeconomía
El Peugeot no lo cogió mas que para hacerse fotos. Fue Iván Redondo, el Spin Doctor (merecenario) obsesionado con el poder, quien se enamoró de Pedro, en el que vio a un apuesto psicópata capaz de desmentirse a sí mismo en 10 minutos sin mover un músculo: un pastelito. Entre psicópatas no hay que pisarse la manguera. 17 cosas que no sabías de Iván Redondo | El HuffPost

Lo que realmente hizo Pedro tras ser echado del PSOE entre gritos de tramposo, golpista y chanchullero, no fue coger su Peugeot sino varios aviones, como a él le gusta, y pirarse a EEUU para acompañar, y de paso gafar, la campaña de la bruja Clinton para luego, según cuentan, pasar unos días en algún destino europeo. Algo se trajo de esos viajes y quizá un día lo sabremos…

El hombre que casi lleva al PSOE a su extinción, si se hubiera quedado ahí merecería un monumento, jugó la carta de víctima y logró convencer a la militancia del PSOE de darle una tercera oportunidad. Es como si le compras un tercer coche al dueño de un concesionario que ya te vendió dos cafeteras, pero es la «magia» de la política donde la razón brilla por su ausencia.

Tras su regreso a España de su periplo internacional, Pedro Sánchez dimite el 29 de octubre a pocas horas de la abstención del PSOE que permitió que Mariano Rajoy, el apático registrador, fuera investido presidente del Gobierno y a partir de ahí fue a cuchillo a por todo y con todo.

El líder que llevó al PSOE a batir sus peores resultados electorales por dos veces consecutivas, en seis meses, y que tres meses después intentó un pucherazo en el PSOE, se quitaba de en medio para tomar impulso y poder dar por culo también fuera de su partido

Por estas fechas arrancaba una de las más fructíferas sociedades simbióticas entre dos psicópatas de la Historia reciente de España: el binomio Iván Redondo – Pedro Sánchez. Iván y Pedro, por orden de poder, comparten la misma ideología, el poder como un fin en sí mismo, y se complementan, a Pedro le gusta ser la imagen y aparentar y a Iván, il consigliere, le suliveya manejar el auténtico poder sin tener que dar la cara.

Si tienes un rato, y te gusta la trilogía de El Padrino, echa un vistazo a nuestro artículo sobre el personaje Ivan Redondo.

El tipo que obtuvo en 2016 el peor resultado electoral del PSOE (85 diputados), el tramposo maniobrero pillado infraganti en ese mismo año, regresaba para dirigir desde su inmoralidad (su moral se resume en la frase «yo mimé conmigo») a «LA PSOE» . Finalmente Pedro, de la mano de su jefe Iván Redondo, el hombre que susurraba a los psicópatas, volvía a tocar pelo.

El hombre que casi lleva al PSOE a su extinción (si se hubiera quedado ahí merecería un monumento)jugó la carta de víctima y logró convencer a la militancia del PSOE para que le diera una tercera oportunidad

Pedro supo quitarse de en medio en 2016, renunciando a su acta de diputado, para no tener que abstenerse en la investidura de Rajoy, pero no lo hizo llevado por una vergüenza torera activada por un sentimiento de culpa tras haber destrozar electoralmente al PSOE, sino para poderse dedicar de lleno a lo que de verdad le mola: el culto a su persona.

Arrancó su road-movie con una entrevista de cafetería, concedida a un Jordi Évole más masajista que nunca, en la que Pedro da de sí una imagen de hombre de izquierdas comprometido, capaz de dejar su escaño con tal de no ser parte del pecado de tener a Rajoy en la Moncloa; un hombre de leyenda que a lomos de su viejo Peugeot sale a la carretera para visitar a todos los militantes del PSOE para que comprendan que deben amarle por todo lo que ha hecho por España y por el PSOE. No trates de encontrarle sentido a esta última frase, yo lo he intentado y no puedo.

El hombre que casi lleva al PSOE a su extinción (si se hubiera quedado ahí merecería un monumento) jugó la carta de víctima y logró convencer a la militancia del PSOE para que le diera una tercera oportunidad. Es como si le compras un tercer coche al dueño de un concesionario que ya te vendió dos cafeteras, pero es la «magia» de la política donde la razón brilla por su ausencia.

En Junio de 2017 el tándem Iván-Pedro asalta el poder en el PSOE ocho meses después de haber sido este último expulsado de Ferraz entre gritos de caradura y tramposo. El tonto útil, Patxi López le abrió el camino para crujirse a gusto a Susana Díaz y así el PSOE volvía a tener un líder a la altura de su excelso pedigrí.

Ya de vuelta a los mandos de esa máquina de intoxicar llamada PSOE, libre del pecado original de haberse tenido que abstener en la investidura de Rajoy, y con Iván Redondo adosado a su varonil oreja, Pedro no pudo, ni quiso, esperar hasta 2020 para volver a presentarse a unas elecciones generales como candidato y se dedicó durante once meses a hacer amigos.

Entre junio de 2017 y mayo de 2018 Pedro Sánchez logró poco a poco sobreponerse a esa terrible aflicción que aún a veces le asalta y que se resume en una pregunta: ¿Cómo alguien tan perfecto, guapo e inteligente como yo no solo no ganó de calle a ese tipo con barba, sino que coseché los peores resultados del PSOE, y encima dos veces seguidas? y encontró consuelo y mimo entre gente tan desinteresada como los líderes del PdCAT, EH Bildu, Podemos, ERC y PNV. Proetarras, comunistas y golpistas supieron ver en Pedro lo mismo que vio Iván Redondo, un tipo vacío de principios y ambicioso hasta el infinito, y por supuesto se enamoraron.

Así pues, de la mano de sus nuevos y generosos amigos, y después de comerse un par de docenas de declaraciones previas, Pedro Sánchez llegó a la Moncloa sin pasar por las urnas.

Su advenimiento a la Moncloa cabalgando contradicciones, como diría su actual vicecompinche, a costa de envainarse por vía ano-rectal varias declaraciones previas, fue solo el calentamiento necesario para podernos deleitar con el festival de inconsistencias, mentiras y demagogia con el que viene asombrando a propios y extraños desde entonces y hasta la fecha.

Sánchez ha venido demostrando que su capacidad para desmentirse a sí mismo es casi mitológica y que es capaz de decir una mentira sobre una mentira y hacer malabares con siete trolas a la vez mientras pedalea en el monociclo de su arrogancia. Existe incluso una leyenda urbana que asegura que el Falcon presidencial ha sustituido el queroseno, y que se propulsa a base de destilar las mentiras que va contando por teléfono en pleno vuelo incluso mientras hace pis.

Iván Redondo y Pedro Sánchez; ambos comparten la misma ideología, el poder como un fin en sí mismo, y se complementan puesto que a Pedro le gusta ser la imagen y aparentar y a Iván, il consigliere, le suliveya manejar el auténtico poder sin tener que dar la cara.

Ya sentadito en la Moncloa, con los lápices colocados, los colchones cambiados y tras mantener una o dos charlas discretas, tomando apuntes como un niño aplicado, con el abuelo progre-billonario Geroge Soros, Pedrito se pudo dedicar a ir dando largas a sus acreedores de la moción de censura y a sacarle brillo a su figura de líder de plastilina.

Objetivo cumplido; ahora toca atornillarse al sillón a costa de lo que sea. Si ese «lo que sea» es España tal y como la entendemos, la Constitución o el jefe del Estado (que es más alto y para muchas más guapo) que le quita protagonismo; que nos vayan dando a todos. Y, aunque él tendrá lo suyo y seguramente en forma de cárcel, vaya si nos está dando.

Finalmente he decidido que toca hacer una tercera entrega para rematar esta serie de «La forja de un dictador», y será seguramente mañana. Queda la parte en la que Pedro despliega todo su potencial libertifóbico desde junio de 2018 hasta día de hoy. Aunque estoy casi seguro de que me equivoco porque Pedro seguramente no haya desplegado siquiera un 20 o 30 por ciento de su capacidad de porculizar a todo un país en pos de sus ideales; y sus ideales no son otra cosa que lo que Pedro encuentra en cada espejo: la cara de un dictador.

Mañana o el lunes tercera entrega.

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