miércoles, junio 16, 2021
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La nueva anormalidad al final del túnel

En estos días estamos continuamente escuchando a políticos y periodistas hablarnos de algo llamado «la nueva normalidad».

El lenguaje moldea la percepción de las cosas y es algo que la progresía izquierdizante conoce muy bien, es de las pocas cosas que sabe gestionar. Cuando se quiere normalizar algo la izquierda busca eufemismos cada vez más sofisticados que sus terminales mediáticas emplean sin descanso hasta que terminan calando. Aborto es una palabra muy fea, mejor interrupción voluntaria de la vida, y como interrumpir la vida aún suena a muerte pues pergeñan «salud reproductiva», así matar se convierte en algo sano y sin que nos demos cuenta.

Hay innumerables ejemplos de esta manera de actuar pero en el caso que nos ocupa, la nueva normalidad, el término que anida en esa combinación de adjetivo y nombre es «menos libertad».

Si alguien pensó que este arresto domiciliario era simplemente un buscar refugio para la población mientras se encontraran otras formas de atajar el virus, que vaya olvidándose. El confinamiento no es una cueva donde refugiarnos para volver a salir al mismo mundo, es un túnel que conduce a una realidad de mayor control a todos los niveles. Se nos quiere dirigir a una «nueva normalidad» con mayores cotas de esclavitud. La normalidad de una nueva servidumbre de la gleba, el sueño que lubrica desde hace tiempo las entrepiernas de todos los que aspiran a convertirse en pastores de humanos atemorizados y despojados de todo individualismo.

El virus es un catalizador que permite acelerar el proceso de esclavización progresiva del ser humano, especialmente del humano con valores y cultura occidental, a través de ir laminando derechos e ir aumentando el control con la excusa de la protección del rebaño, la salud, o lo que haga falta.. Si el virus apareció de forma fortuita o intencionadamente es cuestión aparte, lo que es incuestionable es que está siendo un acelerador en este proceso que nos lleva en rebaño hacia la «nueva normalidad».

Un ejemplo de lo que se nos viene encima será la paulatina desaparición del dinero físico. Más adelante explicaremos por qué el virus va a acelerar este proceso. El metálico es un problema para nuestros pastores globalistas porque es un recurso que nos permite tener «demasiada» libertad de acción y de movimiento, y escapar un poco de su control. Si tienes efectivo puedes comprar cosas sin que el fisco, y quien no es el fisco, se entere. Si tienes el dinero en una cuenta corriente y pagas con tarjeta el poder de turno puede multarte, embargarte, saber dónde, cuándo y por cuánto compras. Con el dinero virtual es más fácil obtener el perfil que tienes como comprador, saber qué te gusta, tus vicios y debilidades, vender, cruzar o intercambiar tus datos y llegado un punto bloquearte completamente.

El virus es un catalizador que permite acelerar el proceso de esclavización progresiva del ser humano

En España ya no es posible pagar en efectivo productos o servicios por importes superiores a 2500 €; la excusa es prevenir el blanqueo de capitales, la razón es evitar que tengas demasiado dinero en metálico y que si lo tienes solo puedas comprar cosas de poco valor. Nadie, o casi nadie, paga los recibos en metálico, el comercio electrónico no admite pago en efectivo. ¡Es tan cómodo pagar con tarjeta!, además los comercios electrónicos ya saben qué ofrecernos, tenemos nuestros perfiles de usuarios, podemos repetir la última compra en el supermercado online, todo son ventajas, ¿o no?

La parte práctica, cómoda y útil de no emplear efectivo está muy bien pero no todos nos damos cuenta de que estas ventajas son a costa de perder, de regalar, libertad. Con el efectivo retirado de la circulación hasta para comprar el pan seremos 100% trazables a través del teléfono móvil y de nuestra tarjeta, chip, huella o pupila de crédito. Quien no compre una bolsa de chuches de un euro empleando medios «aceptables» en lugar del sucio dinero en efectivo se le mirará como a un presunto narcotraficante o evasor fiscal. Sin el efectivo en circulación estaremos en manos de decisiones cada vez más arbitrarias sobre nuestras vidas y haciendas y con cero posibilidades de sobrevivir si el poder nos considera peligrosos. Los bancos obedecen al Poder, el dinero que no llevas en el bolsillo es tuyo solo hasta que Hacienda o quien toque digan lo contrario.

Van a vigilar hasta al gato
El gato, el único que se libra de la «nueva normalidad» de esclavos felices

En China ya existe algo llamado «crédito social» que seguramente a Pablo Ilyich Iglesias le debe encantar por llevar el apellido «social». Los otrora individuos, ahora borregos, chinos tienen asociado a su persona una especie de carnet por puntos de buen ciudadano (adepto). El Estado chino puede restar puntos por cualquier comportamiento que no les guste hasta ir bajando a niveles donde no se te permite viajar (impidiendo comprar billetes de tren o avión) o hacer determinadas transacciones. A todo el mundo en China les encanta este sistema, quizá tenga algo que ver que criticar el sistema resta crédito social. El siervo-ciudadano chino que se pasa de libre solo podría adquirir bienes o servicios pagando en efectivo mientras el efectivo sea legal y haya comercios que lo admitan.

En este contexto de liberticidio a cambio de comodidad, prevención del fraude, … y en nombre del repugnante interés social (interés social es interés de nadie, el verdadero interés es el individual y debe siempre prevalecer por encima de la masa porque la masa NO es nadie) llega un virus y añade una excusa más para cargarse el efectivo: está muy sucio es un vector de transmisión.

Algo parecido se nos viene encima en breve por Occidente. Y no solo son los estados los que pueden jugar a esto. Las mismas valoraciones que hacemos online de comercios, hoteles o restaurantes puede darse la vuelta y las empresas pueden darte más o menos puntos en función de cómo actúes: importes medios de las compras, cómo te portaste en el hotel, si das buenas valoraciones. Ya hay casos donde determinados establecimientos dan precios distintos en función de la reputación online de cada cual. Y llegado el caso si tu reputación social es muy baja podrían negarte el acceso o no venderte lo que sea. «Solo se admiten perfiles de 7,5 o superiores» «Reservado el derecho de admisión a perfiles amarillos y rojos»…Todo a su tiempo.

En este contexto de liberticidio a cambio de comodidad, prevención del fraude, … y en nombre del repugnante interés social (interés social es interés de nadie, el verdadero interés es el individual y debe siempre prevalecer por encima de la masa porque la masa NO es nadie) llega un virus y añade una excusa más para cargarse el efectivo: está muy sucio es un vector de transmisión.

Vayan preparándose para más dosis de «nueva normalidad», todas anunciadas en pro del bien común, de la salud pública, para mejorar nuestra sociedad, porque es cómodo, práctico, feminista. Las excusas serán muy sociales y sonarán cojonudamente, pero la finalidad no dejará de ser el poder castrarnos a todos y despojarnos de nuestro deseo de libertad. A muchos, y espero que seamos muchos más cada día, no nos van a engañar y aquí seguiremos para decir que la normalidad de la condición humana es la búsqueda de la libertad del individuo, aunque siempre habrá borregos.

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