lunes, agosto 2, 2021
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Decálogo libertario de Freenoticias. Declaración del derecho a la libertad de expresión

Puedes descargar el decálogo libertario de Freenoticias aquí:

Desde el 19 de abril de este año venimos publicando diariamente noticias y artículos de opinión en nuestro portal abierto al mundo. Freenoticias nació como un proyecto con tres pilares: 1.- Libertad de expresión 2.- Defensa de la Nación española 3.- Anteposición del individuo por encima del rebaño. El primer punto de nuestra declaración de principios es tan importante que sustenta los otros dos porque la Nación española es una de las mejores creaciones de la Civilización Occidental que es la que a su vez ha otorgado un mayor protagonismo al individuo.

No existe sociedad libre sin individuos libres y la defensa de la libertad del individuo debe estar en el centro de cualquier sociedad sana. Occidente es la civilización que en mayor medida ha puesto el foco sobre el individuo y su dignidad, y no por casualidad sino porque su sustrato judeocristiano y el concepto helenístico de ciudadano han dotado a nuestra civilización de los mimbres necesarios para evolucionar en ese sentido como ya comentamos en mi artículo Cero complejos, cero relativismo. La Civilización Occidental es mejor. Hay valores superiores a otros.

Occidente, como todas las civilizaciones, no es fruto de la casualidad, es fruto de una evolución y de un sustrato que han hecho posible que en nuestras culturas occidentales se haya ido conformando un pensamiento crítico, una idea del individuo como centro de la Creación y sujeto de derechos y libertades innatos. El sustrato de Occidente está compuesto por la tradición judeocristiana y la filosofía griega. Conceptos como ciudadanos o democracia son conceptos griegos. La idea misma de ser no solo criaturas de la divinidad sino hijos de esa divinidad es exclusiva del cristianismo y el judaísmo, y la idea de un Dios que muere por el ser humano es solo una idea cristiana.

Ideologías como el nazismo, el comunismo o el islam, entre otras, han construido sus relatos alrededor de la defensa del colectivo, la raza aria, la clase trabajadora, los creyentes como contraposición a un supuesto mal encarnado en los judíos, los capitalistas o los infieles. Desde hace un par de décadas y desde casi todos los centros de poder mundiales, y muy especialmente en Occidente, se viene desplazando el foco desde el individuo hacia el grupo (rebaño, pueblo, colectivo, ideología, sexo) socavando en este proceso la libertad del individuo empleando todo tipo de aparentemente bienintencionadas excusas.

La erosión de las libertades individuales se acelera a medida que el arma más poderosa que tenemos los individuos, la libertad de expresión, se limita con todo tipo de pretextos, entre los que destacan la ofensa, la coerción y el bien común

La ofensa ajena. No opines de según qué manera porque puedes ofender a alguien

La coerción. Si opinas de determinada manera serás un apestado social, te catalogarán de algofóbico y te retirarán el saludo, podrás perder tu empleo, te apartarán de los debates, podrás ser multado, demandado o encarcelado. En este apartado juegan un papel fundamental las leyes contra los llamados delitos de odio, unas leyes LIBERTICIDAS impulsadas por la ONU (*) a nivel mundial.

El bien común. Este argumento sostiene que hay bienes más preciados y dignos de defensa que la libertad de expresión y que deben preservarse a costa de esta. Como tenemos que vivir en sociedades multiculturales (solo en Occidente…) se argumenta que es mejor que determinados temas no se toquen. O en pro de la salud pública te quitamos tu derecho al voto porque tienes COVID-19 o te impedimos llevarle la contraria a Salvador Illa. Sin libertad de expresión el bien común es la puta paz de los cementerios

(*) Nota aclaratoria: la ONU es ese club donde las dictaduras islámicas, que son mayoritarias en el Comité de Derechos Humanos, condenan sistemáticamente a la democracia israelí mientras ellos cuelgan homosexuales y lapidan adúlteras, o que exigen leyes contra su invento llamado islamofobia mientras en sus países queman iglesias y secuestran niñas cristianas.

Las excusas bienintencionadas que mencionaba suelen ser la protección de grupos (por raza, religión, ideología, género) y evitar la incitación al odio.

Todo es criticable y todos somos potenciales objetos de críticas y de opiniones en cualquier sentido. Limitar el debate y la crítica amparándose en un virtuosismo protector de Gran Hermano es pura hipocresía. Las ideologías, las religiones son criticables y ello no implica una crítica a todos sus seguidores que están en su derecho de enfadarse, ofenderse o que les dé lo mismo sin que el emisor de la idea sea linchado. El progreso se logra mediante el debate, y si sistemáticamente sustraemos tópicos de la discusión estamos limitando no solo nuestra libertad de expresión sino también nuestra capacidad de progreso.

Por otro lado tratar a alguien de una manera especial debido a su sexo, raza, ideología o fe es tratarles como a disminuidos intelectuales o como a seres de piel finísima siempre prestos a sentirse ofendidos y a actuar como personas inmaduras.

Que cada cual reaccione como le venga en gana que los sentimientos de la gente y su sensación de ofensa no son problema de quien opina sobre un asunto. Un mercado libre de ideas es el escenario ideal para que las mejores ideas prosperen y las peores se extingan y que se ofenda quien quiera. Prohibir unas ideas u obligar a aceptar otras es propio de regímenes autoritarios de un signo u otro y suponen un atentado a la libertad que debe ser combatido sin tregua.

Por todo lo anterior he considerado útil, y creo que también necesario, elaborar un decálogo libertario que exponga claramente que no son aceptables ninguna de las limitaciones a la libertad de expresión (no de acción sino de expresión) y que esta es un bien fundamental anterior y superior a todas las leyes.

Ahí os lo dejo:

I.- El derecho a la libertad de expresión y de sostener ideas es consustancial con el ser humano  y es anterior a, y está por encima de, todas las leyes. Las leyes deben limitarse a reconocer el derecho a la libertad de expresión y articular la defensa de este, nunca a concederlo, permitirlo, denegarlo o limitarlo ya que es un derecho superior y previo a cualquier ley.

II.- El derecho a ofenderse no es un derecho a callar a nadie. El derecho a expresar una idea u opinión es infinitamente superior al derecho de cualquiera a sentirse ofendido por dicha idea.

III.- El odio es un sentimiento muy feo, pero los sentimientos no son delito.

IV.- Cualquier ley que limite el derecho a tener ideas propias y a expresarlas es una ley injusta y no merece ni debe ser obedecida.

V.- Las ideas no tienen derechos los derechos pertenecen al individuo

VI.- Los grupos no tienen derechos otros que los de sus individuos y por tanto ningún grupo, colectivo o asociación pueden ni deben tener derechos exclusivos que son en definitiva un robo de derechos a los ajenos a esos grupos.

VII.- Cualquier individuo tiene derecho a detestar, aborrecer o encontrar repugnante una idea, una religión o una ideología al igual que a encontrar cualquiera de estas de su agrado

VIII.- Cualquier individuo tiene derecho a expresar públicamente el aborrecimiento, la repulsa, el asco, la fascinación o el agrado que sienta por cualquier idea, religión o ideología empleando cualquier recurso dialéctico como la burla, la ridiculización, la alabanza o la lógica sin que ello conlleve ninguna penalización ni sanción de ningún tipo y sin que la ofensa de terceros suponga límite alguno.

IX.- La amenaza o la invitación DIRECTA a la violencia no son libertad de expresión.

X.- La defensa de ningún otro bien (común o individual) o derecho pueden servir para que el estado o cualquier otro poder abroguen o limiten la libertad de expresión en ninguna circunstancia

Descarga aquí el decálogo para poderlo compartir

(English version) Free Speech Libertarian decalogue:

Un mercado libre de ideas es el escenario ideal para que las mejores ideas prosperen y las peores se extingan. Prohibir unas ideas u obligar a aceptar otras es propio de regímenes autoritarios de un signo u otro y suponen un atentado a la libertad que debe ser combatido sin tregua.

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