lunes, mayo 16, 2022
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La izquierda comunista y la falacia del hombre de paja.

Cuando te crees un superhéroe y a la vez eres comunista necesitas encontrar supervillanos fascistas contra los que luchar, y si no los hay te los debes inventar para que tu demostradamente inútil y tiránica ideología tenga una razón de ser y haya idiotas capaces de comprarte la mercancía estropeada. Lee hasta el final que verás que concluyo con una reflexión psicológica muy enjundiosa

En España y en general en Occidente no existen partidos fascistas ni nazis ni nada que se le aproxime haciendo la salvedad de los tarados de “Amanecer Dorado” en Grecia, un partido con un nombre que ya echa para atrás. Lo que sí hay es partidos comunistas de todas las formas colores y sabores y grupos denominados antifascistas dedicados a aplicar la justicia proletaria como diría Pablo Ilyich Iglesias.

En España tenemos al PCE que es la espina dorsal de IU que a su vez se integra en Unidas Podemos. El secretario general del PCE, Enrique Santiago vicepreside la Comisión para la Reconstrucción del Congreso, es un rendido admirador de Lenin y ha dicho públicamente que si se dieran las circunstancias el iría al Palacio de la Zarzuela a emular lo que sus admirados bolcheviques hicieron con la familia Romanov. Un prenda vamos.

Repaso del perfil de Enrique Santiago el “reconstructor”

En definitiva tenemos a Unidas Podemos dirigida por un señor que se dice comunista, Pablo Iglesias, criado escuchando nanas cantadas por su padre frapero sobre el degüello del rey y dentro de esta ensalada de partidos y mareas tenemos al Partido Comunista, a los Anticapitalistas de sueldos de 6 cifras y a todo tipo de pandillas, sensibilidades y pleamares de corazoncito bolchevique.

¿Quién va a votar a los apologetas y admiradores de Lenin? ¿Quién va a apostar por una solución que jamás ha funcionado y que siempre ha causado pobreza, muerte y dictadura? Los votantes de este ensalada de siglas pueden dividirse en tres grandes grupos: fanáticos, incautos y reaccionarios.

Los fanáticos son los que sienten los colores y siguen pensando en que aún nadie ha sido capaz de sacarle todo el potencial a las paranoias de Karl Marx. Son los que creen en la lucha de clases, hoy trasladada a la lucha de géneros, en la dictadura democrática del proletariado y en que los medios de producción deben pertenecer al Estado. Los fanáticos son carne de frenopático y afortunadamente son los menos, aunque sí los más malos.

Los incautos son todos aquellos que muerden cualquiera de los anzuelos de colorines que les suelta este enjambre de partidos, movimientos, colectivos y mareas de la galaxia neocomunista. Les votan porque son feministas, porque dicen pertenecer al colectivo LGBTIQ (nada tan patético como diluir tu individualidad en un colectivo por motivos circunstanciales) o porque les mola la dialéctica anticapitalista porque odian a su jefe.

Por último están los reaccionarios. A estos lo que les motiva no es votar a alguien sino contra alguien. Su voto es un voto como reacción a la existencia de un mal, sin preocuparles dar su apoyo a un “peor”. Si ese mal no existe su voto a la contra pierde sentido. Este es el voto “paraquesejodan” que precisa de la existencia de alguien a quien joder.

¿Quién va a votar a los apologetas y admiradores de Lenin? ¿Quién va a apostar por una solución que jamás ha funcionado y que siempre ha causado pobreza, muerte y dictadura? Sus votantes pueden dividirse en tres grandes grupos: fanáticos, incautos y reaccionarios.

Para alimentar el discurso de los fanáticos, para incentivar a los incautos y sobre todo para atraerse a los reaccionarios, los comerciales de las sectas de la cosa podemosa necesitan supervillanos. No pueden decir “oye vótame a mí que soy discípulo del asesino Lenin para que no gane Esperanza Aguirre, una señora liberal del PP”, tienen que decir “vótame a mi que soy el representante de los oprimidos para que no gane la marquesa fascista comeniños Aguirre”. Ahí es donde la falacia del hombre de paja entra en acción.

El hombre de paja es una falacia que consiste en caricaturizar los argumentos o la posición del oponente, tergiversando, exagerando o cambiando el significado de sus palabras para facilitar un ataque lingüístico o dialéctico. Esta falacia es muy empleada por aquellos que defienden posturas radicales y pretenden ocultar su condición haciendo cobrar vida a sus fantasmas mentales.

Estos días hemos podido escuchar a los seguidores de EH Bildu llamando fascistas, homófobos, machistas, racistas y xenófobos a los seguidores y líderes de VOX y ese es un ejemplo clarísimo de cómo la falacia del hombre de paja es fundamental para poder tener algo que decir. Cuando eres seguidor de un partido que no ha condenado ningún asesinato de ETA, que tiene ex-terroristas en sus listas, ayuntamientos y diputaciones y que tampoco ha colaborado para esclarecer más de 300 delitos no tienes mucho por lo que estar orgulloso, aunque algunos pirados lo estén. Gente de esta ralea necesitan justificar su infinita hijoputez creando hombres de paja a escala industrial. Necesitan crear espantapájaros para poder decir que apoyan a asesinos por culpa de que VOX, el PP, Ciudadanos o La PSOE son el mismísimo Hitler reencarnado (se olvidan que Sabino Arana era un alma gemela de Adolfo en cuanto a ideas raciales).

El propósito de la estrategia comunista del hombre de paja es tener un monigote que represente algo muy malo que justifique su infecta ideología. El hombre de paja es muy cómodo de atizar porque es algo que realmente no existe más que en tu fantasía y sin él te sería imposible vencer dialécticamente a tu oponente. La izquierda necesita sugestionar a cuantos más mejor con esta falacia porque si no lo logra, el voto reaccionario está en peligro y el voto incauto puede desengancharse de sus anzuelos cuando vean que les han mentido.

¿Qué pasa si resulta que VOX no es un partido homófobo sino un partido que se opone a los designios de un colectivo artificial con su banderita y sus consignas? ¿Qué pasa si resulta que VOX es un partido que respeta al individuo independientemente de sus tendencias sexuales? ¿Qué pasa si VOX no es un partido racista sino un partido que no se pliega a una inmigración descontrolada y quiere una inmigración ordenada y con criterios de integración donde un negro dominicano lo tenga más fácil que un argelino blanco porque se va aadaptar mucho mejor? ¿Qué pasa si VOX no es machista sino que es un partido que cree que la violencia no tiene género, que las mujeres son iguales en derechos y obligaciones a los hombres y que encima busca endurecer las penas por violaciones y abusos sexuales? Lo que pasa es que en efecto VOX no es ninguna de esas cosas…para desgracia de la extrema izquierda, pero esta necesita desesperadamente que lo sean porque ellos sí son comunistas hasta las cachas. Así que hay que construir el relato acerca de un VOX de camisa parda al que los valientes feministas anticapitalistas y antifascistas plantan cara. Deben enfrentarse a algo sí o sí, y si ese algo no existe lo crean.

Dará igual que los líderes de VOX o del partido que sea condenen la violencia, repitan hasta la saciedad que no son machistas ni homófobos. En la psique de la extrema izquierda son ellos los que deciden lo que es verdad: ¿Cómo puede alguien decir de sí mismo algo distinto a lo que un comunista ha decretado que eres?

Gente de esta ralea necesitan justificar su infinita hijoputez creando hombres de paja a escala industrial para decir que apoyan a asesinos por culpa de que VOX, el PP, Ciudadanos o La PSOE son Hitler reencarnado (se olvidan que Sabino Arana era un alma gemela de Adolfo en cuanto a ideas raciales)

El empleo de la falacia dialéctica del hombre de paja oculta también algo muy siniestro: es muy común que en ese espantapájaros que construyes estés proyectando tus propios defectos. Es lo que en psicología se conoce como proyección. La proyección es un mecanismo de defensa por el que el alguien atribuye a otras personas las propias virtudes o defectos y también sus carencias. ¿Verdad qué es interesante?

¿Sería posible que alguien estuviera proyectando en ese hombre de paja de VOX sus defectos? ¿Alguien que fantaseara con azotar a una periodista, que protegiera a sus hembras confiscándoles su tarjeta SIM o que se emocionara viendo cómo unos manifestantes golpeaban a un policía? ¿Podría ser que ese alguien estuviera proyectando sus defectos y aficiones en un espantapájaros fascista? Quizá.

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