jueves, diciembre 9, 2021
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Juan Carlos y Alfonso, dos reyes caprichosos y falderos y su relación con el PSOE (Segunda parte)

Tampoco olviden majestades que la institución de la corona es una institución de España, pertenece a España, y no es patrimonio de ninguna familia. Igual que hoy están los borbones mañana están los Martínez. Así que a ganarse el sueldo

En el la primera parte de este artículo decía que si me preguntan si prefiero monarquía o república mi respuesta sería que prefiero España porque quien sea el sea el Jefe del Estado es irrelevante ya que la Nación española está muy por encima de la organización del estado y de la persona o institución que ostente la jefatura del mismo.

Enlace a la primera entrega de este artículo

Dejé claro también en la primera entrega que el balance de la dinastía borbónica ha sido desastroso. Los Borbones tienen una irrefrenable tendencia a borbonear, un verbo polisémico, que viene a ser una intersección semántica entre los verbos entrometer, mangonear y amedrentarse.

Por más que queramos vestir de capítulo heroico la intervención del rey en la noche del 23 de febrero de 1981 hay que ser muy cortesano (nivel Ansón) para dar crédito al relato oficial. Lo de 1981 no fue un golpe de Estado sino un golpe DEL Estado. Un golpe de Estado golpea al jefe de eses Estado, o al menos lo neutraliza, y por supuesto un golpe de Estado no lo encabeza un señor como Alfonso Armada que era más fiel al rey que un pastor alemán. En un golpe de Estado no suele suceder que el rey coloque a Alfonso Armada como número dos del ejército a espaldas del presidente del Gobierno pocos días antes, como así sucedió.

A Juan Carlos no le gustaba, detestaba, Adolfo Suárez por algo muy curioso: porque Adolfo Suárez venía del mismo régimen que él y Juan Carlos le consideraba sencillamente inferior. Cuando tras cinco años el rey comprobó que Suárez no era el perrito manso que él pensaba que debía ser fue a por él a saco. En los planes del 23 F un buen cortesano como Armada era el designado para ser presidente del Gobierno con un Felipe González como número dos y una ensalada de ministros desde el PCE de Santiago Carrillo hasta la AP de Manuel Fraga.

Como en España lo de levantar el secreto de determinados capítulos de nuestra Historia es algo que desgraciadamente no se hace, nunca podremos tener la certeza absoluta sobre lo que de verdad ocurrió. No obstante si cruzamos los documentos desclasificados de democracias algo más abiertas al escrutinio de sus ciudadanos con los hechos verificables (como poner al segundo del JEMAD sin permiso del presidente del Gobierno) y con el sentido común, mi visión de lo que pasó en febrero de 1981 es mucho más fumable que el pastelón de que Juan Carlos cogió su fusil y nos salvó a todos.

En apenas un año llegó el Felipato con un González que nos duró 14 años y que hizo con Juan Carlos lo que Primo de Rivera con Alfonso: hacer que se limitara a sus hobbies cinegético-falderos mientras podía vivir cómodamente de las rentas del 23F en un plácido y juancarlista océano de agradecidos súbditos encantados de tener tamaño campechano. Pudo haber seguido siendo así con un poco de esfuerzo por su parte pero la avaricia es lo que le terminó por hundir

El 23 F es un capítulo de nuestra Historia que constituye un ejemplo de manual sobre lo que es borbonear: entrometer, mangonear y amedrentarse. Como mis lectores son muy despiertos pueden asignar a cada una de las fases del golpe DEL Estado y los años inmediatamente posteriores uno de los verbos en los que se descompone el verbo borbonear.

También vimos en la primera entrega que Alfonso XIII dejó el nivel del borboneo muy alto cuando se entrometió en la Guerra de África, mangoneó a todos los generales y oficiales cortesanos (Berenguer y demás cachorros) y se amedrentó con el informe Picasso hasta que Miguel Primo de Rivera le salvó el trasero para que pudiera seguir siendo el rey faldero por antonomasia. En 1930 y 1931 volvio a borbonear (en su afección de amedrentarse) y se piró para nunca más volver.

Las azañas de Isabel II, o las de Carlos IV y su hijo Fernando VII, con Napoleón de por medio, son también grandes hitos del arte de borbonear.

¿Pero qué hemos tenido como presidentes de la República? Niceto Alcalá-Zamora, un pusilánime; Diego Martínez Barrio, Alcalá Zamora al cubo; Manuel Azaña un ser atormentado por sus contradicciones. Los tres presidentes fueron profundamente detestados y ninguneados por todos los partidos de izquierda marxista, los cuales eran más partidarios de un liderazgo de corte soviético que de una república burguesa.

Las aventuras republicanas en España han sido eso, aventuras. Además la república tiene un enorme lastre en España, y creo sinceramente que es una desgracia, que es que la inmensa mayoría de los que detestan el mismo concepto de España o su unidad son cerrados defensores de la causa republicana para esa misma España que aborrecen. En este triste hecho yace el mayor problema de la opción republicana, que es una opción contaminada por el apoyo que le prestan aquellos que no buscan lo mejor para España.

También dije en la primera entrega que Felipe VI es un melón aún por catar al que debemos dar el beneficio de la duda, pero teniendo muy presente que es harto difícil que salga un Borbón bueno que no se deje arrastrar por sus instintos borbónicos. Por tanto es importante tener al rey siempre en un tratamiento preventivo que le aleje de sus impulsos familiares y saque lo mejor de su persona

¿Solución? Pues para mi la solución ideal sería tener una nueva dinastía (la de los Rodríguez o los García) o tener un Rey electo por plazos de 20 a 40 años (hay otra opción que me gusta mucho pero que no la desvelo porque la dejo para un artículo que espero sea muy interesante).

Es muy curioso como el PSOE ha venido acompañando a los Borbones en una relación de amor y odio desde Miguel Primo de Rivera, siempre jugando a ser y no ser monárquicos. Recordemos que durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera todos los partidos y sindicatos fueron ilegalizados a excepción del PSOE y la UGT.

Para los reyes desde Alfonso XIII (con Alfonso XII el PSOE no pintaba nada aún) contar con el apoyo de la izquierda es una prioridad. Es completamente entendible querer tener como aliado al principal partido de la izquierda, que se define románticamente republicano. Pero un error que tanto Alfonso XIII como Juan Carlos I cometieron fue el de centrarse tanto en hacerles cucamonas a aquellos a los que temían, que terminaron resultando antipáticos para los que los monarcas daban (y dan) por sentado que tenían de rodillas ante su cetro.

Casarse con una republicana estirada devenida en Señorita Rottenmeier pareciera ser parte de esa estrategia de querer hacer felices a los no tan afectos dando por descontada la lealtad inquebrantable de la derecha.

Mas no olviden sus majestades que antes que ellos, que antes que su familia, que antes que su linaje está siempre el pueblo español, al que deben servir; servir hasta morir si es necesario. Huir a Roma otra vez no es una opción. Tampoco olviden majestades que la institución de la corona es una institución de España, pertenece a España y no es patrimonio de ninguna familia. Igual que hoy están los borbones mañana están los Martínez.

Como lo perfecto es enemigo de lo bueno soy práctico y creo que la solución pasa por seguir con Felipe VI pero bien “amaestrado”. Debemos entender que el instinto natural del espécimen Borbonius es borbonear, y que casi todos los Borbones (también los franceses) son incapaces de sustraerse a ese intinto. Por tanto, y por simple cálculo probabilístico, lo más probable es que Felipe VI tarde o temprano borbonerá en en todo su esplendor y es por eso que debemos establecer controles que eviten esas pulsiones borboneantes exigiendo al rey que sus cuentas privadas, su agenda y sus negocios sean auditables y auditadas sistemáticamente, revisando el concepto mismo de inviolabilidad de la figura del monarca para rebajar el listón.

De tal manera podemos lograr que las virtudes del monarca afloren y sus pulsiones ancestrales sean reconduciadas hacia las tareas que se esperan de un jefe del Estado y por las que le pagamos un buen sueldo y un empleo de por vida

Tal vez de esa manera Felipe resulte ser un melón maduro y dulce y la excepción que supuso Carlos III en lugar de confirmar la regla deje de ser la excepción. Y si Letizia no emparanoia demasiado a Leonor, quizá la niña se convierta en una reina digna. No será difícil superar a Isabel II…espero.

En definitiva que por España y solo por España: ¡¡Viva el Rey!! y añado ¡¡A trabajar majestad para ganarse el jornal!!

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